
Vox o el gran beneficio de la izquierda
Vox se ha transformado en el gran beneficio —o elemento comodín, si se prefiere— para la izquierda de España. El problema es que su aumento se produce de manera desenfrenada. ¿Podría ocurrir que el plan del PSOE —nosotros o el fascismo— termine por arruinar el bipartidismo, la vía más razonable para existir sin tanto sobresalto?
Vox constituye el tormento del PP y un beneficio para la izquierda, tras haberse desperdiciado la ocasión trascendental del malestar del 15-M (2011). Debido a una evidente falta de pericia, aquello que pudo conformar una coalición robusta y victoriosa terminó transformándose en un conjunto disperso de siglas, siguiendo la costumbre habitual.

Como hábil estratega, el presidente Sánchez supo neutralizar aquel riesgo –¡Podemos alcanzó a confiar en el sorpasso !– y ha traspasado un problema parecido al PP al fortalecer a Vox bajo la apariencia de enfrentarlo. De existir los premios Maquiavelo, el palacio de la Moncloa albergaría la gala...
Vox constituye una amenaza encubierta para nuestra democracia y la delegación de una corriente internacional con más vigor que los miembros de Syriza, las ideas de Noam Chomsky y los arrebatos de Mélenchon. Se trata de algo más grave y, ciertamente, con mayor rigor...
Cuidado con fortalecer a Vox para atacar al PP: no se trata de los seguidores de Syriza ni de las teorías de Chomsky.
Supongo que alcanzar unos comicios generales divididos resulta satisfactorio para Pedro Sánchez, no obstante, me encuentro entre quienes se preocupan por las consecuencias. Especialmente debido a que la alianza de PP y Vox obtendría una victoria contundente. Y a pesar de que se insista constantemente desde Ferraz, PP y Vox distan de ser idénticos. En absoluto. Y resulta beneficioso para el conjunto de la sociedad que dicha diferencia persista...
Sin esforzarse lo más mínimo y con aspirantes totalmente desconocidos, Vox continúa ascendiendo. Me atrevería a decir que la regularización masiva de inmigrantes –aunque sea digna de elogio– realizada mediante decreto y omitiendo la discusión en el Congreso –¿acaso no vivimos en una democracia parlamentaria?– supuso un obsequio adicional para Vox (y un nuevo golpe al PP).
Dada la peligrosidad que representa el auge de Vox –que es real–, resulta incomprensible que el PSOE no brinde apoyo alguno al PP –sería suficiente con una abstención en Extremadura y Aragón–, mientras persiste en su discurso, sus políticas complacientes y la táctica de fortalecer al adversario. Tal actitud se define como hipocresía. En resumen: tras tanto invocar la Guerra Civil y el franquismo...
¡Ay, quién tuviese sentido de Estado en España!

