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'Los Bridgerton', otra vez con mariposas en el estómago

Crítica

La actriz Yerin Ha, como nueva heroína romántica, salva una serie extremadamente infantil y ridícula en su forma de abordar la Inglaterra de principio del S. XIX

Es el turno de Luke Thompson.

Es el turno de Luke Thompson.

LIAM DANIEL/NETFLIX

Los Bridgerton nunca será tan buena como en su primera temporada. Nunca llegaremos a ese punto de embriaguez que trae la novedad, el primer amor, o ese encanto que tenían los amantes iniciales interpretados por Regé-Jean Page y Phoebe Dynevor. También ayudaba que entonces el creador Chris Van Dusen todavía no había dado demasiadas explicaciones sobre esa Regencia interracial sin ningún sentido. Pero, con el estreno de la cuarta temporada en Netflix, llega una sorpresa: la serie provoca otra vez ese efecto de “mariposas en el estómago” que tanto necesitan las historias románticas.

La inspiración de la temporada es La Cenicienta. Benedict Bridgerton (Luke Thompson), el hermano más libertino, se niega a cumplir con las expectativas de la alta sociedad. Él está más interesado en fornicar con hombres y mujeres sin compromiso, llevar la vida bohemia como artista, y asumir que no se casará por su imposibilidad de adaptarse a la norma. Pero, en el baile de máscaras que organiza su madre para inaugurar la temporada, conoce una enigmática chica que desaparece a medianoche sin haberle revelado su nombre.

La química es *top-notch*
La química es *top-notch*LIAM DANIEL/NETFLIX

Él entonces no lo sabe pero esa chica es Sophie Baek (Yerin Ha), la hija ilegítima de un noble que le ofreció una educación de señorita pero que, tras morir el padre, fue relegada al rol de criada por parte de su malvada madrastra y sus consentidas hermanastras. ¿Cómo se supone que debe encontrar a esa inusual joven enmascarada si nadie puede imaginarse que había una criada infiltrada entre los invitados de los Bridgerton?

Para rematar la temática, se desata una guerra social entre las casas más distinguidas cuando empiezan a robarse miembros del servicio al haber escasez de buenos profesionales. Y, en paralelo, un alud de tramas secundarias: la reina Carlota se niega a dar permiso a Lady Danbury para ausentarse durante unos meses, Penelope debe acostumbrarse a que todos conocen su identidad como Lady Whistledown, Francesca intenta descubrir qué es un orgasmo y Violet, después de años sin tener contacto físico con un hombre, se plantea dar el paso con Marcus.

La australiana Yerin Ha puede ser luminosa.
La australiana Yerin Ha puede ser luminosa.LIAM DANIEL/NETFLIX

Los Bridgerton, desde que Chris Van Dusen abandonó la serie y Jess Brownell pasó a ser la showrunner, parece haberse acomodado en un terreno menos dramático: se entiende como un pasatiempo ligero que a menudo es insípido de tan insustancial. A ratos es incluso una obra estúpida por introducir acciones y perspectivas contemporáneas en las tramas sin tener en cuenta que entonces el universo de ficción pierde cualquier atisbo de coherencia: nadie en esa sala de guionistas tiene suficiente talento como para abordar la estratificación social de la época sin que el frágil tejido de la serie no se rompa un poco más.

Sin embargo, no le vayamos a pedir peras al olmo. Una vez se asume que Los Bridgerton es una memez, lo que sí le podemos pedir es que la trama romántica sea fuego. Lo es. Luke Thompson es un actor limitado, tal y como habíamos visto estos últimos años en los que había sido incapaz de hacerse suya ninguna escena, pero tiene una química más que solvente con Yerin Ha. Y esta última es toda una sorpresa, como si hubiera nacido para ser protagonista de Los Bridgerton.

Hay una guerra abierta entre las grandes casas al... 'robarse' el servicio.
Hay una guerra abierta entre las grandes casas al... 'Robarse' el servicio.LIAM DANIEL/NETFLIX

Ha está encantadora en modo romántico, feroz cuando muestra el carácter de su personaje y sabe transmitir su vulnerabilidad. A través de su mirada, el espectador puede ver los matices de su conflicto interno: la necesidad del ser humano de soñar con una vida mejor y la frustración por pertenecer a una clase social inferior a Benedict (y tener que resignarse). En la cocción de este romance, que por suerte nunca se queda estancado, destaca el tercer episodio, donde Los Bridgerton tiene el acierto de colocar una secundaria robaescenas: Susan Brown como la señora Crabtree.

Son estas chispas entre Thompson y Ha y sobre todo el talento de esta última lo que convierten en potable una serie que a menudo podría dar vergüenza ajena por lo extremadamente infantil que es en el retrato de los personajes y su forma necia de explotar la Inglaterra de principio del S. XIX.