Mercedes Cajigal, 59 años: “A los 37 me detectaron un aneurisma y lo primero que hice después de operarme fue arreglarme para recoger a mis hijos del colegio”
Después de los 50
Es un ejemplo de superación que inspira a miles de mujeres a vivir cada día al máximo, compartiendo una historia vital que ha conquistado a más de 10.000 seguidores en Instagram

Mercedes Cajigal, 59 años, construye en Instagram un espacio donde otras mujeres puedan inspirarse y encontrar motivación

“Cuando me dijeron que tenía que operarme, entendí lo efímero que es todo. La vida puede cambiar en un instante y nada se detiene por nadie. Entendí que la vida seguiría su curso, incluso sin mí.” Así recuerda Mercedes Cajigal, en conversación con Guyana Guardian, un momento que transformó por completo su manera de vivir. A los 37 años le detectaron un aneurisma de aorta. Hoy, a sus 59 años, Mercedes vive con intensidad y es consciente de que cada instante cuenta.
Sus hijos y su marido han sido un pilar fundamental en todo este recorrido. A través de su cuenta de Instagram, @merce_cajigal, comparte su día a día, su estilo de vida, sus reflexiones, sus viajes y sus outfits cuidadosamente pensados. Su objetivo es construir un espacio donde otras mujeres puedan inspirarse y encontrar motivación. Su comunidad ya supera los 10.000 seguidores, que la siguen no solo por su estilo, sino también por su entusiasmo por disfrutar la vida. Cajigal se abre con sinceridad para compartir su experiencia y mostrar que, incluso ante lo inesperado, se puede elegir vivir al máximo y aprovechar cada momento.
A los 37 años le detectaron un aneurisma de aorta. ¿Recuerda cómo se sintió al recibir esa noticia?
Cuando me dieron la noticia me quedé en shock, porque me encontraba bien y no me esperaba en absoluto algo así, no podía creerlo. En ese momento comprendí lo efímera que puede ser la vida, que en cualquier instante puede llegar el final y que nada se detiene por nadie, la vida seguiría su curso, incluso sin mí.

¿Qué fue lo primero en lo que pensó tras conocer su diagnóstico?
Lo primero que pensé fueron mis dos hijos, tan pequeños, y especialmente mi hijo mayor, Marcos, que iba a hacer la comunión en unos meses y ya lo teníamos todo organizado. Me preguntaba cómo iba a decirles que su madre tenía que operarse de algo muy grave, que podía morirse o quedar con secuelas… Solo pensaba en ellos, en que eran demasiado pequeños para quedarse sin madre. Mi marido me decía que podíamos suspenderlo todo, que lo primero era yo, pero yo sentía que debía aferrarme a algo, que era dueña de mi destino y que, si Dios quería, me permitiría ver a mi hijo hacer la comunión. Decidí seguir adelante con la celebración y con el viaje a Disney que tanta ilusión le hacía; al regresar, me operaría. Y así fue.
Decidí que los años que me quedaran los viviría intensamente, y esa se convirtió en mi prioridad
¿Qué significa para usted vivir plenamente?
Para mí, “vivir al máximo” significaba que, en esos meses antes de operarme, tenía que disfrutar de cada instante con mis hijos y con mi marido. Quería aprovechar cada momento juntos, compartir experiencias y crear recuerdos inolvidables. Nos fuimos a Disney y disfruté muchísimo con ellos; incluso querían que subiera con ellos a las atracciones, y lo hice. Solo quería vivir esos momentos en familia, consciente de que quizá podrían ser mis últimos, pero lo hice todo por ellos.
¿Hubo algún cambio en su manera de ver la vida o en sus prioridades después de esa experiencia?
Por supuesto, esta experiencia me hizo reflexionar profundamente sobre lo frágil que es la vida y lo rápido que puede terminar en cualquier momento. Por eso decidí que los años que me quedaran los viviría intensamente, y esa se convirtió en mi prioridad. Han pasado 23 años desde mi operación y sé que algún día tendré que volver a pasar por quirófano, pero eso no me impide vivir con ilusión y con una actitud plena hacia la vida.
Mi marido me motivaba y me apoyó en todo momento; yo solo quería recuperar mi fuerza, volver a ser la de siempre y retomar mi vida diaria
¿Qué retos tuvo que superar física y emocionalmente durante la recuperación de su operación?
Después de operarme, cuando me dieron el alta, lo primero que hice fue arreglarme para ir a recoger a mis hijos al colegio. Solo había estado seis días fuera, pero los echaba muchísimo de menos. A partir de entonces, lo único que quería era recuperarme por completo; tenía que recuperar mi capacidad pulmonar, porque en la operación me habían roto el esternón, y para ello debía caminar todos los días. Mi marido me motivaba y me apoyó en todo momento; yo solo quería recuperar mi fuerza, volver a ser la de siempre y retomar mi vida diaria, sentirme yo misma de nuevo.

Las personas no nos damos cuenta del verdadero valor de la vida hasta que la perdemos o enfermamos; es entonces cuando comprendemos lo corta que puede ser
Hoy comparte su historia en Instagram para motivar a otros. ¿Qué mensaje le gustaría que la gente se llevara de su experiencia?
Las personas no nos damos cuenta del verdadero valor de la vida hasta que la perdemos o enfermamos; es entonces cuando comprendemos lo corta que puede ser. Los que hemos pasado por estas experiencias lo sabemos, pero la mayoría de las personas vive desperdiciándola, sin aprovecharla al máximo. Ese es el mensaje que quiero transmitir: vivamos el momento presente, disfrutemos de las pequeñas cosas que nos ofrece la vida, de nuestra familia y de nuestros amigos; hagamos lo que realmente nos hace felices y no esperemos a otro momento para hacerlo. Seamos agradecidos. En una palabra: disfrutemos de nuestra vida, con sus problemas y preocupaciones, pero sin permitir que nos impidan ser felices; hay que mantener siempre una actitud positiva.
No podemos elegir lo que nos sucederá, pero sí podemos decidir la actitud con la que lo enfrentamos. Debemos recordar que la vida es un camino que hay que recorrer y que, en algún momento, nos tocará dejarlo
Si pudiera darle un consejo a alguien que enfrenta un desafío de salud similar, ¿cuál sería?
Que mientras tengamos un soplo de vida, no lo desperdiciemos quejándonos o lamentándonos; siempre hay que luchar por vivir y nunca rendirse, porque hay remedio para todo… excepto para la muerte. Que seamos positivos y creamos firmemente que saldremos de cualquier situación: lo que la mente cree, el cuerpo lo acepta. No podemos elegir lo que nos sucederá, pero sí podemos decidir la actitud con la que lo enfrentamos. Debemos recordar que la vida es un camino que hay que recorrer y que, en algún momento, nos tocará dejarlo, pero hasta que llegue ese momento, hay que luchar por vivir, siempre conscientes de que siempre hay mucho que agradecer.

