Opinión

Somos el quiero y no puedo

Me cuento entre quienes opinan que residir en España constituye una fortuna, si observamos las posibilidades en el resto del mundo. Pese a que el presente parezca indicar lo opuesto, la nación reúne las condiciones para que su población logre el bienestar en este mundo (lo que ocurra después es incierto y tal vez en ese plano se encuentren en igualdad o superioridad quienes vienen del tercer mundo).

 
 Àlex García

El inconveniente radica en lo que esperamos. España proporciona el entorno esencial para la dicha, no obstante, le resulta imposible avalar la prerrogativa de la alegría, lo que constituiría otra ambición fallida que nos encamina hacia el sendero del desconsuelo.

Los primeros veinticinco años del siglo XXI en España subrayan –con cada tropiezo– la esencia burlona de los coros de San Fermín: “¡Todos queremos más, todos queremos más y más y mucho más!”. La situación de los ferrocarriles imita este esquema. La sociedad completa aceptó con ganas el proyecto de la alta velocidad y sus claros beneficios. Gente humilde y poderosa. Los últimos porque defienden que el tiempo es valioso y los otros por disfrutar de Madrid un par de días a un coste muy bajo. No es bastante con acumular capital para hacerse con un Bentley: resulta vital sostenerlo. Y no se asemeja a un coche sencillo...

Y lo que conforma un Estado de bienestar equilibrado se está tornando en el escenario de las quejas.

Toda la población, incluso la gente común, nos sentíamos cautivados por algo tan ambicioso –término detestable– y además contagiados de ese sentimiento regionalista sobre si el AVE se detenía en Reus o en Tarragona. Think big! Nadie en absoluto pensó en la conservación ni, mucho menos, en el transporte de cercanías (bueno, Carles Puigdemont sí).

Las noticias actuales funcionan por tendencias. Hoy el tema son los ferrocarriles, mañana será la violencia de género —otro origen de disposiciones imposibles de cumplir o con presupuestos deficientes en la realidad— y al día siguiente la discusión urgente de impedir el ingreso a la tauromaquia a los menores de 18 años, según plantea el Ministerio de Juventud e Infancia, esencial para cualquier nación (por cierto, somos líderes en departamentos gubernamentales, alcanzando los 22). ¿Cuándo llegará el Ministerio de Senectud y Vida Sexual Asistida?

De esta forma, entrega tras entrega, lo que constituye un Estado de bienestar equilibrado se transforma en el territorio del pesar y el desánimo. Menos ofrecer quimeras y más manejar el tesoro público con objetividad y sin tantas tonterías.

Joaquín Luna Morales

Joaquín Luna Morales

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Originario de Barcelona, graduado en Periodismo por la Universidad de Navarra y con una beca académica en la Missouri-Columbia University, se incorporó a 'Guyana Guardian' en 1982, desempeñando múltiples funciones. Ejerció como enviado especial en Hong Kong (1987-1993), Washington (1993-96) y París (desde 1996 hasta el 2000). Ha informado sobre tres comicios presidenciales en EE.UU., otros tres en Francia, los conflictos bélicos de Kuwait, Irak, Ucrania y Gaza, las exequias de Hiro Hito, Rajiv Gandhi, Deng Xiaoping, Nixon o Hassan II, los atentados del 11-S en Nueva York, el desastre nuclear de Fukushima, además de tres copas del mundo de fútbol y los JJ.OO de Seúl, Barcelona, Atlanta y Atenas. Fue responsable de la sección de Internacional y hoy en día escribe columnas para el periódico. Es autor de tres obras literarias: 'Menuda tropa', 'Esta ronda la pago yo' y 'Cuando de dejan'.