Desde mis inicios en Derivados en 1954, con 19 años, hasta su muerte en el 2017, consideré a Pere Mir Puig como un segundo padre y lo traté, siempre, como si lo fuera, con respeto y estima. Pero quiero decir también, sin miedo a equivocarme, que si alguien lo conoció bien y en todas las facetas de la vida, ese fui yo. Yo, como un hijo pero sin acabar de serlo, con este afecto y esta distancia, pude conocer y a veces vivir sus tejemanejes con amigos y conocidos, sus trampas dentro y fuera de la familia.
Fue severo con sus sobrinas, sus herederas de sangre, porque hijos no tuvo, Pere. Les arrebató lo que su padre les dejó en herencia y no les dejó nada, tampoco, en el testamento. Ni él ni Núria, la mujer. Es el mismo egoísmo, incomprensible en un hombre que lo tenía todo, que lo llevó, en los últimos años de su vida, a apartarse de aquellos que le queríamos de verdad y a caer en manos poco escrupulosas que le engañaron y estafaron.
En los últimos años de su vida, Pere Mir cayó en manos que le engañaron y estafaron
Su afición a los viajes de larga duración a Argentina y otros países y los cuatro meses de ausencia para disfrutar del mar navegando cada verano en sus barcos hizo que yo tuviera poderes muy pronto. Eso me permitió hacerle rico y articular un conjunto de compañías con presencia comercial en 160 países y líderes en el mundo en paraformol, polvo de moldeo, pentaeritritol y ácido tricloroisocianúrico.
Siempre, cuando se explica la historia de Derivados, se repiten tres errores garrafales: 1) Pere Mir no creó Derivados Forestales en 1942: es falso. El fundador fue Joaquim Saltor Madorell. 2) El refundador de Derivados el 1947 fue su suegro, Josep Pàmias Corrons, que le regala 164 acciones y el cargo de consejero delegado de la nueva empresa como un obsequio de bodas a su hija. 3) Pere Mir no inventó nunca nada. Hizo espionaje industrial y sedujo a unos ingenieros de la compañía belga Lambiotte: los señores Rimbaud y Couttor. Igualmente, todas las patentes del Grupo las firmó el doctor Lluís Eek Vancells, director de investigación de Derivados Forestales, con la colaboración del doctor Marcel Ciutat y su Equipo Técnico e Industrial.
Cuando en 1978 se marchó a Suiza, Pere Mir ya había acumulado una fortuna enorme gracias al negocio del alcohol etílico. Un negocio realizado a espaldas de su suegro y de todos los accionistas de Derivados. Entre el 2002 y el 2006, cuando vuelve a Barcelona, se encontró con que era propietario de un importante grupo de empresas que yo había creado. Lo deshizo y lo regaló a Banc de Sabadell y lo malvendió a Ercros y a la competencia más odiosa.
Róger, el filipino que lo cuidó durante años, hasta su muerte, fue testigo y explicó que, pocas semanas antes de morir, Jordi Segarra Pijuan, Joan Francesc Capellas Cabanes y Josep Tabernero Caturla, lo encerraron horas en el despacho de su casa. Los tres, a un viejo de 97 años, le prepararon una reunión trampa, con el notario Xavier Roca-Ferrer, y allí, “a punta de bisturí”, le hicieron modificar el testamento y se autonombraron albaceas de su fortuna. Fue el 11 de enero del 2017, justo 60 días antes de su muerte, el 10 de marzo del 2017.
En el libro De la madera a la madera . La historia del Grupo Derivados Forestales (1942-2006), que se presentó el 5 de noviembre del 2022 en el Col·legi d’ Economistes, ya denuncié las irregularidades cometidas por los albaceas Segarra, Tabernero y Capellas, que incumplieron los deseos de Pere Mir y empezaron a vaciar la Fundación Cellex en beneficio propio.
Presenté la denuncia a la Generalitat porque creí que era mi deber. Mi objetivo por encima de todo es que aflore la verdad y que se haga justicia. La memoria de lo que ha pasado no es venganza: es justicia. En este caso, espero que el dinero se recupere y vuelva a la sociedad, a la investigación, a la ciencia y a la salud de los ciudadanos, como a pesar de todo quería el señor Pere Mir Puig.

