
Aquellas hojalatas
Hoy en día han desaparecido, o por lo menos yo casi nunca las veo, aunque antiguamente existían en numerosos hogares de España ciertas imágenes de la despedida final de Jesús y sus apóstoles, la Santa Cena, cinceladas en metal, pulidas y con un volumen que resultaba más imponente que la simple chapa donde se acostumbraban a estampar. Ciertamente se trataba de un objeto más típico de familias humildes o artesanas que de la burguesía, por lo cual no me sorprendió que un conocido de la escuela insistiera en asegurar que la Santa Cena que colgaba labrada y destacada en un muro de su vivienda no era de plata, sino íntegramente de oro. Lo único seguro es que resplandecer, resplandecía.

Un elemento de hojalata muy frecuente durante mi niñez consistía en una imagen del Sagrado Corazón de Jesús que, buscando amparo, se colocaba en la parte delantera de la puerta principal o sobre el dintel. Conviene recordar que el monarca Alfonso XIII dedicó de forma solemne y oficial España al Sagrado Corazón de Jesús. Dicho acto ocurrió el 30 de mayo de 1919, en Getafe, específicamente en el Cerro de los Ángeles, punto medio de la Península (o de España, algo que jamás he comprendido del todo) y frente a una escultura que resultó devastada en la Guerra Civil (donde los milicianos inicialmente tirotearon la figura para después dinamitar el conjunto entero) y posteriormente restaurada bajo la dictadura.
Resultaba muy habitual durante mi niñez observar un Sagrado Corazón de Jesús al ingresar al hogar.
El rezo que declamó el soberano en dicha oportunidad genera estupefacción y una ligera impresión de rareza al revisarlo, no obstante constituía una tentativa, desconozco si plenamente natural (esto resultaría dilatado…), de colocar a España bajo la tutela de Jesús, Rey de Reyes, a la par que se conmemoraba de modo implícito el haber eludido la Primera Guerra Mundial. Armonía en España y la voluntad de que el Sagrado Corazón imperase en las viviendas y custodiase reglamentos y entidades, dentro de un restablecido acuerdo entre la realeza y el sacerdocio que concluyó beneficiando económicamente a los laboriosos hojalateros.
Cabe recordar que el fervor por el Sagrado Corazón tiene un origen francés–en bastantes viviendas galas se encontraban también tales figuras– y se vincula nítidamente con la dinastía borbónica.
En escaso tiempo, buena parte de esas ilustraciones se esfumaron –todavía se ven, pero con menos frecuencia– e imagino que las copias del Gernika de Pablo Picasso fueron ganando terreno a aquellas piezas de hojalata.
