Nevadas y armazones en la Cortina de los Juegos

El reportaje

A escasos cinco días de los Juegos, la localidad alpina oscila entre el entusiasmo y el temor al desorden.

En Cortina, la nieve ya está a punto para acoger los Juegos de invierno, que arrancan con la ceremonia inaugural en Milán el próximo viernes 6 de febrero

En Cortina, la nieve ya se encuentra lista para recibir los Juegos de invierno, que se inician con el acto de apertura en Milán el venidero viernes 6 de febrero.

Fabrizio Bensch/REUTERS

Las Claves

  • Cortina d’Ampezzo se prepara para los Juegos Olímpicos entre desorden, obras sin terminar y una reciente nevada muy esperada.
  • El evento genera críticas por el

En Cortina d’Ampezzo se aguardaba la nieve con mayor ansia que el fuego olímpico. Cayó copiosamente durante el reciente fin de semana, lo cual supuso un gran respiro. “Al menos tapa un poco las obras…”, señalan con inquietud en la calle principal de la villa, situada a dos horas de conducción desde Venecia. En escasas jornadas, este pequeño municipio de los Dolomitas dará inicio a las pruebas del evento olímpico, aunque la atmósfera refleja más desorden que entusiasmo. La fila para pedir un permiso de tránsito ante la sede de la Fundación Milán-Cortina se extiende prácticamente hasta el atrio de la iglesia. La tensión resulta evidente y el desconcierto es todavía más profundo. “No sabemos cómo vamos a llegar al trabajo”, admiten los empleados de la Cooperativa, El Corte Inglés de Cortina.

La llama encenderá el pebetero del estadio de San Siro, en Milán, el próximo viernes, y entonces todo arrancará. En Cortina se disputarán las pruebas de esquí alpino femenino, bobsleigh, skeleton, luge y curling. No es la primera vez que el pueblo acoge unos Juegos: el trampolín a la entrada de la localidad recuerda los de 1956, un evento que –según muchos– ayudó a Italia a salir de las penurias de la posguerra. Era otro mundo. “También entonces se esperaba la nieve con ansiedad”, recuerda Francesco Chiamulera, cortinés y director de Una montagna di libri, uno de los festivales literarios más prestigiosos de Italia. “Se utilizó a los alpinos para llevar nieve a las pistas con palas. Esta vez no hará falta”. 60 años después, las sedes se han multiplicado. Además de Cortina están Milán, verdadera capital del evento; los pueblos de los valles; Livigno, Bormio, Anterselva, Predazzo y otros pequeños centros, con ceremonia de clausura en Verona el 22 de febrero. “Es impensable que un lugar tan pequeño pueda organizar un evento que se ha vuelto enorme”, reflexiona Josep Ejarque, natural de Terrassa y responsable de Cortina Marketing, en sus terceros Juegos, tras Barcelona 1992 y Turín 2006. El gran debate en el pueblo es sencillo: ¿Qué hacemos nosotros con esta cita olímpica? En medio del polvo de los trabajos –muchos de los cuales no terminarán con la inauguración del viernes– son muchos los que responden: “Nada”. “Cortina y los Dolomitas ya eran famosos y no necesitaban promoción”, recalca Luigi Casanova, veterano defensor del medio ambiente de la zona. Se trata de visiones bastante comunes: es suficiente con entrar a una cafetería para oírlas. Hacia 1956 Cortina ya constituía un enclave turístico diverso: celebridades –un retrato de una joven Sophia Loren portando raquetas de nieve aún se exhibe en un alojamiento–, entusiastas de las disciplinas invernales y diversos pensadores, destacando Ernest Hemingway, cuyo legado se ha rescatado mediante carteles distribuidos por la localidad y las cumbres. A dicho entorno se incorporó posteriormente un tipo de viajero más masivo y alegre, plasmado por el cine comercial de Italia de la década de los ochenta. Y en la actualidad se incorpora el ajetreo de las olimpiadas: “Espero que sin los policías de Trump”, comenta un residente. El evento deportivo se había promocionado –incluso frente al COI– como una cita olímpica de nula repercusión económica y ambiental, apoyada en instalaciones ya disponibles. Sin embargo, la situación ha sido distinta. Aquel compromiso colisionó con la vulnerabilidad del terreno y con proyectos forzados externamente. Un ejemplo de ello es el circuito de bob­sleigh edificado encima de los restos de la instalación de 1956, que permaneció en desuso por mucho tiempo. El consistorio municipal manifiesta preocupación por tener que hacerse cargo de su conservación: “Nos costará casi un millón de euros al año y servirá de poco”, señalaron los responsables de la administración local. No obstante, la maquinaria pesada continuó con las labores. Las consecuencias ecológicas han suscitado igualmente controversia. “Han destruido 15 hectáreas de bosque para un poblado olímpico formado por 377 casitas de madera, que se desmontarán después y donde ni siquiera estarán las atletas italianas”, denuncia Casanova.

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Sin embargo, hay quienes observan la situación con optimismo. “Los Juegos traen servicios e infraestructuras que necesitamos. La belleza aquí es enorme, pero no basta”, expone Carla Medri, vicepresidenta del gremio de hoteles de Cortina, ubicada en la cafetería del emblemático hotel Ancora, actualmente perteneciente al modisto Renzo Rosso. “No es el momento del beneficio: estamos invirtiendo para los próximos diez años”. De igual manera, Chiamulera lo percibe como una ocasión favorable: “Para devolverle a Cortina ese aire cosmopolita. Decían que nos habíamos dormido sobre los laureles de estas montañas. Esta circunvalación se construyó en 1956, y después, nada más”.

Los andamios quedan ocultos bajo la nieve. “Ya veréis que a partir del viernes habrá menos polvo”.

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