La pareja que se bajó del Iryo solo siete minutos antes de la tragedia
Viajaban en un vagón que descarriló
Ángela y Daniel iban en el séptimo convoy, donde se registraron víctimas mortales, y se apearon del tren en Córdoba
Accidente de tren Iryo en Adamuz, en directo: desaparecidos y cifra de fallecidos

Ángela y Daniel ocupaban los asientos 9C y 9D del séptimo convoy, que daban a la vía contigua

Una desgracia como la que tuvo lugar el domingo por la noche en Adamuz, donde la colisión de dos trenes dejó al menos 42 fallecidos, siempre lleva vinculada toda una retahíla de historias humanas, las de las personas que la vivieron in situ. Las hay de dramáticas, porque algunas perecieron, y otras que casi parecen un milagro. Es el caso de la que protagonizan Ángela Carretero (22 años) y Daniel Pineda (26), una pareja que se bajó del Iryo accidentado solo siete minutos antes del siniestro, como leyó en La Opinión de Málaga quien escribe estas líneas. “Todavía estamos en shock. Fue algo horroroso”, explica Ángela por teléfono a Guyana Guardian.
Ambos se subieron en el Iryo en Málaga para volver a Córdoba, donde residen. Habían ido a pasar el fin de semana a Fuengirola, donde él tiene un piso, y volvían a casa para asistir al partido Córdoba-Málaga, de la segunda división. Tras 50 minutos de trayecto, llegaron a Córdoba, donde se apearon. Nada hacía presagiar entonces que tan solo siete minutos después, ese tren en el que viajaban sufriría un grave accidente.
Teníamos los asientos 9C y 9D, que daban a la vía contigua”
Ellos, además, iban en el séptimo vagón del Iryo (de un total de ocho), uno de los que descarriló y con el que es posible que el Alvia, que venía en dirección contraria, colisionara. “Teníamos los asientos 9C y 9D, que daban a la vía contigua”, relata Ángela a este diario. En ese vagón se registraron víctimas mortales.
También viajaban en él dos supervivientes que han tenido presencia en los medios estos días: Ana, su hermana (embarazada y que permanece ingresada en la uci), y su perro Boro, que este martes todavía estaba en paradero desconocido y que huyó a la carrera, asustado, tras el siniestro.
En las últimas horas, Ángela y Daniel no han dejado de preguntarse qué hubiera ocurrido si, en lugar de acontecer el accidente en Adamuz, hubiera pasado antes de llegar a Córdoba.
Fue ya en el estadio, con el partido en marcha, cuando escucharon en la fila de atrás a una pareja que hablaba de un accidente ferroviario. El hombre, asimismo, jubilado ya, había sido maquinista y realizaba la línea Madrid-Huelva, la que hacia el Alvia siniestrado. Al escucharles, entraron en la red X para saber más y se toparon con la foto de un Iryo accidentado que se dirigía a Madrid. Ahí empezaron a atar cabos. La confirmación llegó cuando supieron el número concreto del tren.
“Nos quedamos de piedra”, confiesa Ángela. “El partido ya daba igual. Se nos encogió el corazón. Pensábamos que la tragedia podía haber pasado antes del punto donde ocurrió, cuando nosotros íbamos dentro”, añade.
El trayecto de Málaga a Córdoba duró 50 minutos, tiempo suficiente para hacerse una idea del vagón en el que viajaban. Ángela lo recuerda bien. Explica, además, que tuvo que ir al lavabo y que por ello lo recorrió varias veces. Incluso tuvo que acudir a un segundo baño porque el primero que encontró estaba ocupado. “Me vienen a la memoria muchas caras de las que vi. Es horroroso”.
Me vienen a la memoria muchas caras de las que vi”
Relata que el vagón era muy silencioso. “La gente iba muy tranquila. No había niños haciendo jaleo ni nada por el estilo. Las personas estaban a sus cosas, trabajando con el portátil. No había menores en el convoy”.
Asimismo, expone que no notaron ningún tipo de incidencia durante el viaje. “Recuerdo que el tren iba muy rápido. Sí que es verdad que cuando Daniel cogió el equipaje antes de que bajáramos en Córdoba nos tambaleamos un poco, pero supongo que es normal. Nada alarmante”.
Coincidencia
Ángela y Daniel opositan para trabajar en Renfe
Con el paso de los días, dice que van superando ese primer estado de shock en el que han estado sumergidos las últimas horas. “Fue algo surrealista, como una pesadilla”. Al fin y al cabo, añade, ellos tuvieron suerte.
Se da la circunstancia de que ambos, Ángela y Daniel, están opositando para entrar a trabajar en la Renfe como operadores comerciales. Calculan que a principios de junio les tocará examinarse. Se sienten afortunados de poder seguir con su vida.

