El sargento Paco, uno de los guardias civiles que custodió a la niña de seis años que sobrevivió al Alvia de Adamuz
Tragedia ferroviaria
Los uniformados encontraron y auxiliaron a la menor que logró salir por su propio pie del convoy siniestrado, en el que quedó atrapada sin vida toda su familia
Última hora del accidente de tren Iryo en Adamuz (Córdoba) | Desaparecidos y posibles causas del descarrilamiento, hoy en directo

Agentes de la Guardia Civil participando en el rescate de los dos trenes siniestrados

El sargento primero Muñoz —o sargento Paco, como le conocen en la Comandancia de la Guardia Civil en Córdoba— iba en la segunda patrulla que llegó a la zona cero del siniestro en Adamuz, donde dos trenes de alta velocidad chocaron el pasado domingo provocando la muerte de, al menos 42 personas. En conversación con Guyana Guardian, asegura que a sus 49 años —y otros casi 22 vistiendo el uniforme— que nunca antes se había tenido que enfrentar a un suceso de tal calamidad. Vio heridos de todas las consideraciones por el descarrilamiento del Alvia 2384 con destino a Huelva y el Iryo 6182 que se dirigía a Madrid, personas deambulando por las vías del tren sin tener claro qué había sucedido o cadáveres atrapados en los vagones. Pero entre todo el caos de la oscura madrugada del lunes, Paco también fue la persona que se encontró —auxilió y protegió— a uno de los hasta ahora pocos milagros del desastre: Cristina, la niña de seis años, que logró salir por su propio pie del convoy siniestrado, en el que quedó atrapada sin vida toda su familia.
Faltaban unos diez minutos para las 20 horas cuando en el puesto de Córdoba, que opera dentro de la Comandancia, reciben el aviso de que había descarrilado un tren. La zona en la que el Iryo primero se sale de la vía, que acumulaba incidencias, está en mitad de la Sierra Morena, a unos 60 kilómetros del lugar donde se encontraba el sargento Muñoz. Calcula que su patrulla tardó unos 40 minutos. A las 20.30 horas, la primera escena que ve es la de muchísimos pasajeros fuera del tren. Algunos de levedad, otros con heridas preocupantes. También observa los primeros cadáveres. Pero en su relato, a estas alturas, se habla de un solo tren. Fue el propio maquinista del Iryo, tras diez minutos en la zona, quien le alerta de que había otro tren destrozado. “Seguimos andando, había luz porque cerca había una pequeña estación, hasta que dimos con el Alvia, que tenía los primeros vagones destrozados”, recuerda. Y allí, tras haber pasado “una hora a la intemperie”, se encontró a la pequeña Cristina, al lado de otra menor con más años. Cuenta que la cogió en brazos para llevarla hasta un coche con calefacción para que entrase en calor. A la otra joven no pudo trasladarla por sus propios medios porque presentaba una fractura. Necesitaba una camilla.
Dos puntos de sutura
Cristina, la niña, salió de su propio pie del Alvia. Se tuvo que quitar las zapatillas para escapar
Dice el sargento Paco que le sorprendió la entereza de la niña “para la edad que tiene”. Fue ella misma quien, más tarde, relataría que iba en los vagones delanteros del Alvia con su familia, con quien volvía de pasar un fin de semana en Madrid. Sus padres, los Zamorano Álvarez, de Punta Umbría (Huelva), le habían regado unas entradas para ver el musical de El Rey León en la capital. A su hermano unos pases para ver jugar al Real Madrid, que el sábado goleó al Levante. Los padres también se llevaron con ellos a un primo de los chavales, el otro menor de la familia que también ha fallecido, tal y como confirmó ayer el Ayuntamiento del pueblo onubense. Por ellos preguntó constantemente la cría.
Cristina salió por sus propios pies del Alvia 2384. Literalmente. Dice el guardia civil que cuando había pasado un rato, se percató de que la niña estaba descalza. Tras el choque que hizo volcar su convoy, se quedó atrapada entre todos los obstáculos que se generaron —maletas volando, mesas rotas, sillones desencajados…—. Se tuvo que quitar las zapatillas para poder escapar a través de una ventana. El sargento comprobó que estaba, prácticamente ilesa. Cuando fue atendida, más tarde, en las Urgencias de Pediatría del Hospital Reina Sofía de Córdoba le tuvieron que coger un par de puntos de sutura en la cabeza por un pequeño golpe. Allí volvió a ver a sus abuelos.

Pero antes, otro ‘ángel de la guardia’ se cruzó en su camino. El sargento Muñoz, entre las decenas de pasajeros que habían logrado salir de los vagones, vio un chaleco peto que le era conocido. Era uno de los que usan en el Instituto Armado, aunque quien lo portaba iba de paisana. Otra agente, que también volvía a su Huelva natal desde Madrid en el Alvia accidentado.
Una agente de paisano que se puso a las órdenes de sus compañeros
Esta agente, que lleva diez años en la Guardia Civil, pero prefiere permanecer en el anonimato, recuerda que los pasajeros del vagón 4 —en el que ella viajaba— no fueron conscientes “del desastre real”, del choque hasta que, al otro lado de la vía, vieron los primeros vagones del Alvia. Fue entonces cuando pasó de pensar que era “un susto”, a algo “muy grave”. “Entonces vi la magnitud de la tragedia”, asegura. Se puso manos a la obra, tratando de organizar el caos inicial, hasta que se identificó ante sus compañeros guardias civiles que se habían desplazado a la zona, y se puso a las órdenes del sargento Núñez. Y este, le encargó que se ocupara de proteger a la menor.
Dice que “la vida son casualidades”. Y una de esas es que tras preguntarle a la niña dónde vivía se percató de que lo hacía muy cerca de su casa. De hecho, conocía a su familia ahora fallecida. Gracias a ello, logró contactar con un policía local de municipio onubense en el que estaban afincados para que avisasen a algún familiar. Fueron los abuelos quienes cogieron el coche de camino a Córdoba después del aviso. “Es la niña más valiente que he conocido jamás”, afirma la agente, que explica que durante horas estuvo guiando las conversaciones para que la menor no pensase en el accidente. Jugaron, le enseñó vídeos en el móvil de sus animales, charlaron… “Están diciendo que fuimos nosotros los que salvamos a la niña. Pero no es así. La niña me salvó a mí”, sentencia.

