Cirque du Soleil despliega la magia de los insectos en su nueva gira europea ‘Ovo’

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La explosión de acrobacias y emociones del show en la noche de ayer revoluciona la Tarraco Arena 

El circo se transforma por Navidad

Cirque du Soleil Espectáculo 'Ovo' en Tarragona

Los contorsionistas asiáticos, alucinantes, son uno de los reclamos del espectáculo

Marie-Andrée Lemire

Un pequeño contorsionista asiático realiza estiramientos imposibles de sus extremidades, entre bambalinas, en los intestinos de la antigua plaza de toros de Tarragona, la inspiradora CaixaBank Tarraco Arena. Media docena de acróbatas escala por una barra vertical de acero, hasta las alturas, como si fueran bichos que trepan por el tallo de una planta.

El cautivador trajín, por obra y gracia de los ensayos previos al estreno en la noche de ayer de la gira europea de Ovo, el alucinante espectáculo del Cirque du Soleil inspirado en el mundo de los insectos.

Tarragona ha sido la ciudad elegida para abrir en Europa los secretos de Ovo —vocablo que significa ‘huevo’ en portugués— durante cuatro días, con cinco sesiones desde hoy viernes hasta el domingo, después del estreno de ayer. Casi sesenta artistas circenses, con siete músicos en directo, sumergen al espectador en una realidad paralela entre todo tipo de bichos, de las evocadoras libélulas a los enigmáticos escarabajos. Más de 16.000 personas han comprado su entrada de forma anticipada. Unos 4.000 espectadores pueden ver en directo cada función.

Casi sesenta artistas, con siete músicos en directo, sumergen al espectador en una realidad paralela entre todo tipo de bichos

Disciplinas aéreas y de suelo de alta precisión, saltos en trampolín, torres humanas —en una Tarraco Arena que acoge el Concurs de Castells cada dos años— y la coordinación coral que convierten cada escena en una fiesta de circo de altos vuelos.

El espectáculo, con sus orígenes creativos en Brasil (2009), es una cautivadora explosión de emociones y colores. Ovo, que se ha renovado, moverá por toda Europa (España, Portugal, Inglaterra, Francia, Italia, Eslovenia o Rumanía) y durante un año a más de un centenar de personas (53 artistas), además de la escenografía (21 camiones).

“Es un pueblo itinerante, con 100 personas de 25 nacionalidades”, destaca Janie Mallet, responsable de comunicación de Ovo.  Además, en cada destinación, como sucede ahora en Tarragona, Cirque du Soleil contrata a un centenar de operarios locales para montar y desmontar el escenario.

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La nueva propuesta es resultado de un descomunal esfuerzo artístico

Alba Marine / Colaboradores

Enorme despliegue y tremenda declaración de amor al mundo de los insectos, realidad oculta, explosión de vida tantas veces cargada de prejuicios. Descomunal esfuerzo artístico, con acróbatas que vuelan o contorsionistas que parecen desmontar sus extremidades.

Ovo impresiona por lo que se ve y por lo que no se ve, con el esfuerzo titánico para diseñar a mano cada una de las 800 piezas de ropa que transforman a los acróbatas en insectos de circo. Una incursión por el backstage permite ver la dimensión del espectáculo.

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La filosofía y la marca del Cirque du Soleil han transformado desde hace un par de semanas el antiguo coso taurino en un universo de bichos a los que el espectador acaba amando. La argentina Lola Pintos (23 años) es uno de los escarabajos voladores de Ovo. “Siendo un insecto hay mucho que explorar e imaginar, es un mundo increíble”, cuenta, exultante.

Con formación como gimnasta, se preparó expresamente en la técnica del vuelo aéreo para Ovo. “Es muy distinto hacer deporte que ser artista, con danza y teatro”, destaca Pintos. Nunca imaginó alcanzar el nivel necesario para entrar en la compañía de circo más exigente del mundo, con su sede en Montreal (Canadá). Sus conocimientos de acrobacia lucen sobre el escenario. Su cuerpo vuela más de seis metros, proyectado en un mundo en el que no paran de interactuar multitud de bichos.

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El espectáculo, cargado de vida y alegría, ya se ha visto ya en Estados Unidos o Canadá

REDACCIÓN / Otras Fuentes

Dominadora de una disciplina grupal equiparable al trapecio, Pintos es un escarabajo volador que se transforma también en una simpática abeja que anima a los espectadores en la primera parte del show.

Es un espectáculo cargado de vida y alegría que se ha visto ya en Estados Unidos o Canadá. Pasó también por México, lugar escogido para renovar la propuesta con todos los artistas que ahora forman parte de la gira europea.

“No se lo pueden perder, es un show hermoso para toda la familia, con un nivel acrobático superalto”, comenta Pintos, con una sonrisa que contagia alegría. Detrás de Ovo, obra coral que cuida hasta el más mínimo detalle, se esconde una historia de amor.

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