Li Wei, ceramista china en Barcelona: “Creo que mi país de origen siempre está dentro de mí, pero el arte es más personal que un marco cultural”
La arcilla como forma de vida
Nacida en una región remota de China, la artista nos explica cómo fue el proceso de crear su propio taller

Li Wei llegó a Barcelona hace trece años después de haber vivido en México y África

Todo empieza con la delicadeza de unas manos que moldean la materia, concediéndole el tiempo necesario para cobrar vida. Unos movimientos que no solo buscan dar forma, sino también expresar lo que una lleva dentro. La arcilla es el lenguaje con el que Li Wei ha encontrado la manera de dar rienda suelta a su creatividad. Nacida en Xinjiang, una región remota de China, esta artista ha trasladado su vínculo con la naturaleza al centro de Barcelona en forma de taller de cerámica. Aunque lleva en la ciudad trece años, no fue hasta el 2024 cuando abrió su local, donde usa técnicas y materiales ecológicos para crear piezas que van mucho más allá del rendimiento.
A parte de dar clases (algunas de pago, otras gratuitas) y de realizar colaboraciones artísticas, Li buscaba que este proyecto se convirtiera en una comunidad donde aprender y nutrirse. Su objetivo no es producir resultados perfectos, sino expresar la individualidad y la colectividad. En una conversación con Guyana Guardian, Wei nos cuenta cómo fue el proceso de emprender este espacio, la influencia de sus orígenes en su arte y cómo concibe el proceso artístico.

¿Cómo tomaste la decisión de venir a Barcelona?
Antes de venir aquí, yo había vivido en otros sitios, en México y África. En México fue por estudios, un Erasmus. Fue como abrirme a otro mundo, a otro tipo de vida. En China hay una edad para hacer esto o aquello. En cambio, allí es como cerveza, música y alegría. Y muchos colores también. Fue un impacto. Creo que fue a partir de esa experiencia que pensé: ‘Me gustaría vivir un poco más fuera de China para conocer más mundo’. Y en África estuve en Guinea Ecuatorial cuando era muy joven, justo después de la graduación. Trabajaba como traductora y quería explorar un poco.
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¿Cómo llegó la cerámica a tu vida?
Empecé a hacer cerámica como hobby hace más de 10 años, después de llegar a Barcelona. Fue por curiosidad, porque una amiga mía la estudiaba en la escuela y yo quise probar. Me encantó. Fue un poco de coincidencia y curiosidad. Decidí estudiar un ciclo superior en Llotja, l’Escola d'Art i Superior de Disseny en Barcelona. Creo que el título se llamaba Cerámica artística y digital. Es una formación de dos años, pero se puede extender a cuatro o cinco para el proyecto final. Durante esa formación, empezó a surgirme la idea de hacer un cambio, pero no fue hasta dos años después que dije: ‘Ya es la hora’.
Pude alquilar un espacio y crear Li Ceramics. Este proyecto es como una parte de mi vida, no es solamente un negocio. Es como si también me estuviera realizando en este espacio.
Fue a partir de esa experiencia que pensé: ‘Me gustaría vivir un poco más fuera de China
¿Cómo fue el proceso de reformar el local para darle la forma que tu querías?
Encontré este espacio en enero de 2024. Un mes después, empecé la reforma, que duró como tres meses porque aquí no había nada, solamente un cable, cuatro bombillas y mucho polvo. Hacía mucho tiempo que no había nadie aquí. Sentí que podía construir este espacio, poco a poco, yo misma, con la ayuda de voluntarios. Publiqué en mis redes un anuncio para hacer un intercambio: ellos trabajaban aquí una mañana y luego podían recibir una clase gratis en el taller. Con ellos, no solo pude limpiar y pintar todo, sino que también me ayudaron a fabricar las mesas. En mayo, abrimos al público con las primeras clases. Ahora, seguimos dando clases regulares de torno y de modelado.

¿Ves tu taller como una comunidad artística? ¿Por qué era importante que fuera así?
Sí, es totalmente una comunidad, sobre todo con los coworkers. Los alumnos vienen a experimentar unas horas por semana, pero con los coworkers hay convivencia. Creo que la vida comunitaria es la vida que elijo. Este proyecto, como ya he dicho, es parte de mi vida. Entonces, una forma de realizar mi vida a través de esto es creando esta comunidad. Quería crear una forma de trabajar o convivir más humanitaria, no como una empresa.
Juntos organizamos mercadillos. Yo ofrezco el espacio gratuitamente, sin ninguna comisión, y los coworkers se encargan de organizarlo. También tenemos otras iniciativas. Un amigo tiene un café cerca. Vendemos piezas allí y tampoco nos cobra comisión. Entonces, es un poco así, muy colaborativo, haciendo cosas que nos interesan juntos.
Quería crear una forma de trabajar o convivir más humanitaria
¿Las personas con las que formas esta comunidad son muy parecidas o hay una gran diversidad?
Las personas que vienen somos bastante similares, con una visión parecida. Es cierto que cada uno tiene su propio estilo y hay mucha diversidad, pero hay algo en común, que es el amor por el arte y la buena convivencia.

Otra idea que tenías clara es que querías usar materiales y métodos eco-friendly en tu taller. ¿Por qué te decantaste por esta opción?
Fue por curiosidad. Me fascina investigar cómo crear efectos imperfectos, como un poco sorpresa. Los materiales industriales son muy estables. Es una ventaja, claro. Si fabricas en serie, te puede garantizar que todo salga igual. Pero con estos materiales, como la ceniza de madera, es al revés. Según dónde pones el producto, la pieza sale muy diferente. Es mucho más interesante y da un toque particular a las piezas.
Cuesta más tiempo, pero creo que merece la pena. Por ejemplo, la madera de ceniza la cogí de un restaurante de pizza que usa leña. Si la ceniza, por lo que sea, cambia, el efecto final también. Entonces, tengo que asegurarme de que siempre tengo ese tipo de ceniza para garantizar que no haya un cambio demasiado grande entre los colores.
¿Qué ha sido lo más complicado de emprender este taller?
Al principio, tenía dificultades con los alumnos. Son personas muy variadas que tienen necesidades diferentes. Tenía miedo de no satisfacerlos. Era algo que me estresaba mucho, la verdad. Ahora entiendo que no puedo contentarlos a todos y sé qué quiero y puedo ofrecer. También me ha estresado Instagram. Antes, estaba muy pendiente de los me gusta, si un alumno veía una publicación, si les interesaba... Era como una presión para llegar a más gente. Ahora, quiero tomármelo con más tranquilidad y lo que tenga que venir, vendrá.

A lo largo de tu carrera artística, has investigado la conexión entre cuerpo y creatividad. ¿Por qué te interesó este vínculo?
Empecé con la autoexploración con la intención de conocer mis patrones y mis traumas. Leí mucho, pero sentía que todavía no entendía muchas cosas, y decidí participar en una clase que se llamaba Soltar y estar. Por primera vez, me sentí donde estaba, que existía plenamente. Mi cuerpo estaba presente de verdad. Me eché a llorar. A partir de ahí, empecé a hacer cursos relacionados con el cuerpo, sobre cómo lo movemos y cómo nos expresamos a través de él.
Mi cuerpo estaba presente de verdad, me eché a llorar.
¿Qué has descubierto durante esta exploración?
Durante mi propio proceso de creación, he notado que el cuerpo es muy importante. Las emociones tienen su base en el cuerpo, y cuando te conectas con él, puedes sentir muchas cosas. Desde ahí, se genera inspiración o creatividad, pero, sobre todo, lo que tú quieres expresar desde dentro. Mi pintura y mi escultura son diferentes según lo conectada que esté o no conmigo.

Además, hago un taller gratuito de creatividad, donde usamos técnicas como taparnos los ojos, movernos o hacer un tipo de meditación, buscando una conexión más profunda con el cuerpo, lo que nos permita expresarnos más. La arcilla aquí es solamente una herramienta para expresarse. No hay límite para la creación y no buscamos un resultado. No buscamos que salga un plato o bol perfecto, se trata de liberarse un poco y de expresar cómo te sientes. Me fascina ver a la gente hacer cosas desde su base interna. Para mí es como una terapia, me siento bien también.
¿Cómo te ha influenciado tu país de origen en tu arte?
Hay un cuadro mío que lo expresa perfectamente. Quería mostrar dos paisajes: el de mi pueblo natal y el de Barcelona. Pero siento que no lo he conseguido. Eso es lo que siento. Creo que la cultura china siempre está dentro de mí, pero no sé de qué forma se expresa realmente. Al final, creo que el arte es más personal que un marco cultural. Por ejemplo, muchas de las imágenes que yo moldeo surgen cuando hago meditación o bailo. Entonces, estoy segura de que la cultura china está conmigo, pero no hay una señal clara de ello. Es una cosa que nace más de mí.
Me fascina ver a la gente hacer cosas desde su base interna
Llevas mucho tiempo fuera de China. ¿Vuelves a menudo a tu país de origen? Cuando lo haces, ¿te sientes diferente?
Mi familia está en China y cada año intento volver. Este tipo de viaje es interesante porque cuando estás muy metida en esta vida, no ves muchas cosas. En cambio, cuando estás lejos, las ves desde otra perspectiva. Te planteas si algunas cosas que estabas haciendo son necesarias o si querrías otra cosa. Quizá estás aquí y crees que necesitas, por ejemplo, salir a bailar todos los días. Pero, en realidad, no hace falta. Por eso, para mí, es como un descanso, como tomar distancia.

Ahora que has logrado crear este espacio de arte y comunidad, ¿cuál es el siguiente paso? ¿Cómo te imaginas este taller dentro de unos años?
Una cosa que quiero hacer más este año es hacer crecer más esta comunidad. En enero tuvimos una reunión y propusimos varios proyectos, como el mercadillo, una colaboración y participar en un festival de arte. También me gustaría aumentar el número de alumnos y ofrecerles una nueva experiencia, algo para que valoren su evolución, pero aún es secreto, no quiero desvelar la sorpresa.