
Límites a la revolución en EE.UU. Un año después
El 2026 ha empezado con la intervención de EE.UU. En Venezuela, capturas de petroleros, amenazas en otros países, incluida Groenlandia, y la retirada de 66 organizaciones internacionales. La revolución de Trump impulsa un mundo de retroceso de la democracia liberal, esferas de influencia, riesgo geopolítico y fragmentación económica. EE.UU. Interviene en el hemisferio occidental y en Europa (con apoyo a la extrema derecha). Los grandes beneficiados son China y Rusia. Europa, a la que se reserva un papel subsidiario, sufre por Ucrania y por la desviación de comercio de China.

La cuestión es si la revolución se consolidará en el 2026 o bien se moderará. De momento se acelera, pero los pesos y contrapesos operan parcialmente en el frente judicial (con reversión del despliegue de la guardia nacional en Los Ángeles y Chicago por resoluciones de los tribunales y una decisión pendiente del Supremo sobre los aranceles), estados federados, medios (The Wall Street Journal, por ejemplo), la sociedad civil y una incipiente oposición dentro del Partido Republicano. El resultado de las elecciones de medio mandato de noviembre del 2026, en que los republicanos pueden perder la mayoría en la Cámara de Representantes, será decidido por la percepción sobre la economía. La crisis del coste de la vida hizo perder en buena medida las elecciones a Biden. Ahora, la inflación se ha moderado y los salarios reales de los trabajadores han aumentado. Pero la percepción puede ser diferente de los datos y pesa mucho el coste de la vivienda. La presión sobre el próximo presidente de la Fed en mayo del 2026 será para rebajar tipos de interés y coste de las hipotecas. No es casualidad que tanto Mamdani, el nuevo alcalde de Nueva York, como Trump hagan hincapié en el coste de la vida y de la vivienda en particular. La Casa Blanca ha propuesto prohibir que los inversores institucionales compren casas unifamiliares. Los extremos se tocan.
Estados Unidos necesita a Europa como apoyo en la competencia con China
La consolidación de la revolución dependerá en parte del resultado de las elecciones de medio mandato, pero hay tendencias de fondo que seguirán de todos modos. La primera es que la democracia en EE.UU. Seguirá siendo disfuncional, sin disciplina fiscal y con predominio del dinero en la política, y eso también con una Administración demócrata. La segunda es que el proteccionismo y la intervención del Estado en la economía (la política industrial, por ejemplo) han venido para quedarse. El giro proteccionista de EE.UU. Debe entenderse en el contexto de la competencia económica, tecnológica y militar con China. Impulsado por la primera administración Trump y continuado en la administración Biden. Es una política defensiva de un imperio que se siente amenazado. Cabe notar que la seguridad puede ser un juego de suma cero, ya que el aumento de la capacidad militar de un país puede ser una amenaza para otro. El comercio no es de suma cero (lo que gana uno no lo pierde otro), pero ahora es un arma para lograr fines geopolíticos. La tercera tendencia es la pérdida de credibilidad de EE.UU. Como socio y el cuestionamiento del papel del dólar en el sistema monetario internacional. Los inversores diversifican con otras monedas y activos como el oro. La transición del mundo unipolar de antes de la crisis financiera global a un mundo multipolar será turbulenta. La cuarta es que el mundo será más inestable y peligroso. La intervención en Venezuela puede consolidar la de Rusia en Ucrania y abrir la puerta a una agresión a Taiwán, pero la fábrica de chips está allí. Las dudas sobre el paraguas defensivo de EE.UU. En Japón y Corea del Sur llevarán a la proliferación de las armas nucleares.
EE.UU. Necesita a Europa como apoyo en la competencia con China, y la apuesta por una Europa subordinada y desunida será contraproducente. Ante el cambio geoeconómico, la UE ha reaccionado tímidamente en defensa, energía y diversificación del comercio (bloqueando el Parlamento Europeo el Mercosur), y ha intentado sin éxito apaciguar a la Casa Blanca. El 2026 será decisivo para dar un golpe de timón antes de que la ola nacional-populista se pueda imponer. Alemania, con la debilitada Francia, tendría que liderar una coalición de países para hacer los deberes, tanto políticos como económicos, que están bien diagnosticados. La reacción europea sobre Groenlandia, con la bajada de los mercados, ha hecho retroceder, de momento, a Trump. El tiempo del apaciguamiento se acabó tal como el primer ministro de Canadá, Mark Carney, ha afirmado en Davos.
