Mónica Seara, madre soltera de 48 años: “Si tienes éxito en tu carrera profesional, choca que quieras ser madre. La gente no entiende que sea una prioridad para ti”
Maternidad
El nacimiento de su pequeña la impulsó a traspasar su negocio y procurar un puesto con sueldo fijo: “Vi que era imposible gestionar todo con un bebé; ser familia monoparental y autónoma queda totalmente alejado”

Mónica Seara, madre en solitario (cedida)

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Optar por la crianza sin pareja suele ser la consecuencia de un trayecto individual cargado de introspección, incertidumbres y determinaciones analizadas. No se trata constantemente de una meta perfecta, sino de asumir un momento de la vida y del empeño por no abandonar la aspiración de tener hijos. Al cumplir los 36 años, Mónica Seara determinó que buscaba emprender la maternidad por cuenta propia. “Cuando eres joven, piensas que será en pareja, pero con cierta edad, dejas de idealizar ese plan. Van pasando los años y piensas: “Ya está, lo hago sola”, comenta durante una charla con Guyana Guardian.
Para ella, el camino resultó extenso. Al momento de optar por la maternidad, acudió a consulta para los exámenes previos y le diagnosticaron un tumor cervical en fase 3 que requería cirugía. “Si me operaba, las probabilidades de quedarme embarazada eran más bajas”, cuenta ella. Por aquel tiempo, residía en Barcelona y acudía habitualmente al Hospital del Mar, donde precisamente desarrollaban una investigación médica sobre linfocitos NK. Le propusieron integrarse en dicho ensayo, y aceptó. De este modo evitaba la intervención quirúrgica mientras monitoreaban su progreso “y cómo las células cancerígenas no se multiplicaban”, debido a que ciertos individuos generaban esos linfocitos NK y otros carecían de ellos.
Existen diversos temores, no obstante, el entusiasmo, el anhelo y la seguridad te impulsan, y finalmente acabas por dejar de lado ese miedo.
Estuvo involucrada en esta investigación durante tres años hasta que finalizó su seguimiento: “Todo estaba bien y me curé”. Aguardó un año más antes de iniciar los procesos para ser madre: “He pasado por una infinidad porque muchos no funcionaron”. Finalmente, a los 48 años, consiguió el embarazo a través de fecundación in vitro. Mónica reconoce que experimentaba muchísimos miedos, sobre todo por el equilibrio entre el trabajo y la familia. Y también por la posibilidad de que a su hija le sucediera algo. “Hay muchos miedos, pero te puede la ilusión, la esperanza y la confianza; al final, el miedo lo vas aparcando”, afirma.
El anuncio de su gestación causó un asombro particular dentro de su ámbito profesional: “Como seas una profesional independiente, que tengas éxito en tu carrera, les choca que quieras ser madre. No tienen la sensación de que sea una prioridad para ti”, asegura.

Criar a un hijo sin pareja no resulta fácil y exige una gran planificación. Una etapa particularmente difícil ocurrió tras dar a luz. Mónica trabajaba por cuenta propia y gestionaba su negocio, por lo que, al concluir las 16 semanas de permiso, debió reincorporarse: “Fue duro siendo sola y tras una cesárea”.
Mónica integra varios colectivos de progenitoras solas y núcleos monoparentales. Una de las razones que la impulsó a participar fue su esfuerzo por lograr la equiparación con los hogares biparentales: “Que nuestros hijos tengan la misma duración de cuidados que cualquier otra familia, porque esto es discriminatorio hacia ellos”. Admite que no preveía este conflicto, el cual implica “un desgaste importante porque es un tiempo que no tienes y te lo quitas de estar con tu hija”. En dicho ámbito ha batallado intensamente y hasta mantiene un recurso de casación ante el Tribunal Supremo exigiendo dicha medida.
Reintegrarse al mercado de trabajo siendo madre soltera es incluso más difícil: “Es difícil porque el bebé come cada 3 horas y significa que no duermes y no estás para llevar la misma actividad que llevabas”, indica. Tal circunstancia la forzó a variar su camino, vendiendo su negocio para unirse a Affor —una B-Corp—, la cual fue su rival comercial por más de diez años. “Si no me llego a enfrentar a la maternidad, hubiera seguido con mi empresa. Pero vi que era imposible gestionar todo con un bebé. ”, relata.
El nacimiento de su pequeña le permitió comprender que su labor por cuenta propia resultaba incompatible, por lo que optó por un empleo por cuenta ajena como alternativa ideal. Mónica se considera privilegiada dado que su situación profesional presentaba dificultades: “Una mujer de 50 años con una bebé, no soy el perfil contratable, sino justo lo contrario”, señala. Esta transición laboral le facilita el equilibrio personal y la organización del tiempo para el cuidado de su niña. “Ahora, mi prioridad es ver crecer a mi hija; tengo muy claro que acabo de trabajar a las 16:00 horas, la voy a buscar a la escuela y estoy toda la tarde con ella”, asegura.
Durante cada visita al médico me recalcaban mi edad actual como si no tuviera conciencia de ella.
Esta madre gallega sostiene que todavía existen estigmas sociales respecto a la maternidad en periodos vitales poco frecuentes. “Empezando por el embarazo, con el ginecólogo. En cada consulta me iban recordando la edad que tenía como si no lo supiera. Además, también hablaban de embarazo geriátrico”, critica. En su vivencia personal, relata que solo dio con una ginecóloga que omitió aludir a su edad: “Los comentarios de los otros facultativos, que curiosamente siempre fueron mujeres, dejaban mucho que desear”, se queja.
Ser madre soltera no implica forzosamente atravesar el proceso en aislamiento. Frecuentemente, esta labor se apoya en un tejido de ayuda que brinda compañía, protección y facilita la rutina cotidiana. En esta situación, el respaldo de los parientes resultó fundamental; no obstante, Mónica afirma que es necesario asumir que deberás valerte por ti misma y “los apoyos que vengan, bienvenidos sean. Lo peor que puedes hacer es contar con algo que después o no llega o no es suficiente. Esto te puede desestabilizar más que otra cosa”.

Cualquier otra cosa se vuelve menos importante: dejas de dormir, no te alimentas y desconoces de dónde obtienes la energía, pero sigues adelante.
El aspecto que más le ha asombrado sobre ser madre ha sido que “se te olvidan un montón de cosas” y recalca que “al nacer el bebé, naces con él. Profesionalmente, puedo ser experta en el tema de gestión de riesgos psicosociales o salud mental, pero tienes un bebé y no sabes absolutamente nada. Todo es nuevo”. Asimismo, subraya que “es como si estuvieras drogada de felicidad; todo lo demás pasa a ser secundario, no duermes, no comes, no descansas, no sabes de dónde sacas la fuerza, pero lo haces, es alucinante”. A lo largo de estos 21 meses criando, lo que más le agrada es elegir el camino a seguir pues “no lo tengo que consensuar con nadie, para lo bueno y para lo malo. Son tantos años buscando tener un bebé que lo disfruto todo. Hay gente que dice: “Eres mayor, pero es un embarazo deseado y consciente”. Esta etapa como madre le facilita redescubrir el entorno desde una nueva perspectiva y “te vuelves a ilusionar”.
Para aquellas personas que consideran ser madres y observan el porvenir con incertidumbres e interrogantes, las vivencias de otras compañeras pueden transformarse en un modelo de gran relevancia. Mónica incita a que “si tienes el deseo, hazlo. Después encuentras la fuerza y los recursos para seguir adelante. Y merece la pena”.

