
‘My heart belongs to daddy’
Resulta bastante extraño que a una cita acerca del porvenir de Groenlandia no asistiera ningún delegado de Dinamarca ni de la misma Groenlandia. El hecho de que la defensa de su posición recayera en el secretario general de una coalición bélica torna la situación más alarmante, ya que traslada el tema al dominio de Marte, la deidad de la guerra. ¿Descubriremos en algún momento los detalles de la reunión en el Foro de Davos entre Donald Trump y Mark Rutte, uno de los dúos más desafortunados del panorama político mundial?
No me sorprendería que, al igual que en otras situaciones, terminara siendo el propio Trump el responsable de la filtración, sobre todo si Rutte, siguiendo su costumbre, se dedicó a romper sus marcas personales de pleitesía y halago. Los apelativos de Rutte hacia Trump denominándolo nada menos que daddy constituyen ya un hito de este siglo y lo igualan a la Marilyn Monroe que en la cinta El multimillonario entonaba My heart belongs to daddy. Efectivamente, el afecto de Rutte también le corresponde a daddy. ¡Qué conmovedor!

Sobre el neerlandés Mark Rutte, severo con los humildes y dócil con los influyentes, es público que nos subestima a los del sur de Europa por considerarnos oscuros, menudos y vagos. Su noción de apoyo colectivo entre los integrantes de la UE se hizo patente al asumir la presidencia del ejecutivo, en plena disputa por los eurobonos: ¡ustedes, griegos, italianos y españoles, que tanto padecen la recesión, no nos soliciten fondos si primero no suprimen su Estado de bienestar! Para ratificar su pensamiento, en un evento donde un empleado de una planta de tratamiento le chilló: “¡No des dinero a españoles e italianos!”, Rutte, con el pulgar arriba, no vaciló en contestar con un risueño: “¡No, no!”.
De este modo es Rutte y de igual forma aparentan ser los individuos que lo acompañan. Uno de sus responsables de Finanzas, jamás desautorizado por Rutte, no tuvo reparos en manifestar, aludiendo por descontado a España: “No puedes gastarte el dinero en copas y mujeres y luego pedir ayuda”. Aquello ocurrió en el 2017. Transcurrido un periodo, en el bienio final del mandato de Rutte, cuando el PIB de los Países Bajos escasamente crecía unas ínfimas décimas anuales mientras el de España sobrepasaba el tres por ciento, Pedro Sánchez podría haber disfrutado la satisfacción de contestar: “No os preocupéis, amigos neerlandeses, que yo os daré dinero para que cojáis buenos ciegos de marihuana en los coffee shops y os pongáis hasta el culo de cerveza”.
Mark Rutte juega a varias bandas, llegando a acuerdos con quien sea preciso para no soltar las riendas del mando.
No obstante, no hay que amargarse. Si Rutte nos menosprecia, no es por el hecho de ser españoles o italianos. Rutte nos subestima porque no somos holandeses de linaje tradicional, tal como él, lo cual le induce a rechazar especialmente a aquellos holandeses que poseen una ascendencia parcial. Por citar un caso, a esas decenas de millares de holandeses de origen turco, marroquí, surinamés, etcétera, a quienes solicitó el reintegro de ciertas prestaciones sociales que no fueron exigidas a las familias holandesas de raigambre tradicional, como la suya propia. Tal conducta posee una denominación, y esa denominación es xenofobia.
Dentro de la crónica de los Países Bajos, ningún mandatario ha permanecido en su puesto tanto tiempo como él: catorce años. Catorce años de éxitos electorales siempre por la mínima, de quedar bien con todos, de acordar con quien fuera preciso para retener el mando, contando claramente con la ultraderecha de Geert Wilders. Rutte actúa igual que los primates, que no liberan una rama hasta que ya están sujetos a la próxima. Desde que, en el 2024, terminó su gestión en Holanda hasta que comenzó a liderar la OTAN solamente transcurrieron tres meses.
La elección del máximo responsable de la OTAN se acuerda por unanimidad entre sus integrantes, lo que supone que ninguno de los treinta y dos gobiernos de los estados miembros, incluido por supuesto el de Pedro Sánchez, se opuso hace año y medio al nombramiento de Rutte. ¿Qué pensará Sánchez cada vez que este, haciendo de comparsa para Trump, le recrimina en público por no incrementar la inversión en defensa? Si las máquinas del tiempo fueran reales, estoy seguro de que Sánchez rentaría una para volver al 2024 y vetar definitivamente a Rutte, el subordinado de daddy, su fiel seguidor, capaz de pasarse al bando de los antieuropeos con tal de seguir recibiendo sus mimos y alabanzas.
