El sistema educativo atraviesa una preocupante pérdida de exigencia que amenaza la formación de las futuras generaciones. La obsesión por evitar el fracaso ha relegado valores esenciales como el esfuerzo, la disciplina y la responsabilidad personal. Educar no consiste en eliminar obstáculos, sino en enseñar a superarlos con constancia y trabajo. Un país que renuncia al mérito condena a sus jóvenes a la mediocridad y limita su competitividad.
Hay que reforzar la autoridad del docente y recuperar una cultura educativa basada en el rigor y la superación. Solo así la igualdad de oportunidades será real y no un simple eslogan político repetido sin consecuencias prácticasnecesarias hoy.
Miquel Serra
Barcelona
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