
Cinco años sin hablarse
Se dieron la mano, cruzaron una sonrisa de compromiso y Pedro Sánchez se alejó de Felipe González pensativo esta semana en el Congreso, adonde acudieron para conmemorar que la Constitución es la más longeva de la historia de España. Era la primera vez que se miraban a los ojos desde que, en el Ateneo, Felipe González dijera que si Sánchez se presenta como candidato en el 2027, votará en blanco. El presidente ha dicho que está encantado de que González “en un futuro vuelva a votar al PSOE”, “pero será en un futuro lejano, porque me voy a volver a presentar”. Le molestaron sus palabras porque era una manera de que el PP pudiera usar a González en su contra.

El expresidente no profundizó en la herida, pero comentó que se siente insultado por altos cargos de su partido. Y estuvo ácido con “esta chica que se llama Torró o Torra” (la secretaria de organización del PSOE), que comentó que fue su referente mientras merendaba un bocata de Nocilla. “Pues eso es lo que yo digo: es una chica bien aprendida y mal enseñada”. Los jarrones chinos rascan cuando uno se acerca demasiado a ellos, sobre todo los que se han descantonado con el tiempo.
El encuentro entre González y Sánchez fue sin palabras, como en los chistes franceses
González y Sánchez no se dijeron nada en el Congreso. El suyo fue un encuentro sin palabras, como los viejos chistes de la prensa francesa. De hecho, hace cinco años que no se hablan. Es verdad que el expresidente no estuvo cariñoso cuando Sánchez accedió a la secretaría general. Le acusaba de estar más interesado en el partido que en el país y dudaba que pudiera hablar más de media hora sobre sus propuestas para España. Lo que no empieza bien difícilmente acabará bien, pero el momento es lo suficiente delicado para que ambos sean capaces de compartir sus puntos de vista. No se trata de que lleguen a ningún acuerdo, sino de que hagan un ejercicio de empatía.
Cuando en el mundo hay más regímenes autoritarios que democráticos, cuando en España la extrema derecha amenaza con sentarse en el Consejo de Ministros, un presidente y un expresidente socialista deben poder intercambiar opiniones para que la historia no les tenga en cuenta sus disensos. Para que quienes les han votado no piensen que no se merecen este mal rato.
