El accidente ferroviario del domingo en Adamuz ha teñido de luto a todo el país. La investigación de las causas de este siniestro, con un balance tan grave de vidas truncadas y lesionados, debe ser prioritaria y transparente, no solo para depurar responsabilidades, sino para evitar que nada parecido vuelva a suceder.
Detrás de cada cifra hay familias rotas, proyectos interrumpidos y un duelo que exige, en primer lugar, atención y acompañamiento por parte de los servicios públicos y, en segundo lugar, respuestas claras sobre lo ocurrido.
En un momento así no cabe la polarización partidista ni el uso interesado de la tragedia: el dolor y el pésame compartido deberían ser el denominador común de una sociedad madura.
Pedro Marín Usón
Zaragoza