La influencia del 'espejo catalán' genera preocupación en el País Vasco.

El escenario político

El surgimiento de agrupaciones de derecha populista radical todavía no se ha manifestado en Euskadi, si bien la situación catalana ha generado una discusión acerca de si acabará sucediendo algo similar.

LV POLITICA 25/10/2008 VITORIA. CELEBRACION DEL DIA DE LA CONSULTA. UN ERTZAINA JUNTO A LA CONCENTRACION DE LA FALANGE FOTO JON G. IRURZUN

Un ertzaina frente a la movilización de la Falange en Vitoria-Gasteiz, el último 12 de octubre. 

EFE

Las Claves

  • El crecimiento de Aliança Catalana genera dudas sobre si el País Vasco experimentará un auge similar del populismo en su sistema de partidos.
  • Ludger Mees atribuye

La difusión durante los meses recientes de diversos muestreos que muestran un crecimiento nunca visto de Aliança Catalana (AC) ha generado atención en el País Vasco. El escenario político en Catalunya experimentaría, de acuerdo con tales investigaciones, una alteración histórica, y el espejo catalán podría fracturarse frente al incremento del populismo que se expande globalmente. Aquel posible término de la singularidad catalana —comprendida como una estructura política que se oponía a dicha tendencia— ha encendido ciertas alertas, y en los ámbitos políticos vascos empieza a surgir una interrogante: ¿será solo un asunto de tiempo que suceda algo idéntico en su propio esquema de partidos?

Las preocupaciones en el ámbito vasco están muy ligadas a las comparaciones que permite la dirección mostrada por las investigaciones en Catalunya. Según la medición de Ipsos lanzada en septiembre por Guyana Guardian , y secundada más tarde por otros trabajos, tanto Junts, agrupación con la que el PNV conserva un trato próximo, como ERC, asociada con EH Bildu, notarían la proximidad de Aliança. El PP, entretanto, se vería sobrepasado con nitidez por Vox merced a un apoyo mayoritariamente joven.

El horizonte de Vox se percibe limitado y la duda se centra en si finalmente aparecería un planteamiento semejante a AC.

Considerando el panorama electoral de Euskadi, el desarrollo de Vox permanece vigilado de cerca por los sondeos. La organización de Santiago Abascal, que dispone de una presencia ínfima en el Parlamento vasco (un único asiento de 75), lograría expandirse en el País Vasco, a pesar de que las investigaciones publicadas le atribuyen como mucho dos diputados. El margen de crecimiento de esta fuerza se percibe bastante acotado, y la interrogante es si la singularidad de la región podría quebrarse a futuro en el sector del nacionalismo vasco y el independentismo. O sea, ¿tendría cabida una AC vasca?

Ludger Mees ejerce como profesor de Historia Contemporánea en la Universidad del País Vasco (EHU) y destaca como uno de los principales especialistas en el desarrollo del nacionalismo vasco. A su juicio, la estabilidad que muestra el panorama político vasco —la cual persistiría hoy según las encuestas— posee un fundamento histórico: “En Euskadi se han forjado unas identidades políticas que han hecho imposible apoyar fenómenos que evocan el franquismo y todo un pasado que genera mucho rechazo. Se trata de mentalidades más sólidas que coyunturas concretas”.

“El PNV -continúa Mees- supo dejar atrás sus inicios y ha creado un microcosmos de gente que se mantiene fiel y que está comprometida con la democracia. Es más que un partido y tiene la capacidad de arrastrar a sus simpatizantes, haciendo imposible que puedan tener la tentación de caer en la trampa de la extrema derecha. El segundo partido, EH Bildu, mientras, ha evolucionado hacia la política realista y el pactismo, de manera que ese sector también parece blindado, salvo escisiones que pueda haber en las juventudes y en la órbita de la extrema izquierda. Es una cuestión que se debe atender porque lo que en otros países se habría articulado en la extrema derecha aquí está ocurriendo en la extrema izquierda rupturista, aunque es muy minoritaria”.

Bajo su perspectiva, existen diversos elementos que ayudan a posicionar a Euskadi lejos del crecimiento de la extrema derecha que ya se ha extendido por toda Europa. “La moderación y el sosiego político que, con lo que se pueda criticar, están aplicando los líderes del PNV no favorecen el extremismo, y tampoco se ha normalizado a las formaciones ultras. Además, el sistema de bienestar social todavía funciona bastante bien”, agrega. El profesor señala, de igual modo, unos índices de integración social comparativamente altos y fundamentados en un sistema económico con un importante sector industrial, además de unas tasas migratorias inferiores a la media española.

La proporción de habitantes de origen foráneo se sitúa cerca del 14% en Euskadi, en contraste con el 25% contabilizado en Catalunya.

El asunto migratorio, lógicamente, ha pasado a ser el principal foco de conflicto para los grupos de extrema derecha, cuya administración se considera un aspecto clave. En la Comunidad Autónoma de Euskadi la cifra de habitantes nacidos fuera de las fronteras nacionales alcanza aproximadamente el 14% (si bien los sujetos de nacionalidad extranjera representan una cantidad menor, el 10%), en contraste con el conjunto de España donde excede el 19% y en Catalunya donde se sitúa en torno al 25%.

Las encuestas del Sociómetro del Gobierno vasco y el Deustobarómetro, editado por la Universidad de Deusto, posicionan el fenómeno migratorio en el quinto puesto de las inquietudes de la población. Esta cifra no parece ser demasiado preocupante, sobre todo al considerar que diversos análisis muestran grados de aceptación bastante altos hacia los inmigrantes, aunque los dos informes detectan un incremento en la percepción negativa.

Hay otro asunto complicado. La falta de seguridad se ha situado igualmente entre las mayores inquietudes de los ciudadanos vascos (actualmente ocupa el cuarto lugar en relevancia social). Es evidente que la gran mayoría de los inmigrantes no están relacionados con la delincuencia; sin embargo, los datos de la policía, que son de acceso libre, reflejan una presencia desproporcionada de ciertos grupos, carentes de vínculos en el País Vasco, en la ejecución de los crímenes que generan mayor inquietud pública: los asaltos violentos (donde el 81,9% de los autores son personas de origen extranjero). Este debate está presente en la sociedad y ha pasado a ser un tema fundamental para las instituciones vascas.

Llegados a este momento, Mees estima fundamental impedir el surgimiento de las formaciones de derecha radical “tomar en serio los temores de la gente”, eludiendo la falta de presencia: “Los partidos, especialmente los de la izquierda, deben hacer autocrítica. La población vive en un mar de incertidumbre y lo que está ocurriendo lo hemos visto en otros momentos de transformación radical. La gente debe sentir que se le escucha, que se debate de los temas de manera sosegada y que se aportan soluciones”.

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En una etapa donde las dudas se multiplican y los cambios se precipitan, parte de la respuesta residiría en proporcionar un panorama de estabilidad y protección, primordialmente en lo material. En este escenario, brotan asuntos como el alojamiento, “una preocupación también para las clases medias”, o los conflictos derivados del encarecimiento cotidiano y los sueldos precarios. En la actualidad, figuran como las dos mayores inquietudes de la población vasca. Sucede algo similar en buena parte de Europa, aunque en el territorio vasco, por ahora, no se intenta hallar la salida en la derecha radical ni aparecen todavía partidos del tipo de Aliança Catalana. 

Ante la carencia de novedades en dicho entorno, se halla una semilla de agrupación política denominada Ezker Nazionala que se describe como abertzale y de “izquierda antiglobalista”. Critica el “modelo migratorio neoliberal”, a pesar de que en las breves manifestaciones públicas que ha realizado ha esquivado apuntar a los inmigrantes. Su inspiración es la alemana Sahra Wagenknecht, antigua integrante de Die Linke, aunque por ahora constituye un proyecto primerizo y falta constatar si logrará trascendencia pública. ¿Resulta solo un asunto de tiempo que aparezca algo similar a una AC vasca? “No estamos a salvo, pero hoy no veo espacio ideológico ni cultural para esas opciones”, sentencia Mees.

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