En una ciudad como Barcelona, que vive de cerca los retos de la gestión turística, la tecnología no debe verse como una amenaza, sino como un salvavidas. Los datos indican que gran parte de los profesionales del sector dedican hoy su jornada a procesos mecánicos o consultas logísticas repetitivas. Estamos desperdiciando el talento humano en tareas que una máquina ya ejecuta mejor.
La verdadera revolución de la inteligencia artificial es el tiempo que nos devuelve. Al delegar la gestión rutinaria a asistentes que nos guían en tiempo real, el trabajador se libera de esa carga para recuperar su función esencial: la hospitalidad empática. No es una sustitución, sino una alianza necesaria. Si la tecnología se ocupa de lo invisible, nosotros podemos volver a mirar a los ojos al cliente.
Natia Mtvarelidze
Barcelona