El modelo actual de Rodalies descarrila y reafirma el caos total del servicio
Crisis ferroviaria
El Govern y Transportes buscan en la empresa mixta una salida al histórico atolladero

Sin servicio.Máquinas expendedoras de Sants durante el parón de Rodalies.
Lo sucedido esta semana en Rodalies debe marcar un punto de inflexión. Al menos es en lo que parecen estar de acuerdo el Ministerio de Transportes y el Govern de la Generalitat, que además coinciden en que “la clave es apostar por la empresa mixta”, Rodalies de Catalunya, presentada hace apenas 15 días en el Palau de la Generalitat con toda solemnidad.
Fuentes del Ejecutivo catalán aseguran que los últimos contactos con el ministerio de Óscar Puente, durante la suspensión del servicio de trenes en Catalunya, han permitido llegar a la conclusión conjunta de que es necesario “pasar de la voluntad a la materialización”, aunque la nueva sociedad, participada por Renfe (en el 50,1%, frente al 49,9% de la Generalitat), no empezará a operar de forma efectiva hasta el 2027.
“Hace solo una semana que el ministro Puente y el president Salvador Illa trasladaron una imagen de unidad y colaboración institucional y política, por tanto nos tenemos que centrar en eso”, señalan fuentes del Govern. Para ello resulta imprescindible “retomar la estrategia y la colaboración” para que la administración catalana, a través de la nueva sociedad, pueda tomar las decisiones que ahora no puede tomar a pesar de ser la titular del servicio.
En la actualidad, Rodalies de Catalunya “no es más que un cascarón”. Para que empiece a operar trenes necesita dar varios pasos administrativos, como la adscripción de personal, de material y de recursos. Además, la nueva sociedad requiere de las licencias operativas y los certificados de seguridad necesarios, que es en lo que se debería trabajar de inmediato.
El impulso de esta sociedad permitirá a la Generalitat tomar decisiones operativas que ahora están sujetas a la voluntad del operador, Renfe. “Vamos a codecidir”, resumen en el Govern, lo que representa a su juicio una gran diferencia con la realidad de hoy, que se describe por el hecho de que la Generalitat es titular de un servicio que le presta un tercero y no tiene la capacidad de cambiar ni las condiciones del contrato ni el operador mismo, porque solo existe uno posible. Una situación que se arrastra desde hace 16 años.
La Generalitat aparece como un “cliente cautivo” que además debe dar la cara ante los usuarios
Esto explica que la Generalitat se haya convertido en una suerte de “cliente cautivo” que además carga a sus espaldas con la responsabilidad de dar la cara ante los ciudadanos. Pero con la nueva empresa, controlada a través de su presidencia y el consejero delegado, la Generalitat dispondrá de “una palanca de presión y de posibilidad de hacer realidad sus compromisos”, aseguran.
Sin que vaya a ser una panacea, por el tiempo que se requiere –por lo menos año y medio– y porque Renfe y Adif seguirán formando parte de la gestión, el Ejecutivo de Illa está convencido de que con la Generalitat en la sala de máquinas de Rodalies de Catalunya se podrá actuar directamente sobre cuestiones como las que han generado los últimos problemas, en los que han sido protagonistas los maquinistas de Renfe y el administrador de la infraestructura.
Adif tendrá que seguir prestando el servicio de mantenimiento, pero ya no estará vinculada contractualmente con Renfe Viajeros, sino con Rodalies de Catalunya. Esto concede a la Generalitat, como cliente, una relación directa con Adif.
La cuestión, por tanto, está en la necesidad de gestionar la transición hacia la nueva empresa. El Govern corrobora el buen entendimiento político con el ministerio de Puente, pero remarcan la necesidad de rebajar “el exceso de tensión” de los últimos días. Con la misma firmeza también señalan que es hora de “tomar decisiones”, en alusión a los responsables de Adif y Renfe en Catalunya.
Rodalies ha sido el talón de Aquiles de la política catalana desde hace por lo menos dos décadas. El diagnóstico es ampliamente compartido –años de desinversión que derivan en un sistema endeble que opera al límite de sus capacidades– y cuando se ven sus carencias (retrasos, incidencias, accidentes) es cuando la rodadura de la política catalana se frena.
A finales de 1980, Renfe impulsó Cercanías. Inicialmente se gestó el esquema en Madrid, y a partir de los 90 se extendió a Barcelona. Pero llegó el empeño de llevar la alta velocidad a capitales provinciales y la prioridad por este proyecto enterró la modernización de unas Rodalies ya maltrechas.
En 2007 se agitó el avispero. Las obras del AVE provocaron socavones en Bellvitge, lo que implicó la suspensión de algunas líneas durante mes y medio. El entonces secretario de Estado, Víctor Morlán, trasladó su residencia a Barcelona por una crisis que tuvo una masiva contestación social: 700.000 personas estallaron en las calles. Fue, también, un detonante del crecimiento del independentismo. Esto derivó en un traspaso en el 2009 a la Generalitat, que asumió los horarios, frecuencias y tarifas.
La crisis de socavones en Bellvitge de 2007 fue uno de los detonantes del auge independentista
Desde entonces, las incidencias han elevado la pugna política. El soberanismo ha presionado para avanzar más en el traspaso competencial. No obstante, el Estado es refractario a una cesión integral de la gestión de la infraestructura y del servicio. Para intentar encauzar las aguas se alcanzó el punto intermedio de la empresa mixta –influyeron las reticencias de los maquinistas–. Lo acontecido estos últimos días ha intensificado la voluntad del Govern y de ERC de dar protagonismo a esta sociedad para empezar a revertir la situación.
Este pulso ferroviario ha desatado nervios entre socialistas y republicanos y desde el martes las llamadas y reuniones han sido frecuentes. Por ahora, descartan que impacte en la estabilidad de la legislatura. Además, no hay una mayoría para reclamar el traspaso total, y Esquerra asume que habrá que ir por etapas. En el seno del independentismo hay diferencias sobre en qué manos debería recaer Rodalies: voces de Junts defienden que sea Ferrocarrils de la Generalitat de Catalunya, pero ERC lo ve perjudicial porque gestiona un modelo suburbano y no está capacitada –ahora– para absorber una red regional.
Si las soluciones van al ralentí, Rodalies seguirá siendo un elemento nuclear de la discusión política, con efectos imprevisibles.


