Relatos

Stephanie Cugat, madre a los 25 años: “Hacíamos exactamente lo mismo como padres, pero solo a él le decían que era un padrazo”

Maternidad

Miradas, prejuicios y presión constante: el testimonio de una madre joven que reivindica otra forma de vivir la maternidad

Stephanie denuncia el “bullying silencioso” que sufren muchas madres jóvenes por parte de su entorno

Stephanie denuncia el “bullying silencioso” que sufren muchas madres jóvenes por parte de su entorno

Stephanie Cugat Vidal fue madre con 25 años, pero muchas veces sintió que la trataban como si tuviera 14. En salas de espera, en la escuela o en conversaciones cotidianas, las miradas eran siempre las mismas: sorpresa, desconfianza y juicio. “Me sentía observada constantemente”, recuerda. No era una adolescente, pero tampoco encajaba en la edad que ahora se considera “normal” para ser madre.

Ahora, con 29 años y un hijo de tres, Liam Garrido Cugat, Stephanie habla con Guyana Guardian de una experiencia marcada por el prejuicio, pero también por decisiones conscientes. “Ser madre joven no me hace menos capaz”, afirma. Al contrario: la obligó a reafirmarse antes, a aprender a convivir con el juicio ajeno y a construir su propia manera de criar.

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Me sentía preparada emocionalmente, aunque luego la realidad te supera en algunos momentos

Stephanie Cugat

Madre a los 25 años

Stephanie siempre tuvo claro que no quería aplazar la maternidad indefinidamente. No fue algo improvisado ni una casualidad. “Era una decisión muy pensada”, explica. Quería energía, tiempo y la posibilidad de crecer junto a su hijo. “Siempre decía que quería ser una abuela joven”, comenta entre risas, pero con convicción.

Para ella, ser madre a los 25 tenía sentido vital. “Me sentía preparada emocionalmente, aunque luego la realidad te supera en algunos momentos”, reconoce. La maternidad llegó en un momento en el que aún se sentía flexible, con ganas de adaptarse y aprender. La vivió como una etapa que se integraba de forma natural en su proyecto de vida.

“Me sentía preparada emocionalmente, aunque luego la realidad te supera en algunos momentos”
“Me sentía preparada emocionalmente, aunque luego la realidad te supera en algunos momentos”

Ese proyecto lo comparte con Juan Carlos Garrido, su pareja y padre de Liam, que tenía 24 años cuando nació el niño. “Éramos jóvenes, sí, pero eso no significa inconscientes”, subraya Stephanie. A día de hoy mantienen una buena relación, algo que, explica, también ha sido clave para el bienestar de su hijo.

El postparto del que no se habla

Una diferencia con un impacto emocional profundo: “Eso me hundió”

A pesar de eso, tras el nacimiento de Liam llegó una parte menos visible. El cansancio, la inseguridad y una tristeza que no siempre sabía nombrar. “Nadie me decía que lo estaba haciendo bien”, recuerda. Y esa ausencia de reconocimiento, en un momento de máxima vulnerabilidad, pesó más de lo que esperaba.

Stephanie explica que mientras a su pareja lo felicitaban constantemente (“qué buen padre”, “qué suerte tiene el niño”), ella se sentía invisible. “Hacíamos exactamente lo mismo, pero el mensaje no era el mismo”, cuenta. Esa diferencia, aparentemente pequeña, tuvo un impacto emocional profundo.

“Eso me hundió”, confiesa. No buscaba halagos, pero necesitaba validación en un momento clave. “Cuando dudas de todo y nadie te refuerza, te pierdes un poco”. Hoy pone palabras a algo que, asegura, viven muchas madres en silencio.

“Cuando dudas de todo y nadie te refuerza, te pierdes un poco”
“Cuando dudas de todo y nadie te refuerza, te pierdes un poco”

Padres aplaudidos, madres exigidas

El “bullying silencioso” que sufren muchas madres jóvenes

El contraste era constante. A él se le reconocía el esfuerzo; a ella se le daba por hecho. “A mí se me exigía, a él se le celebraba”, resume. Stephanie habla de esas pequeñas desigualdades que pasan desapercibidas pero pesan en el día a día. “No es un comentario directo, es algo que flota en el ambiente”.

Ese juicio se intensificaba por la edad. “Por ser joven parecía que tenía que demostrar el doble”, explica. Cada decisión era observada, cada error amplificado. “Había una sensación constante de estar bajo examen”.

Sin embargo, con el tiempo, aprendió identificarlo y a protegerse. “Es una forma de bullying muy sutil”, dice. “No te lo dicen a la cara, pero lo sientes todo el tiempo”.

Muchas veces me preguntaban con quién dejaba al niño. A su padre, nunca

Stephanie Cugat

Madre a los 25 años

Lejos de encerrarse en un único rol, Stephanie decidió “no desaparecer”. “Ser madre no significa dejar de ser yo”, afirma. Viajar, cuidar la pareja, tener tiempo propio. “Muchas veces me preguntaban con quién dejaba al niño. A su padre, nunca”.

No se trataba de desentenderse, buscaba mantener un equilibrio. “Mi hijo necesita una madre bien”, insiste. Para ella, cuidarse también es cuidar. Esa visión, reconoce, no siempre fue entendida. Pero fue firme. “No quería perderme a mí misma por el camino”.

“Muchas veces me preguntaban con quién dejaba al niño. A su padre, nunca”
“Muchas veces me preguntaban con quién dejaba al niño. A su padre, nunca”

Si te preguntas si estás siendo buena madre, probablemente lo seas

Una de las decisiones más cuestionadas fue no dar el pecho. “No estaba bien emocionalmente”, explica. Y priorizó su salud mental. “Una madre mal no puede cuidar bien”.

Pero las reacciones no tardaron. “Me han llamado egoísta”, recuerda. Comentarios, miradas, opiniones no solicitadas. “Parece que siempre hay alguien dispuesto a decirte cómo deberías hacerlo”.

Con el tiempo, aprendió a relativizar. “Cada madre sabe lo que necesita”, defiende. “Si te preguntas si estás siendo buena madre, probablemente lo seas”, añade.

El apellido, a suertes

Una decisión compartida para “empezar sin jerarquías”

Cuando llegó el momento de decidir el apellido, optaron por algo sencillo y simbólico: echarlo a suertes. “No queríamos imponer nada”, explica. El resultado fue Garrido Cugat.

Para Stephanie, ese gesto representaba una idea clara de igualdad. “Era una forma de empezar sin jerarquías”, cuenta. Un detalle pequeño, pero cargado de significado.

Stephanie Cugat mira a su hijo Liam y sonríe, consciente de que cada etapa tiene su propio ritmo. “Ser madre joven no fue un obstáculo, fue una oportunidad para aprender a mi manera, con energía y paciencia”, dice. Para ella, la maternidad ha sido un viaje de descubrimiento, donde cada día trae desafíos, sí, pero también momentos que no cambiaría por nada.

Toma nota

Lo que nadie te cuenta sobre la maternidad

1

“El silencio deja de ser relajante y se vuelve peligroso”

2

“Hay muchos prejuicios basados en que, por ser jóvenes, somos más inocentes e inexpertos”

3

“Para la mayoría del mundo, pasas a ser madre y dejas de ser tú misma”

Por último, Stephanie insiste en que la maternidad no define toda su identidad, ni la limita. “Sigo siendo yo, con mis proyectos, mis planes y mis decisiones, pero con Liam siempre presente”, afirma. Con esa mirada equilibrada y realista, transmite un mensaje claro: la maternidad puede ser intensa, pero no borra quién eres.