Relatos

La pastelería con 174 años de historia en el centro de Barcelona que ha visto pasar la Guerra Civil: “Las recetas siguen siendo las mismas”

Negocios con carácter

La pastelería La Colmena sigue endulzando el centro de la ciudad de Barcelona con las recetas que tanta identidad le aportan

“El producto no ha cambiado”, cuenta el actual propietario, José María Roig

Foto antigua de La Colmena

Foto antigua de La Colmena

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La zona del Gótico, en pleno centro de Barcelona, es uno de los espacios donde la historia de la ciudad se manifiesta con más claridad. Sus edificios han sido testigos silenciosos de algunos de los episodios más relevantes del pasado, desde la Guerra Civil hasta Els Fets d'Octubre. Quien ha sido testigo de todos ellos es la pastelería La Colmena, uno de los negocios más antiguos de la ciudad, que lleva más de 175 años observando cómo Barcelona cambia a su alrededor.

Fundada alrededor de 1849, la pastelería nació bajo el nombre de Ca l’Abella, una denominación ligada tanto a su actividad como al edificio que la albergaba. El local se encontraba en la antigua bajada de la Cárcel, llamada así porque allí se situaba la antigua prisión del rey, un detalle que ha quedado fijado en la memoria urbana del barrio. Con el paso del tiempo, la calle pasó a conocerse como bajada de la Llibreteria, donde hoy, al final del recorrido, sigue abierta La Colmena. Fue en 1868 cuando la familia Costa, entonces propietaria del negocio, decidió cambiar el nombre por el actual, que ya no se ha vuelto a modificar.

Multa del 1939 a La Colmena por tener un cartel en Catalán
Multa del 1939 a La Colmena por tener un cartel en Catalán

A lo largo del siglo XX, la pastelería se consolidó como un referente de la tradición dulce barcelonesa. En 1927, el negocio fue adquirido por Josep y Francesc Roig, abuelo y tío abuelo del actual propietario, iniciando una nueva etapa familiar que llega hasta nuestros días. Fotografías antiguas de la fachada, facturas de finales del siglo XIX o documentos oficiales conservados en el archivo del establecimiento, como una multa de 1939 por tener un cartel en catalán, reflejan cómo La Colmena ha atravesado contextos políticos, sociales y culturales muy distintos sin renunciar a su identidad.

Factura de La Colmena de1895
Factura de La Colmena de1895Cedida

Hoy, José María Roig es quien está al frente del negocio, aunque ya no se dedica personalmente a confeccionar las recetas. Su hijo Toni es quien está detrás del obrador y es el responsable de la elaboración de caramelos y pastas, manteniendo una forma de trabajo que apenas ha variado con el paso del tiempo. “El producto no ha cambiado, seguimos haciendo lo mismo de siempre”, afirma Roig, subrayando una continuidad que considera clave para entender el prestigio de la pastelería.

Las recetas tradicionales siguen siendo las mismas que hace décadas, especialmente conocidas entre los barceloneses por sus turrones de crema y sus pastas de té. Sin embargo, lo que sí ha cambiado de forma notable es el entorno que rodea al negocio. “Cuando empecé a trabajar, con 14 años, los clientes eran locales, gente del barrio”, recuerda. “Ahora vivimos cada vez más de los turistas; ya no hay prácticamente vecinos que compren aquí”, añade.

Interior de La Colmena en la actualidad
Interior de La Colmena en la actualidadCedida

Según explica, cuando habla de “clientes locales”, ya no se refiere necesariamente a residentes de Ciutat Vella, sino a personas que se desplazan desde otros barrios para seguir comprando en La Colmena. “Hay gente de Barcelona que sigue viniendo expresamente, pero lo que más hay ahora son extranjeros”, apunta. La fuerte presión turística que concentra el Gótico ha transformado profundamente la vida comercial de la zona.

Llevamos 15 años luchando para que se regulen los alquileres de los comercios

José María Roig, propietario de La Colmena

Esa transformación también ha tenido consecuencias económicas. Roig señala la subida de los alquileres como uno de los principales problemas para la supervivencia de los negocios históricos. “Llevamos 15 años luchando para que se regulen los alquileres de los comercios”, explica. “La Colmena es un local alquilado y hay precios que son imposibles de pagar. Por eso muchos negocios se han tenido que ir”.

A pesar de las dificultades, la pastelería sigue contando con una alta afluencia de visitantes y mantiene su posición como uno de los establecimientos más reconocidos de la ciudad. Sus premios, su trayectoria y el respeto por las técnicas artesanas continúan atrayendo tanto a clientes habituales como a nuevos visitantes. “Seguimos haciendo los caramelos de forma tradicional. La gente viene a buscar las pastas de té y los productos de siempre”, señala Roig.

De cara al futuro, el propietario no plantea grandes cambios en la manera de trabajar. Para él, la clave de la supervivencia de La Colmena pasa precisamente por conservar aquello que le ha dado identidad durante más de un siglo y medio. “Veo el futuro de La Colmena con las tradiciones de siempre. Es lo que debemos defender”, concluye.