Opinión

Vivir sin alma

La desaparición del anterior orden global, aguardo y pretendo, junto a millones de seres, que no suponga una existencia desprovista de esencia. El espíritu conforma el animus o soplo que esclarece la percepción humana y estimula la aptitud para experimentar, reflexionar y habitar en una estabilidad lógica y física. Es cultura. Es la fuerza que promueve desde el interior de cada individuo la deferencia y la prosperidad ligada a la honra de la humanidad y de todo lo que nos circunda. En resumen, velar por el físico, intercambiar palabras con el prójimo, honrar el entorno natural, conservar la integridad del mundo y esquivar a un Epstein entregado a la maldad. Mera subsistencia sin contiendas ni zozobras ante el precipicio de los crueles.

 
 Damian Dovarganes / Ap-LaPresse

Vivir con alma tiene que ver con los atributos del equilibrio, con el desarrollo de una sensibilidad interior que potencie el sentimiento, la imaginación, la creatividad, el respeto, la belleza y el diálogo. Convivir organizados dentro de un ordenamiento que escucha, dialoga y respeta a quienes no piensan como uno, implica vivir en el sistema menos malo que conozco: la democracia. Nunca es perfecta, pero la estabilidad,
la paz social y un grado de justicia social son los objetivos fundamentales que mantiene.

Desestimar la crisis climática y la reducción del consumo masivo de combustibles fósiles significa fracturar el equilibrio planetario que sustenta la vida humana e incrementar las catástrofes ambientales. Cuestionar los programas sociales establecidos por las democracias europeas tras la caída del nazismo alemán, el fascismo italiano y el imperialismo japonés equivale a anular la equidad social europea, imperfecta, pero superior a la de Estados Unidos y a la de los territorios que no garantizan la salud pública, la seguridad social, las jubilaciones ni la enseñanza obligatoria.

Rebatir la coexistencia pacífica con los emigrantes de otras razas que trabajan y no delinquen y someterlos a torturas, vejaciones y expulsiones masivas mediante crueles agentes fronterizos de extrema derecha es propagar el racismo, minar la convivencia y alentar un nuevo terrorismo más temible que los anteriores. Saltarse a la torera las leyes internacionales que defienden la integridad de los territorios y tratan de evitar las invasiones a sangre y fuego por parte del vecino más poderoso es aceptar la invasión rusa de Ucrania, el genocidio de Gaza, la extinción de Cisjordania, la aniquilación de Sudán del Sur y de la República de Congo. Sin leyes aceptadas y respetadas por la comunidad internacional, ninguna nación, pueblo, comunidad o ser humano puede sentirse seguro de que no sea borrado del mapa impunemente.

Ciertas naciones poderosas viven en una realidad alterna

Vivimos a las puertas de un mundo desalmado y sin ley, lo que supone fomentar los odios del pasado. Falla el diálogo, falla el respeto y gana la fuerza bruta como en tiempos de las guerras de religión. Algunas de las potencias militares y tecnológicas que hoy dominan el planeta habitan en una realidad paralela, un juego de espejos convexos desde donde acusan a las democracias de atentar contra la libertad de expresión por no promocionar los preceptos del movimiento MAGA y ser un peligro existencial para la civilización, cuando el nuevo orden imperial al que aspiran nace del poder de las armas más sofisticadas y destructivas de la historia de la humanidad.

Frente a este tipo de retrocesos y atrocidades, Europa tiene que actuar unida con urgencia, por encima de la diversidad de pueblos y culturas. Mantener las libertades y el estado social de derecho exige desarrollar en tiempo récord tecnología, productividad y armamento disuasorio que nos den la independencia plena, y dar ejemplo a otros pueblos que quieren preservar el sistema democrático y los derechos sociales.

Las democracias europeas deben protegerse de la gestión de los algoritmos y de los sesgos usados por los motores de búsqueda y de las producciones culturales que crean e imponen imaginarios de violencia extrema y de pornografía satánica. Los partidos políticos democráticos europeos han de mantener una línea roja frente a la extrema derecha que sigue los preceptos desalmados de MAGA y que son los mismos que están dejando sin proyecto político a un PP desquiciado en aras de conquistar el poder sin medir el precio.

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