Un día después de las elecciones de Extremadura han ocurrido dos cosas previsibles de antemano: el líder de los socialistas extremeños, Miguel Ángel Gallardo, ha abandonado el liderazgo del partido tras sufrir una derrota sin paliativos, tal y como la describió él mismo en la noche electoral. No obstante, seguirá como diputado.
La ejecutiva del PSOE extremeño donde Gallardo presentó su renuncia reunida ayer
En segundo lugar, Santiago Abascal, el líder de Vox, ha empezado a fijar las reglas del juego de la mayoría conservadora. Si el PP quiere gobernar con su apoyo en Extremadura, tendrá que hacer grandes cambios. El PP no logró alcanzar la mayoría absoluta y precisa del apoyo de otras fuerzas para constituir el nuevo gobierno extremeño.
El voto exterior puede dar al PP un escaño en Cáceres
El último escaño por Cáceres cayó en el saco el PSOE por 244 votos y se lo disputa con el PP. Este estrecho margen podría cambiar cuando se realice el recuento del voto del Exterior al que tenían derecho 30.000 extremeños residentes fuera de la comunidad. Según la ley electoral, este cómputo ha de hacerse en cuatro días.
La posición de Abascal es importante porque lo que ocurra en Extremadura será el precedente de lo que suceda después en las siguientes elecciones en Aragón, en febrero; en Castilla y León, en mayo, y en Andalucía, en junio. En todas estas comunidades gobierna el PP y Vox es la fuerza emergente. En las tres convocatorias, el PSOE aparece como un rival diezmado.
La severa derrota que sufrió el socialismo extremeño este domingo se cobró ayer por la tarde a su cabeza de cartel, Miguel Ángel Gallardo, que presentó su dimisión como secretario general de los socialistas extremeños en una reunión urgente de la ejecutiva convocada la misma noche del domingo.
El cese de Gallardo, que sustituyó al malogrado Guillermo Fernández Vara cuando se retiró en el 2024, es el resultado de las presiones de la propia organización extremeña –ayer por la mañana el presidente de la diputación de Cáceres, Miguel Ángel Morales, pidió abiertamente su dimisión– y también de la dirección del partido en Madrid, que nunca ha tenido a Gallardo como uno de los suyos.
Gallardo, no obstante, no cederá su acta de diputado, y esto es importante porque podría afectar al proceso abierto en la causa contra el hermano del presidente del Gobierno y en la que Gallardo también está imputado. Si adquiere la condición de aforado, el caso podría ser trasladado a una nueva instancia judicial y no al juzgado ordinario que ya tiene juicio señalado para el mes de mayo, en plena precampaña andaluza.
El líder de Vox pide al PP un gran cambio y advierte que el valor de sus votos cotiza al alza
La segunda incógnita tiene más calado político y es qué puede cambiar la salida de Gallardo. Desde que se conoció el descalabro del PSOE –este domingo 21 de diciembre ha perdido más de cien mil votos y diez escaños– algunos apuntan a un cambio de estrategia, y una de las opciones, no la única, es un acercamiento al Partido Popular facilitando la investidura de Maria Guardiola con la abstención de sus 18 diputados.
El expresidente de la Junta de Extremadura Juan Carlos Rodríguez Ibarra se pronunció en este sentido en la ejecutiva de ayer. De este modo se neutralizaría a Vox. Pero es difícil imaginar que la dirección del partido vaya a dar su visto bueno. Sánchez –y en eso coincide con Gallardo– prefiere a un PP en manos de Vox.
No en vano, ayer, en la rueda de prensa de la portavoz del PSOE, Montse Mínguez, en la sede de la calle Ferraz, recordó que su partido ya se brindó a negociar los presupuestos con Guardiola para evitar las elecciones, pero la líder popular extremeña prefirió acudir a las urnas, con los resultados ya conocidos.
Tampoco la dirección del PP quiere saber nada del PSOE. Alberto Núñez Feijóo reunió ayer a los líderes regionales del partido –entre ellos estaban los tres presidentes con elecciones a la vista– y se hizo acompañar de María Guardiola para entrar en la sala entre aplausos. Primer round: KO del PSOE, ese fue el mensaje.
Feijóo estuvo pletórico. “Más de un 60% de los ciudadanos han dado apoyo a la suma de PP y Vox. Que se enteren de una vez: lo que ha decidido el 60% de los extremeños es derribar el muro del sanchismo”, sostuvo en su intervención ante el comité de dirección. La batalla de Extremadura es en realidad un episodio de la guerra por la Moncloa.
Santiago Abascal también comparte esta mirada de escala española para leer los resultados de las elecciones extremeñas. El impulso que ha recibido su formación en esta votación –a diferencia del PP, Vox ha crecido en votos en términos absolutos y ha logrado proezas como ser la segunda fuerza en la ciudad de Badajoz por delante del PSOE– le permite fijar las reglas del juego de la mayoría conservadora, en la que el PP puede ser el primer partido pero carece del empuje necesario para tener mayoría absoluta.
El expresidente Rodríguez Ibarra propone la abstención del PSOE para dar el gobierno a Guardiola
Abascal dejó abierta la puerta a entrar en el gobierno de Extremadura, pero dejó sentado que el precio de sus votos cotiza al alza. El camino diseñado por Feijóo para desbancar a Sánchez –cuatro elecciones en medio año–, puede poner el precio muy, muy alto.