Adelina Ruiz, madre de bebés robados: “Mucha gente piensa que esto pasó en los años cuarenta y no es así, ha pasado hace poco”
Reparación y justicia
La presidenta de SOS Bebés Robados Cataluña explica que cómo le arrebataron a sus hijas durante el parto

Adelina Ruiz durante la campaña 'Te estamos buscando'

La pérdida deja un vacío que nunca se cierra del todo. Es como si la sombra de lo que debería estar allí te persiguiera a donde vas, de manera silenciosa y constante. Adelina Ruiz conoce bien esa ausencia. El 11 de diciembre de 1980 dio a luz a dos niñas, pero antes de poder abrazarlas, se las robaron. Le dijeron que las pequeñas habían muerto, pero nunca se lo creyó. Desde entonces, ha dedicado su vida a reconstruir este puzzle roto, entre documentos incompletos y contradicciones variadas.
“Soy una madre víctima que busca a sus hijas”, se presenta. Su carácter firme y decidido transmite la fuerza de una búsqueda que continúa, pero su mirada no esconde la tristeza de este horror. Su embarazo llegó un año después de casarse con Manel. “La sorpresa fue cuando nos dijeron que llevaba dos, porque nosotros pensábamos que en la familia no había casos de gemelos, pero resultó que sí”, recuerda.
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El nacimiento de sus hijas
Una noche de diciembre, Adelina rompió aguas. Sin demora, se dirigieron a La Maternitat, donde la dejaron ingresada durante dos semanas en una sala en la zona vieja del centro. Ella se encontraba bien. No tenía dolores extraños, ni anomalías aparentes. Aun así, la dejaron allí hasta el 8 de diciembre de 1980. “No lo olvidaré nunca. Fue el día que asesinaron a John Lennon cuando me dijeron que me tenían que provocar el parto porque una de las criaturas había muerto”, relata.

El 11 de diciembre, alrededor de las 19:00 h, la sala se llenó de gente a la que Adelina no reconocía. “Recuerdo pensar que, como era el primer parto y gemelar, estaban allí porque era especial”, manifiesta. Después de realizarle una maniobra, ahora no recomendada, Adelina dio a luz. “Nació la primera niña, yo la vi, pero no me la enseñaron. Después, salió la otra. A las dos las envolvieron en una tela verde y se las llevaron”, cuenta.
Me dijeron que me tenían que provocar el parto porque una de las criaturas había muerto
Sin entender qué ocurría, le comunicaron que iban a sedarla a pesar de estar bien. Mientras tanto, las enfermeras explicaban a su marido y a su madre una versión que no concordaba con la realidad: “Que yo estaba muy mal, que peligraba mi vida, que si una niña estaba muy mal… Les estaban preparando”, enumera Ruiz.
Que te roben lo que más quieres
Cuando se despertó tras aquella sedación, empezó su pesadilla. “Me dijeron directamente que se habían muerto. No me las dejaron ver”, manifiesta. Al mismo tiempo, Manel buscó al médico responsable y, al ver que no había explicaciones normales, “lo agarró por la pechera y vinieron guardias de seguridad para echarlo”.

Durante días, las incoherencias continuaron: la obligaron a levantarse a pesar de su debilidad, le hicieron transfusiones sin saber por qué y no le proporcionaron medicación para la subida de la leche. Cuando, por fin, pudieron irse a casa, “mi marido fue a buscar el informe médico y le dijeron que nos lo darían cuando me visitara el médico durante la cuarentena”.
Adelina y Manel regresaron a casa “destrozados”, con un peso en el corazón que afectó a su forma de ser. “Mi comportamiento ya no ha vuelto a ser el mismo. Se acabó dormir una noche entera”, expresa. Cuando, por fin, les visitó aquel médico, este les dio una nueva versión de lo sucedido: “Nos dijo que las niñas habían nacido vivas, pero no habían considerado ponerlas en una incubadora y que se las habían llevado a Madrid para analizarlas”, dice.
Nos dijo que las niñas habían nacido vivas, pero no habían considerado ponerlas en una incubadora
Una noticia impactante que dejaba aún más preguntas sin responder. “Éramos el último mono. Éramos el fruto que ellos querían sacar y punto. No éramos nada, no teníamos derecho a nada”, afirma, rotunda, Ruiz. Desde ese momento, Adelina y Manel tomaron una decisión clara para sobrevivir: “De esto no hablaremos porque nos hace mucho daño. Solo llorábamos”.
El inicio de la búsqueda
Un año después, un artículo en la revista Interviú sobre bebés robados, empujó a la pareja a insistir en obtener el informe médico, sin resultados. Sin olvidar lo sucedido, decidieron formar una familia. “Mis hijos siempre han sabido que habían tenido dos hermanas, pero de eso no se hablaba en casa”, manifiesta.
Hasta hace dieciséis años, cuando un documental confirmó sus sospechas: “Salían madres a las que les había pasado lo mismo que a nosotros. ¡Era el mismo caso, el mismo! Reventé a llorar, no recuerdo haber llorado nunca así”, explica. Esto les llevó a contactar con la primera asociación y a recopilar pruebas. “Volví a La Maternitat e hice una solicitud formal para recibir mi informe médico. Pero no nos daban respuesta”, manifiesta. Cuando, finalmente, pudieron hablar con quien llevaba esta gestión, les aseguraron que no eran el único caso en el que no se encontraban los informes.

Tampoco tuvieron suerte en el registro civil, donde no existía ninguna referencia a sus hijas. “Vivas o muertas, en el registro debían estar, pero no”, cuenta. La siguiente pista los llevó a los cementerios de Barcelona. “Nos dijeron que habían encontrado una notificación de una criatura femenina que había estado enterrada dos años en un nicho a nuestro nombre, procedente de La Maternitat, pero como nadie la había reclamado, la habían puesto en fosa común. Nadie nos dijo nada de esto”, recuerda.
Compañerismo y visibilidad
A pesar de callejones sin salida y denuncias archivadas, Adelina no ha desistido. Una lucha que la ha llevado a la presidencia de SOS Bebés Robados Cataluña. “Es muy importante este contacto con los compañeros porque nadie puede entenderte de la misma manera que otra víctima”, afirma. Precisamente, una de las primeras personas que se erigió como un referente es María Bueno. “Cuando empezamos a tener ya contacto con las asociaciones de víctimas, ya empecé a escuchar hablar de María Bueno. Es una madre de Andalucía que está buscando a su hija, con una gran formación académica y, sobre todo, una gran persona”, destaca Adelina.
“Cuando la conocí personalmente, que fue en el año 2014, se puede decir que fue como un flechazo y desde ese momento ha sido y es una persona que tengo muy arraigada en mi corazón, igual que Ana Páez, que es la secretaria de nuestra asociación. Desde el minuto cero, que nos juntamos las tres, siempre hemos dicho que somos unas hermanas del alma”, asegura Adelina.
Nadie puede entenderte de la misma manera que otra víctima
“Todo el trabajo que esta mujer lleva haciendo tantos años lo ha puesto al servicio de todos”, insiste. Su perseverancia y sabiduría les ha permitido “llegar a Naciones Unidas” y “gracias a ella, se ha puesto una denuncia ante el defensor del pueblo”. Más aún: ella fue la primera en registrar a su hija robada y darle identidad civil. Un trámite al que Adelina y otras familias han podido adherirse. “El pasado noviembre pude tener su nombre registrado. Mis hijas, Jasmina y Virginia, están registradas con su nombre y apellido. Esto es una batalla ganada”, afirma.

También ha sido clave en la creación de la Plataforma Internacional Te Estamos Buscando, en 2017, junto a otros apoyos inesperados como Carolina Escudero y su marido, Tomàs Prola, dos profesores de Argentina. “Todo esto ha sido a su trabajo, ella no ha querido nunca ponerse ninguna medalla, pero es que las tiene todas”, añade.
Además, pudieron contactar con la cooperación REDS, que trabaja con madres de desaparecidos en Latinoamérica. Con su ayuda, se creó un cuaderno de búsqueda de los casos y se produjo un cortometraje. A estas colaboraciones se suman las acciones más locales, como las charlas en colegios. Mucho movimiento para que los casos de estas madres no caigan en el olvido.
“La gente nos pregunta: ‘¿Qué podemos hacer?’ Difundir, sobre todo la gente joven. Que llegue a la gente, que sepan lo que está pasando. Mucha gente piensa que esto pasó en la década de los cuarenta y ya está. Y no. Ha pasado hace poco y tenemos gente muy cerca a quienes les ha ocurrido. Necesitamos que nos escuchen, que esto no vuelva a suceder”, asegura.
Un poco de reparación
Después de tantas décadas luchando, Adelina tiene claro lo que quieren las madres afectadas: “Queremos saber la verdad y tener justicia, aunque no sé si la sabremos algún día. Es muy duro. Te haces mayor y la fuerza no es la misma, pero se tiene que hacer. Lo único que pedimos es verdad y justicia, que a veces dudas si existe”, explica.

Aun menos ahora, puesto que “desde hace cinco años, estamos más hundidos en Cataluña”. A pesar de que se aprobó una ley de separaciones forzadas de menores, “aquí no se ha hecho nada”, se queja Adelina. “No hay dotación económica, ni voluntad política.
No hay dotación económica, ni voluntad política
Eso sí, reconoce que cuando se encontraron con el director general de Memoria Histórica, se sorprendieron al ver que “venía con los deberes hechos, papeles preparados y toda la información”. No solo esto, sino que también “nos ha pedido perdón, nos ha dicho que es cierto que vayamos tarde y que tiene ganas de hacer cosas”.

Un reconocimiento que también forma parte de los objetivos de las madres víctimas. En el caso de Adelina, hubo una pequeña luz al poder hacer ese registro con el nombre de sus niñas. “Quiero que mis hijas sepan que nosotros no las abandonamos”, apunta.
Una mirada hacia el futuro
Desde aquel 11 de diciembre de 1980, la resiliencia se ha convertido en uno de los principales valores de Adelina. Nunca ha dejado de buscar y reivindicar, a pesar de su propio dolor., reflexiona. Su voluntad de seguir adelante se ha mantenido, incluso cuando la vida no daba tregua. “Mi marido murió hace doce años. Fue muy duro”, expresa, emocionada, antes de continuar: “El día que murió Manel, noté como una fuerza que me entraba dentro. Y el otro día, un amigo me dijo: ‘Es que tú no solo estás buscando a tus hijas, estás buscando también a las hijas de Manel”.
Toma nota
Lo que no se sabe del robo de bebés
“Hay nombres muy importantes detrás, es una parte negra de la historia de este país que se ocultar”
“Cada vez que hay un gobierno nuevo, tenemos que volver a llevar todos los documentos”
“Piensas: ‘¿Por qué me ha tocado a mí?’ Pues, porque estábamos en el momento equivocado en el lugar inadecuado”
Una voluntad que todavía lo empuja, ayudada por el apoyo de sus hijos, hermanos, amigos y compañeras. “Cuando siento que no puedo más, sigo adelante porque tengo que llegar al final. Aquí estaré. El día que llegue, será por todas. Yo no solo estoy aquí por mí, estoy aquí por todas”, afirma.
La voz de Adelina, acompañada de todas las demás madres afectadas, se levanta con valentía para reclamar verdad, justicia y reconocimiento por todos los bebés robados y sus familias. Escucharlas es sentir el dolor que atraviesa décadas y conocer uno de los capítulos más oscuros de nuestra sociedad. Sus historias nos recuerdan que la justicia, cuando se demora tanto, acaba convirtiéndose en una deuda social.
