Mala propaganda

Resulta difícil comprender en qué estaba pensando quien decidió que la mejor forma de recibir a los millones de turistas que cruzan la Junquera sea advertirles, nada más pisar nuestro país, de la abundancia de ladrones que operan en nuestras áreas de servicio mediante engaños burdos y falsas averías.

¿De verdad creemos que este es el mensaje que debe inaugurar su estancia? ¿Es esta la tarjeta de presentación que queremos ofrecer al mundo? Más que una medida preventiva, el cartel de aviso parece una confesión pública de incapacidad: la admisión implícita de que no sabemos –o no queremos– erradicar un problema que, por lo visto, asumimos como inevitable.

Advertir está bien; normalizar la delincuencia, no. Porque cuando el primer mensaje institucional no es de bienvenida, sino de alerta ante el delito, lo que se transmite no es prudencia, sino resignación. Tal vez convendría reflexionar si no estamos proyectando, con ese gesto, una imagen de país que acepta como ­rutina aquello que debería combatir con determi­nación.

José María Linares Martínez

Barcelona

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