Luis, jubilado español en Tailandia, 68 años: “Con 20.000 euros aquí puedes construirte una casa y vivir tranquilo”
Jubilado en Tailandia
Este catalán vive con su pensión española, paga menos de 70 euros de luz al mes y asegura que en España no podría permitirse esta vida

Luis ha encontrado su lugar en Tailandia y de momento no piensa volver

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Luis se despierta cada día antes de que amanezca. A las tres y media, a veces a las cuatro de la mañana, cuando el calor todavía da tregua y el silencio manda en su rincón del noreste de Tailandia, lo que le permite realizar su rutina con tranquilidad. Prepara café, enciende el ventilador y se sienta en su porche, sin prisas. No hay despertador, ni tráfico, ni notificaciones urgentes. “No tengo ni tele”, dice. No porque no pueda permitírsela, sino porque no la necesita. “Se está más relajado así”, asegura en el canal del youtuber Sergio Castillo.
Tiene 68 años, es jubilado y vive en la región de Isan, lejos de las playas turísticas y del imaginario occidental de Tailandia. Allí construyó su casa con el dinero que había ganado trabajando en España, una vivienda sencilla, sin lujos, levantada sobre un terreno que está a nombre de su mujer, tailandesa. “Aquí el extranjero no puede tener tierras. O confías o no te quedas”, explica con naturalidad. Él confió. Y no se arrepiente.
Jubilado en Tailandia
Se levanta cada día a las 4 de la mañana
Su rutina es muy estable. Sale a caminar una hora cada mañana con sus perros, desayuna sin mirar el reloj y pasa el día entre lecturas, pequeños arreglos en casa y descansos largos. Come temprano, cena sobre las seis de la tarde y a las nueve ya está recogido. La noche, como casi todo allí, llega antes. “He hecho mucha vida nocturna en España. Aquí ya no me apetece”, explica.

Aun así, Luis no idealiza Tailandia, pero sí subraya el contraste constante con España. Habla del ruido, del estrés, de la sensación permanente de urgencia. “Aquí nadie pita, nadie te empuja. Si algo no sale, no pasa nada”. Esa calma, insiste, no es postureo espiritual, sino una forma de vida que se contagia. “Te das cuenta de que muchas cosas no eran tan importantes como piensas”, resume.
El dinero, claro, también cuenta. Con una pensión modesta, en España iba justo, mientras que en Tailandia vive holgado. “Una persona con 20.000 euros aquí puede hacerse una casa”, asegura. La electricidad ronda los 60 euros al mes, la fruta es abundante y barata, y los mercados funcionan de madrugada, cuando el producto llega directo del campo. “Aquí la fruta no pasa por cámaras. Se nota”, afirma.
El problema aquí no es enfermar, es no tener un pequeño colchón
La sanidad es uno de los puntos que más sorprende. Sin seguro privado, pues no le aceptan por su historial médico, acude a hospitales públicos tailandeses. “Me han tratado mejor que en muchos hospitales de España”, dice sin titubeos. Ha pasado por pruebas complejas y operaciones pagando cantidades que considera ridículas en comparación con el sistema privado occidental. “El problema aquí no es enfermar, es no tener un pequeño colchón”, sostiene.

Su relación de pareja también rompe esquemas. Su mujer es 19 años más joven, trabaja cuando hace falta y gestiona la casa. Él no se presenta como un jubilado acomodado, sino como alguien que ha tenido que aprender a ceder control. “Aquí o te adaptas o te frustras”, resume. No romantiza: insiste en que hay que saber con quién te relacionas y no confundir Tailandia con una postal permanente.
Luis no recomienda su vida a todo el mundo. “Si te gusta la juerga, este no es tu sitio”, advierte. Tampoco cree que jubilarse fuera sea una huida, sino una elección consciente. “Yo no he venido a buscar nada. He venido a estar tranquilo”. Por eso, cuando se le pregunta si piensa volver a España, simplemente se encoge de hombros: “Mi vida ahora está aquí”. Y vuelve a sentarse en su butaca, café en mano, mientras el día avanza despacio, como casi todo en su nueva rutina.