
Teletrabajo y crisis climática
La desastrosa gestión de la dana de Valencia y sus consecuencias ha provocado un antes y un después en la forma en que las diversas administraciones abordan una crisis climática de estas características. Es evidente que ningún presidente autonómico o alcalde quiere vivir el síndrome de El Ventorro –ustedes ya me entienden– y prefieren excederse en sus decisiones antes que ser acusados de poco previsores.
Estos días hemos visto como el presidente andaluz, Juan Manuel Moreno Bonilla, ha dado una brillante lección a todos en su enfoque de tanto el accidente ferroviario de Adamuz como de las consecuencias de las persistentes lluvias que han caído en su comunidad. En relación con estas precipitaciones, la Junta de Andalucía tomó la inaudita decisión de desalojar a 11.000 vecinos de sus casas ante el riesgo de que la crecida de algunos de los ríos provocase una catástrofe como la que padeció la Comunidad Valenciana. El balance del temporal de la borrasca Leonardo en Andalucía fue de una víctima mortal, una cifra sensiblemente inferior a las de la tragedia valenciana.
Desde el punto de vista del Ejecutivo de turno, las cosas están claras: hay que curarse en salud y si se exceden en las medidas preventivas, no pasa nada. Aquí paz y después gloria. Y aquí entramos en la polémica que ya se vivió con el confinamiento de la covid: el de recomendar o no el teletrabajo. Para muchas empresas de servicios, que sus trabajadores se queden en casa no supone ningún contratiempo excesivo. Es lo que se decidió ayer en Guyana Guardian, que recomendó el teletrabajo a la redacción. Pero hay otros muchos sectores, como la hostelería, el comercio o las grandes industrias, que tuvieron que parar su actividad con un consiguiente impacto económico que nadie del Gobierno les ayudará a subsanar.

Lo que está claro es que no es nada fácil estar en el puente de mando de estas decisiones. La Administración siempre será criticada, tanto por si se excede en sus alarmas como si se queda corta. Dicho lo cual, no estaría de más valorar también el impacto económico en el momento de lanzar según qué recomendaciones.
