Salvador Rovira, 62 años, secretario de una lonja de pescadores: “Solo hay 26 pescadores y antes éramos 160; acabaremos comiendo solo pescado importado de fuera”
Profesiones
Cada vez menos pescadores son parte de uno de los oficios más antiguos del mundo. Duros horarios y condiciones cada vez más precarias son algunos de los motivos que relata Salvador Rovira, secretario de la lonja de pescadores de Sant Feliu de Guíxols, para Guyana Guardian
“Hemos pasado de más de una veintena de barcas a solo 12”, relata

Salvador Rovira, 62 años, secretario de una lonja de pescadores

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Salvador Rovira es secretario de la lonja de Sant Feliu de Guíxols desde hace 38 años. Dentro de un sector que ha sufrido año tras año grandes cambios, subirse a una barca y pescar es una profesión cada vez menos escogida por los jóvenes.
Y es que, como bien indica el experto, sus duras condiciones laborales y el pesado sistema burocrático no acompaña a que, incluso, los propios pescadores actuales animen a sus hijos a continuar con su legado. Rovira cuenta para Guyana Guardian las nuevas trabas con las que se encuentran y los motivos reales por los que la pesca de proximidad está desapareciendo.
La pesca
Una profesión que desaparece
Cuando miras la cofradía, la lonja y las prácticas pesqueras, ¿qué es lo que más ha cambiado?
Lo que más ha cambiado es el desastre en la cantidad de barcas que han ido desapareciendo y la falta de pescadores que hay actualmente. Sant Feliu está perdiendo todo un pasado muy fuerte de gente vinculada a la mar como pescadores.
Si miramos las estadísticas, actualmente hay unos 26 pescadores, cuando en los años setenta había entre 150 y 160 tranquilamente. Hemos pasado de más de una veintena de barcas a solo 12. Y de las barcas grandes, que en aquella época solían llevar a 12 personas, ahora solo queda una. La caída es terrible. La mar es peligrosa, no atrae y no hay relevo generacional.

La gente seguirá consumiendo pescado. ¿Cuál es la solución entonces?
La gente seguirá consumiendo, pero será pescado de fuera. Está el acuerdo de Mercosur y también las campañas del Estado a favor de las piscifactorías y las granjas, que no ayudan a que la pesca siga creciendo. Al final se acabará consumiendo pescado que no es de kilómetro cero.
¿Qué pasará con los pescadores que consigan aguantar?
Los pocos que puedan aguantar se ganarán muy bien la vida, porque el pescado de kilómetro cero es un pescado bueno y de calidad. Los que puedan soportar el golpe sobrevivirán y vivirán bien. Eso sí, las condiciones laborales seguirán siendo muy difíciles.
La mayoría de los pescadores están en los cincuenta y, con los coeficientes reductores de la pesca, se jubilarán en los próximos años
¿Qué ocurre con los pescadores jóvenes?
Actualmente, quedan muy pocos pescadores menores de 40 años. La mayoría están en los cincuenta y, con los coeficientes reductores de la pesca, se jubilarán en los próximos años. Después, una barca que necesite siete u ocho personas tendrá muchas dificultades para encontrar gente. Desde hace diez o quince años notamos esta falta de relevo.
¿Por qué la pesca ha dejado de ser atractiva?
Porque los horarios son muy duros y porque no hay seguridad económica. En modalidades como el cerco se sale por la noche y se vuelve por la mañana. Se vive al revés que el resto de la gente, se trabaja mientras los demás duermen.

¿También influye el sistema de remuneración?
Sí. Se trabaja “a la parte”, un sistema que se debería haber cambiado hace mucho tiempo. Tú sales a pescar y no sabes cuánto pescado capturarás ni a qué precio se venderá en la subasta. Dependes de si el mayorista te compra el pescado o no. En un mercado globalizado puedes llegar con muchas cajas pensando que ganarás dinero y encontrarte con el mercado saturado porque ya ha entrado pescado de Italia, Marruecos u otros países.
¿Qué reclaman los pescadores en este sentido?
Hoy en día la gente quiere un trabajo con un salario fijo. En la pesca debería existir un salario mínimo asegurado y un complemento en función de las ventas. Eso no existe y se tendría que haber hecho hace mucho tiempo.
Además de dura, ¿la pesca también está lastrada por la burocracia?
Sí, y cada día más. Hay muchísimos inspectores: veterinarios, del Ministerio de Agricultura y Pesca, de la Generalitat, de sanidad, de la Guardia Civil… Al final parece que el pescador sea un delincuente, porque cada dos por tres hay inspecciones.
Muchas normativas vienen de Bruselas y no tienen nada que ver con la pesca mediterránea, donde los barcos entran y salen el mismo día. Se piden cosas imposibles, como declarar con antelación exacta cuántas cajas y especies llevas, incluso en alta mar y con mal tiempo.
¿Qué consecuencias tiene eso?
Que se retrasa la entrada a puerto y el pescado se vende más tarde. El pescado se vende a primera hora de la mañana y, si llegas tarde, pierde valor. Al final estas normativas perjudican directamente al pescador.
Es un problema que afecta a todo el sector primario. Agricultores y ganaderos también se han manifestado muchas veces por la burocracia excesiva.
¿La tecnología ha ayudado al sector?
Ha beneficiado mucho. Hoy, con radares, se controla mejor dónde está el pescado, se hace una pesca más correcta y se evita capturar pez inmaduro. Además, hay maquinaria que separa el pescado por especies y tamaños, lo que agiliza mucho el trabajo. Barcos que antes necesitaban 12 hombres ahora pueden trabajar con 8.
¿Qué obstáculos se encuentra un joven que quiere ser pescador?
Desde un inicio necesita muchísimos títulos y una gran primera inversión: formación, darse de alta en la Seguridad Social del Mar, una libreta marítima sin saber siquiera si podrá embarcar... La formación debería ser combinada, con prácticas en el mar, para saber si realmente es un trabajo que puedes asumir.

¿Y a la hora de comprar una barca?
Una barca cuesta mucho dinero. Hay ayudas, pero solo si la embarcación cumple ciertas condiciones. El problema es que esas barcas suelen ser inaccesibles económicamente para un joven. Es como si te ayudasen a comprar un Ferrari cuando tú solo puedes permitirte un coche viejo para empezar.
¿Qué cambios serían necesarios?
Cambiar las condiciones de acceso, el sistema de remuneración y hacer una campaña muy fuerte desde las administraciones y las escuelas para explicar que la pesca es un oficio válido.
Hoy parece que tenga más valor ser influencer o youtuber que pescador. Es un oficio que estamos dejando extinguir.
¿Ha cambiado la forma de pescar en cuanto a sostenibilidad?
Durante muchos años se hizo muy mal, capturando peces pequeños. Eso ha cambiado. Ahora se utilizan redes más adecuadas y los pescadores hacen paradas voluntarias para permitir la reproducción. El primer defensor del mar es el pescador, porque le conviene.
Si la pesca desaparece, ¿qué pierde Sant Feliu de Guíxols?
Pierde identidad. Hoy quedan poco más de 20 pescadores y solo cinco tienen menos de 40 años. Muchos padres ya no quieren esta vida para sus hijos. Y no es un problema solo de aquí: es una situación generalizada en toda la costa.

