Series

¿Qué pasa con la segunda temporada de 'Fallout'?

Crítica

Después del milagro que fue la primera, que consiguió lo imposible, ahora la serie de Prime Video se siente dispersa y sin suficientes escenas para Lucy

¿Qué lástima que Ella Purnell no tenga más escenas, no?

¿Qué lástima que Ella Purnell no tenga más escenas, no?

Prime Vido

Fallout era una serie imposible. Si las adaptaciones de videojuego antes eran desastres creativos al trasladarse al cine, en televisión se convirtieron casi en una bendición, si tenemos en cuenta el rendimiento de la primera temporada y el éxito de The Last of Us. Los ocho primeros episodios fueron una locura ingeniosa que combinaba la comedia, el drama, la ciencia ficción postapocalíptica y retrofuturista, los monstruos y el western.

El reparto debía moverse bien por un tono interpretativo cómico cercano a la sátira. El diseño de producción tenía que ser tan económicamente exigente como astuto para consolidar un marco donde su ecléctica estética tuviera cohesión. La cohesión también era necesaria en el plano narrativo, con un puñado de tramas moviéndose en paralelo desde distintos escenarios. Y, al llegar al tramo final, el veredicto era sorprendente: los guionistas Graham Wagner y Geneva Robertson-Dworet, con oficio, habían sabido mover bien los hilos, ofreciendo un mural sólido.

Esta dinámica es oro. Necesita más tiempo.
Esta dinámica es oro. Necesita más tiempo.Prime Vido

Con este resultado, ver la segunda temporada era una idea irresistible, sobre todo cuando los responsables y Prime Video se aseguraron de producir los nuevos episodios en menos de dos años (y, gracias a Dios, distanciarse del modelo de producción que Jonathan Nolan y Lisa Joy, productores ejecutivos de Fallout, habían instaurado con Westworld). Y, sobre el papel, la serie es continuista.

Lucy (Ella Purnell), en la búsqueda de Hank (Kyle MacLachlan), sigue descubriendo esa realidad impredecible, sádica y mortal que es el mundo exterior, donde su bondad casi nunca tiene cabida como le intenta explicar Cooper (Walton Goggins), su nuevo compañero de viaje. Maximus (Aaron Moten) busca su forma de encajar en la Hermandad de Acero, su refugio después de quedarse huérfano de pequeño, mientras las distintas facciones empiezan a mostrar tensiones guerra-civilistas.

Vamos por mitad de temporada y la trama de Maximus todavía no tiene pulso.
Vamos por mitad de temporada y la trama de Maximus todavía no tiene pulso.Prime Vido

En el Refugio 33, el ambiente se enrarece y Norm (Moisés Arias), en el Refugio 31, entiende que Vault-Tec tenía controlada su realidad desde la opacidad más absoluta y amoral. Además, hay flashbacks al Cooper de antes del holocausto nuclear y se desarrolla la mitología con la introducción de Robert Edwin House (Justin Theroux). ¿Son muchas tramas? Sí. ¿El problema es esta cantidad de tramas? No necesariamente ya que en la primavera de 2024 teníamos las mismas. ¿Entonces por qué no funciona?

Fallout en su primera temporada funcionó por la curiosidad que despertaba la presentación de su universo de ficción, el ancla emocional que era Lucy como heroína ingenua y la promesa de unir los distintos hilos de la trama para acabar de consolidar la propuesta. Esta segunda, en cambio, parece ser víctima de la supuesta longevidad del proyecto: las distintas tramas se sienten completamente desconectadas, posiblemente dirigiéndose a un objetivo a largo plazo que ni podemos entrever.

Esta trama posiblemente es la segunda que funciona mejor esta temporada pero, tras salir del refugio, parece estar desnortada.
Esta trama posiblemente es la segunda que funciona mejor esta temporada pero, tras salir del refugio, parece estar desnortada.Prime Vido

Lucy y Maximus, que al coincidir amplificaron el corazón de la obra, se tuvieron que separar y él se tiene que conformar con un arco tremendamente desagradecido: ¿cuántos episodios le podemos ver con esa cara de autómata perdido? Hace tanto tiempo que Lucy no está en el Refugio 33 que su eco ya no se siente en ese escenario y, tras la marcha de Norm, no queda ningún personaje con sustancia para mantener el interés allí. Los recurrentes flashbacks quitan fuerza al presente mientras solo parecen querer liar la mitología de Fallout de forma innecesaria (uf, aquí obliga a ser desconfiados el precedente de Westworld). Y, entre tanta dispersión, la serie desaprovecha el único acierto de la temporada: la dinámica de Lucy y Cooper y cómo sus miradas opuestas se retroalimentan en su particular odisea.

Las aventuras semanales de la pareja son el único elemento con ritmo de la temporada, tanto por el carisma de los actores y de los personajes como por la forma en la que se abraza la naturaleza televisiva con la presentación y resolución de situaciones retorcidas (y, de paso, se continúa construyendo esa realidad distópica). Pensemos en la mujer que cocina sopa de pulgas, el encuentro con esa especie de cangrejo gigante, la guerra civil absurdamente romana (y con Macaulay Culkin de actor invitado) o el encuentro con los Elvis zombies al entrar en Las Vegas. Estos son, sin lugar a dudas, los momentos destacados de una temporada sin pulso.

Pero Wagner y Robertson-Dworet se niegan a dar más protagonismo a Lucy para que tengamos algo a lo que agarrarnos mientras desarrollan el arco mitológico. En consecuencia, el visionado de Fallout ahora es más una especie de deber o trámite (algo que hay que superar para poder disfrutar más adelante) que de aventura y divertimento.