Manuel, de 30 años, señala que
VIVIENDA
La pandemia y el retraso retrasaron el estreno, pero el apartamento ya estaba listo.

Manu Gutiérrez en su nuevo piso de Sevilla (Cedida)

La vivienda ha dejado de ser un bien de primera necesidad para convertirse en uno de los grandes factores de desigualdad generacional en España. El precio del alquiler se dispara en las principales ciudades, la compra exige ahorros cada vez más inalcanzables y la emancipación se retrasa cada vez más. En este contexto de incertidumbre, acceder a un piso de propiedad parece para muchos un milagro. Sin embargo, aún existen resquicios dentro del sistema que permiten abrir una puerta a la estabilidad. La vivienda de protección oficial se ha convertido en una de las alternativas para los jóvenes frente al mercado libre. Es el caso de Manu Gutiérrez, de 30 años, que hace solo unos meses firmó la escritura de su casa en Sevilla.
La aventura de Manu comenzó en 2019, cuando, viendo la experiencia de algunos amigos y motivado por querer independizarse, decidió inscribirse en las listas de solicitantes de pisos de protección oficial en Sevilla. “Tenía claro que quería 100% obra nueva”, afirma en una conversación con Guyana Guardian. Poco después de apuntarse en las listas, llegó la pandemia del coronavirus y se paralizó todo el proceso. Cuando se empezó a recuperar la normalidad, “me llamaron de tres o cuatro promociones diferentes de Entrenucleos, en Dos Hermanas, pero porque el 90% de la gente que pasaba por la promotora rechazaba el piso porque tenía la incertidumbre de qué iba a ocurrir”, explica.

La promotora no estaba segura si podía comenzar, ya que no tenía claro si contaba con los recursos necesarios.
Inicialmente, pagó una reserva de 3.000 euros, que “no suponían mucho porque ya llevaba tiempo ahorrando para irme”. Cuando hizo este primer pago “no estaban puestas ni las vallas”. El proceso se retrasó de nuevo y le hicieron una prórroga de la reserva porque, como el resto de interesados rechazaban los pisos, “la promotora no sabía exactamente si iban a empezar a construir o si tenían el número de vivienda disponible para hacer la obra”, añade. Manu indica que dos de las promociones de las que recibió una llamada “una salió adelante más tarde, y la otra, directamente, ni se ha construido, con todo el perjuicio que eso conlleva porque te ofrecieron una casa de 130.000 euros y ahora son de 230.000 e incluso de 250.000 euros”.
La compra de pisos de protección oficial tiene unos tiempos diferentes a los de la compra libre. Así pues, el primer pago fueron los 3.000 euros de la reserva; después, en la firma del contrato, que llegó ocho meses más tarde, tuvo que dar otros 7.400 euros, sumados al IVA. “En un principio prometieron que serían entre 35 y 30 cuotas mensuales, pero como habían pasado ocho meses, las cuotas se redujeron a 27, y durante este tiempo, estuve pagando 575 euros al mes”.

Los retrasos se han ido acumulando durante estos años, ya que el piso tendría que haber sido entregado en mayo de 2025 y, finalmente, fue en noviembre de 2025. Una situación que emocionalmente ha sido “muy difícil”, y que no todos los vecinos la han podido aguantar. “Somos una promoción de 172 pisos, y al menos unas 30 familias desistieron a la mitad del proceso porque no podían seguir esperando. El tiempo ha sido el mayor de los problemas”, asegura. En su caso, ha intentado sacar el lado positivo de la espera y le ha permitido tener un mayor colchón económico.
Decidir la compra de un piso es para muchos el paso más importante de su vida adulta, ya que implica estabilidad, compromiso y una apuesta a largo plazo. Es una elección cargada de ilusión, pero también de miedo. “Al principio pensaba: ¿Pero qué estoy haciendo? Cuando te ves sentado delante del promotor y dices, quiero ese piso y haces la reserva, lo primero que piensas es que va a ser difícil y te preguntas si vas a poder ser capaz de mantener esto”, confiesa.
Lo más difícil ha sido esperar mientras avanza la construcción, ya que pagas y no ves avances inmediatos.
Al principio del proceso pensó que “a nivel económico iba a ser muchísimo más complicado, pero la realidad es que lo que más me ha costado ha sido esperar el tiempo de la construcción porque estás pagando durante muchos meses, pero la construcción no avanza”. En este sentido, lamenta que “lo que te prometen que van a ser dos años, se convierten en casi cuatro. Lo más difícil no ha sido a nivel económico, sino el tiempo que no se tiene tanto en cuenta”.

Con la entrega de las llaves, la gestión no ha acabado, ya que, al analizar el piso, se ha ido encontrando con una serie de desperfectos. “Pagué un extra para mejorar el suelo y cuando llegué, estaba destrozado. Hay muchos detalles de acabados, en las ventanas, en las puertas, sobre todo fallos en los baños, que no están bien sellados”, detalla. Pese a que se muestra comprensivo porque “entiendo que por un piso de obra nueva pasan muchas personas”, asegura que “no entiendo cómo no hay un responsable que revise que todo está bien antes de entregarlo”.
Sin embargo, los errores en su piso son menores comparados con los que se han encontrado en otros vecinos. “Hay algunos que no tienen las terrazas bien selladas, es decir, que no las tenían bien ancladas a la estructura del edificio”, cuenta. En las zonas comunes también han detectado problemas en las tuberías y en garajes y trasteros provocados por las lluvias de las últimas semanas.
Pagué extra por el suelo, pero aún así estaba en malas condiciones.
“Se ha tenido que hacer un aviso prejudicial a la constructora para que se pasara y lo revisara porque había fallos estructurales que no estaban bien sellados, como prácticamente todas las tuberías de la segunda planta. Eso son problemas mucho más graves que el suelo”. Los errores detectados en su piso se los han solventado de forma relativamente rápida, “pero porque he sido muy pesado, porque me quería venir a vivir lo antes posible, ya que lo estoy pagando todo”.
Ahora, después de 4 años de espera, ya puede disfrutar de su piso y construir un hogar. Una situación que, ante el panorama actual, le otorga una cierta sensación de alivio, aunque “a nivel personal no es un problema que me sea ajeno, porque mi hermana también está en el proceso de comprarse una casa y la situación está complicada, pero es cierto que es un respiro y una tranquilidad”.

