Patricia Vera, 30 años: “Como estaba delgada, pensaba que no me hacía falta hacer deporte ni comer bien, pero cuando daba tres pasos ya estaba agotada y mareada”
Cambio físico
Patricia Vera hizo su gran cambio físico y mental tras tocar fondo a los 20 años: “Mis migrañas venían de la autoexigencia y de no cuidarme”

Patricia Vera

Patricia Vera, de 30 años, lleva casi diez descubriendo cómo el ejercicio puede transformar la vida de una persona. Diferentes momentos complicados marcaron un antes y un después en su vida y le hicieron comprender que necesitaba un cambio. A los 20, sintió que debía reconectar consigo misma y encontrar un equilibrio que hasta entonces le había resultado complicado.
Poco a poco, a través del deporte, Patricia fue construyendo no solo fuerza física, sino también seguridad y confianza. Lo que empezó como una necesidad personal se convirtió en un camino de autodescubrimiento, en el que aprender a cuidarse y valorarse se convirtió en la clave para transformar su cuerpo y su mente. Ahora, a través de planes de entrenamiento y nutrición, ayuda a otras mujeres a ganar músculo, autoestima y energía.
¿Cómo es entrar en el mundo de los certámenes de belleza siendo tan joven?
Yo era muy delgada y extremadamente tímida. Con 19 años, casi 20, conocí a José, mi pareja, gracias a Miss Mundo Málaga, un certamen al que me presenté y en el que él también participó durante un tiempo. Siempre me había atraído el mundo del modelaje, pero mi madre me aconsejaba esperar hasta los 18 para empezar. Cuando cumplí la mayoría de edad, me inscribí en agencias de modelos y comencé haciendo catálogos y sesiones fotográficas. Después llegó el certamen, que requería exclusividad, así que dejé un poco el modelaje para centrarme en él.

Para alguien tan tímida como yo, todo fue un reto, cada experiencia era nueva y desafiante. En los certámenes hay de todo, y aunque mi autoestima no era altísima, contaba con una base que me ayudaba a relativizar ciertos comentarios, como cuando me dijeron que debía perder más peso, algo que ya no era necesario. Muchas de mis compañeras sufrían con las exigencias físicas exageradas, y yo también aprendí que, aunque ya era delgada, descuidar la alimentación y el deporte pasaba factura: me cansaba con solo dar tres pasos. Fue entonces cuando empecé a cuidarme de verdad, y el cambio fue brutal.
Ha hablado de que durante esa etapa de su vida se sentía débil, sin energía, con dolores de cabeza y problemas de espalda. ¿Cómo recuerda esas sensaciones?
Sí, porque antes de conocer a José (que es entrenador), no hacía nada de deporte y tampoco comía bien. Como ya estaba delgada, pensaba que no me hacía falta ni cuidarme con la alimentación ni hacer ejercicio. Esa era mi mentalidad en ese momento. Poco a poco comencé a aprender qué era una buena alimentación, como por ejemplo qué son los carbohidratos, las proteínas, las grasas, qué aporta cada alimento y de dónde viene la energía. Yo apenas comía verduras, frutas o proteínas, así que estaba muy débil y con muy poca energía.
A la mínima que hacía un esfuerzo físico me agotaba. Daba tres pasos y ya estaba cansada. Además, tenía los hombros hacia delante, muy encorvada. Parte de eso también venía de la timidez, de esa postura corporal tan cerrada. Cuando empecé a aprender y a cuidarme, el cambio fue brutal. No solo el físico, que es progresivo y lento, sino sobre todo la mentalidad y la autoestima. En ese aspecto soy otra persona.
¿Cómo eran esas migrañas y de dónde cree que venían esos dolores de cabeza?
Sobre todo venían de la autoexigencia y del no cuidarme. No hacía deporte, no comía bien y además me exigía muchísimo, especialmente durante el bachillerato. Me hicieron pruebas de todo tipo y no encontraron nada físico. Era pura presión interna. Cuando empecé a entrenar, a cuidarme y a mejorar mi alimentación, eso cambió por completo. Hoy en día apenas tengo dolores de cabeza.

A nivel de autoestima y mentalidad, ¿qué cambios ha notado?
Era extremadamente tímida. Me costaba muchísimo hablar. Al empezar a sentirme más fuerte, a darme cuenta de que era capaz de hacer cosas, fui cambiando poco a poco. Empecé a abrirme más, a decirme: “puedo hacer esto”, “puedo hacer lo otro”. De pequeña, con cuatro años, aún no sabía hablar bien. Me costaba mucho expresarme, en el colegio me llevaban al pedagogo porque no me salían las palabras. Eso marcó mucho mi infancia: me costaba leer en público, hablar delante de la gente, salir a la pizarra. Todo eso me daba pánico.
El modelaje me gustaba porque no tenía que hablar, solo era imagen. Pero YouTube fue un reto enorme. Al principio apenas me salían las palabras. De hecho, aún guardo vídeos de esa súper tímida delante de la cámara. Poco a poco, gracias al crecimiento del canal, fui venciendo ese miedo. No fue nada fácil. Muchas veces me bloqueaba, lloraba, no me salía la voz.
Por tanto, el deporte no solo supuso un cambio físico, sino una forma completamente distinta de ver la vida.
Totalmente. Fue un cambio brutal en todos los sentidos: más energía, desaparecieron los dolores de espalda, mejoraron muchísimo las migrañas que sufría.
¿Qué le llevó a empezar a cambiar y a formarse en este nuevo camino?
La verdad es que no hubo un momento concreto, sino que fue un proceso progresivo. Me fui dando cuenta de todo lo que tenía por mejorar, tanto a nivel físico como mental. Estudié un módulo superior de edificación, que no tenía nada que ver con lo que hago ahora. Pero después de descubrir que me gustaba todo lo que estaba relacionado con el ejercicio, empecé a estudiar muchísimo. Yo no era de leer, pero me leí todos muchos libros de anatomía, de ejercicios, de musculatura, de esqueleto… y también de mentalidad, autoconocimiento y autoayuda. Eso me abrió muchísimo la mente. Entendí que no estaba todo cerrado, que todo se podía mejorar. La forma en la que te miras y te hablas determina cómo avanzas. Si te dices que eres tonta o fea, eso es lo que acabarás creyendo. Pero si te dices “puedes”, “vales”, eso es lo que construyes.
¿Qué consejo daría a las personas que se sienten perdidas y no saben por dónde empezar, como usted se sentía en su momento?
Sobre todo, que no se agobien y que vayan paso a paso, escuchando a su cuerpo. Uno de los errores más comunes es querer hacerlo todo de golpe. Empiezas con demasiada intensidad, te excedes y eso genera frustración. Al segundo día tienes agujetas, dolor y piensas que no es para ti.

Lo ideal es empezar muy poco a poco y, si es posible, contar con una guía, ya sea online o presencial. En Málaga Entrena damos muchos consejos y, en el asesoramiento personalizado, adaptamos todo a cada persona, porque cada cuerpo es un mundo. No todo vale para todo el mundo.
Y para quienes no son capaces de ver su propio potencial, ¿cómo se empieza a desarrollarlo?
Tiene muchísima importancia. Muchas veces somos nuestros peores enemigos y nos hablamos fatal. Eso influye muchísimo, tanto en un cambio físico como mental. Si no te cuidas y no te valoras, te costará mucho lograr cualquier cosa, ya sea a nivel personal, profesional o físico. Hablarse bien y cuidarse es la base de todo.

