Relatos

Anna Carbonell, madre de dos hijos: “Les pusimos mi apellido, tras reflexionar que estas tradiciones se cumplen por inercia”

Decisiones

Anna Carbonell y su pareja querían decidir el orden de los apellidos al azar junto a ambas familias, pero temieron que se viviera como una competición entre linajes

Anna tenía claro que el orden de los apellidos, aunque no fuera lo más importante, era una decisión que debía tomarse en pareja.

Anna tenía claro que el orden de los apellidos, aunque no fuera lo más importante, era una decisión que debía tomarse en pareja.

La elección del orden de los apellidos sigue siendo, para muchas familias, una decisión marcada por la tradición. Sin embargo, cada vez hay más mujeres que se detienen a reflexionar sobre el significado de ese gesto. Un ejemplo es Anna Carbonell, madre de dos hijos, que tras quedarse embarazada se cuestionó no solamente el nombre de su primer hijo, sino también el orden de sus apellidos. 

Esta decisión no fue para nada fácil ni pasó desapercibida. De hecho, cuando ella lo compartió en sus redes sociales, los comentarios negativos no pasaron desapercibidos; a él le llamaron “calzonazos” y a ella “feminazi”. En cambio, para otros fue un momento que invitaba a reflexionar sobre cómo el orden de los apellidos refleja tradiciones que históricamente han favorecido el hombre. Frente a esto, la pareja decidió romper con la norma y elegir el orden al azar, asegurándose de que la elección fuera intencionada. “Lo que para mí importaba era que si salía el suyo no fuera porque la tradición lo imponía, sino porque lo habíamos decidido así conscientemente”, explica Anna en una entrevista para Guyana Guardian.

Anna y su familia celebrando la Navidad. 
Anna y su familia celebrando la Navidad. Cedida

¿En qué momento empezaste a cuestionarte la tradición de que los hijos lleven primero el apellido del padre?

El dilema con el tema de los apellidos nació en mí misma cuando me quedé embarazada. Me empecé a cuestionar los nombres que podría tener el bebé y allí apareció la duda del apellido. Pensé: “¿Por qué tiene que ir primero el de mi marido? ¿Qué tiene él que no tenga yo?”. Mi pregunta era simplemente esa: ¿por qué? 

Y cuando empiezas a pensar el porqué, te das cuenta de que esta tradición viene de una historia muy concreta, de cuando las mujeres éramos propiedad del padre y luego del marido, sin identidad propia. Hoy en día, no se hace por ideología, se hace por inercia.  

¿Cómo fue la conversación con tu marido?

Se lo comenté sabiendo muy bien con quién me había casado. Me dio la razón. No intentó rebatirlo ni usar el argumento de “siempre se ha hecho así”. Se subió a mi barco muy rápido y eso me lo puso todo mucho más fácil. Los dos teníamos claro que no queríamos imponer el apellido al otro. Yo no quería poner el mío por encima del suyo, ni él encima del mío. No somos más importantes el uno que el otro, ni por linaje ni por familia.

Barajamos varias opciones, pero como no teníamos preferencia real por ninguno de los apellidos, decidimos hacerlo al azar. Lo que para mí importaba era que, si salía el suyo, no fuera porque la tradición lo imponía, sino porque lo habíamos decidido así conscientemente. 

Si te preguntas por qué el apellido del hombre va primero y buscas el origen, te das cuenta de que viene de cuando la mujer no tenía identidad propia dentro de la familia

Anna Carbonell

Madre

¿Cómo decidisteis al final?

Al principio queríamos hacerlo con toda la familia junto con la revelación del sexo del bebé. Queríamos una celebración conjunta, pero al final no nos pareció buena idea porque me daba miedo que se viviría un momento tan bonito como una competición entre familias.

Las generaciones anteriores no están preparadas para este cambio y no quería arriesgarme. Al final, lo pospusimos tanto que se decidió en el momento del paritorio. Cuando nació mi hijo, la comadrona nos preguntó qué apellido poner. Nos miramos, sacó un papelito e hizo el sorteo allí mismo. Salió mi apellido.

¿Cómo te sentiste cuando salió tu apellido primero?

Siendo honesta, me daba igual. Incluso, por cómo suena, hasta me gustaba más el suyo. Pero me hizo ilusión la forma en que lo habíamos decidido. Me sentí orgullosa por el proceso, no el resultado; de no haber dejado que la tradición decidiera por nosotros. 

Al mismo tiempo, sentí una culpabilidad muy rara, porque tenía la sensación de que le estaba quitando algo que era suyo por inercia. Es una sensación ambivalente, pero luego lo piensas en frío y dices: ¿qué tontería es esta? Pero en ese momento lo sentí así.

Anna Carbonell en el paritorio.
Anna Carbonell en el paritorio.Cedida

¿Cómo reaccionaron vuestras familias? ¿Y vuestros amigos?

Nadie se lo esperaba. En mi familia nunca se lo habían planteado, pero lo entendieron bastante bien. En la familia de mi marido hubo un poco de todo; algunos nos apoyaban mucho y otros usaron el argumento de “siempre se ha hecho así”. Sin embargo, no hubo ningún drama familiar, pero entiendo que no todo el mundo lo viva de la misma forma porque no es un tema que se cuestione mucho.

Nuestros amigos se lo tomaron muy bien, la reacción fue muy positiva. De hecho, muchas amigas les encantó y algunas que han sido madres después también se lo han planteado o lo han hecho. Para mí eso ya es importante, porque no se trata de que todo el mundo haga lo mismo, sino de abrir la reflexión y no hacer las cosas por costumbre. Los peores comentarios que hemos recibido son, de hecho, de las redes sociales.

¿Qué tipo de comentarios recibías?

Aunque tenía comentarios positivos, había muchos comentarios negativos. A mi marido le decían “calzonazos”, cuestionando su masculinidad y a mi “feminazi”. Incluso había mujeres que criticaban esta decisión. También recibía muchos comentarios que decían que “ahora a todo se le llama machismo”. 

Lo que más me llamaba la atención es que no era una crítica desde el argumento, sino que recurrían directamente a la falta de respeto. Y eso dice mucho más de ellos que de mí o de nuestra decisión.

Ojalá mis hijos lo tengan tan interiorizado que ni siquiera se lo cuestionen 

Anna Carbonell

Barcelona

¿Crees que decisiones como esta, aunque parezcan pequeñas, pueden generar un cambio social?

Sí, totalmente. Son decisiones pequeñas, pero abren dilemas. Ojalá más gente se parara a pensar y dejara de hacer las cosas solo porque es lo que se espera de ti. No importa tanto el resultado final, sino el hecho de reflexionar y decidir en igualdad.

Lo que incomoda es la carga social. Está tan normalizado que incluso hay gente feminista que lo ve como algo neutro. Está tan camuflado que no se percibe como machismo, pero lo es. El machismo más persistente es todo aquello que no se cuestiona.  Cuando lo analizas, te das cuenta de que viene de una tradición que deja a la mujer en un segundo plano. 

Anna y su hijo en la nieve.
Anna y su hijo en la nieve.Cedida.

¿Crees que muchas personas sigues esta tradicón por conviccion o por miedo a salirse de la norma?

Mucha gente no se lo cuestiona porque pesa la tradición y porque no hay suficiente información. Hacer ruido es importante porque ver a otra persona hacerlo puede ser justo lo que necesitas para cuestionarte algo que dabas por hecho. Creo que ayudaría mucho que hubiera más difusión, ya sea desde el Ministerio de Igualdad o desde otras entidades; de esta forma la gente sería más consciente que hay esta opción y estaría más normalizada.

Si tus hijos te preguntaran algún día por qué llevan sus apellidos en ese orden, ¿qué te gustaría que entendieran?

Me encantaría que no quisieran poner su apellido primero solo por ser hombres. Ojalá lo tengan tan interiorizado que ni siquiera se lo cuestionen y pregunten simplemente: “¿Cómo lo hacemos? ¿Sorteamos? ¿Qué prefieres?”.  Para mí eso sería lo mejor que me podría pasar. 

Como madre, ¿cuál es la idea más errónea que tenemos sobre la maternidad?

Hay una idea muy común que no lo entiendes hasta que lo vives; cuando te dicen que tu vida va a cambiar, es totalmente cierto. Antes de ser madre piensas que no vas a perder tu identidad y luego te das cuenta de que sí, que cambia todo y que siempre vas a priorizar a tu hijo antes que a ti misma. Y eso, en realidad, es muy bonito.

Nabila Bourass El Haddaji

Nabila Bourass El Haddaji

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Licenciada en Humanidades y Periodismo por la Universidad Pompeu Fabra, con experiencia en SEO y gestión de redes sociales como community manager. Actualmente, trabajo como redactora de audiencias en Guyana Guardian.