Sociedad

Aludes mortales en los Pirineos

Montaña

Los expertos remarcan que es vital llevar el material de seguridad y evitar zonas de peligro, tras la muerte de ocho personas en la vertiente sur de la cordillera

Un alud provocado por el paso de snowboarders, el pasado mes de diciembre, en la zona del Tuc de Beret, en la Val de Aran 

Un alud provocado por el paso de snowboarders, el pasado mes de diciembre, en la zona del Tuc de Beret, en la Val de Aran 

Cristina Pérez-Guillén

Llevar el material de seguridad y saber utilizarlo para socorrer y desenterrar sin dilación a un compañero atrapado por un alud puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte. “El 91% de las personas sepultadas por la nieve sobreviven si las sacan durante los diez primeros minutos, porcentaje que baja al 31% si las extraen entre el minuto 11 y el 30”, alerta Iñigo Soteras, médico del SEM especializado en salvamentos de montaña con los bomberos GRAE. Soteras remarca que el papel de las personas que están en ese momento en el lugar del accidente es vital pues, inevitablemente, la llegada de los equipos de rescate se demora más tiempo. Soteras, al igual que Glòria Martí, responsable de la Unitat de Predicció d’Allaus i Nivologia del Institut Cartogràfic i Geològic de Catalunya (ICGC), y Montse Bacardit, nivóloga del Centro de Aludes de la Val d’Aran, reiteran la importancia de que los practicantes de deportes de invierno sigan cursos para saber moverse por el terreno, detectar los peligros y actuar correctamente en caso de que se desencadene un alud.

En una temporada en la que ya se han registrado ocho víctimas mortales en la vertiente sur de los Pirineos, cinco en Aragón, dos en Andorra y una en Catalunya, urge que cale el mensaje de que es necesario preparar bien las rutas, consultar los boletines de peligro de aludes y no olvidar el equipo básico: el DVA (Detector de Víctimas de Avalanchas), la pala y la sonda, indispensables para hallar y sacar a alguien que quede sepultado. Si además se dispone de una mochila airbag antiavalanchas (ver infografía) “se evita el enterramiento y te protege la cabeza”, apunta el geólogo y nivólogo Pere Oller.

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A los 35 minutos solo sobreviven un tercio de las personas sepultadas por la nieve, alerta Iñigo Soteras

Tal como indica un estudio de la revista JAMA citado por Soteras, “a los 35 minutos solo sobreviven un tercio de los sepultados, aquellos que poseen cámara de aire, espacio creado delante de la boca y la nariz que les permite respirar”.

Son escasísimos los casos en los que las víctimas de un alud se mantienen con vida durante horas. Uno de los más sonados, documentado por la revista Wilderness&Environmental Medicine , es el de un joven snowboarder que, en enero del 2020, aguantó enterrado 20 horas a 2,3 metros de profundidad, en los Alpes austriacos, gracias a que las gafas de ventisca que llevaba se desplazaron en la caída hacia la boca y la nariz de manera que la nieve no bloqueó sus vías respiratorias. Además, en una roca cercana a la superficie se formó una cámara de aire que le proporcionó el acceso a oxígeno. Pero, lejos de confiar en milagros, lo que cuenta es la prudencia, la experiencia y la formación. Incluso avezados esquiadores se han visto en situaciones muy comprometidas. La propia nivóloga Montse Bacardit encajó como “una lección privilegiada” el suceso que vivió el 14 de febrero del 2025, una jornada con nivel de peligro 2 de una escala de 5, cuando en el descenso esquiando provocó un alud en la canal del Tuc de Balaguèra, en la Val d’Aran. El 50% de los accidentes se producen con el nivel 3 y el 30%, con el dos. Bacardit, cuyos 50 kilos de peso movilizaron 250 toneladas de nieve, fue arrastrada 180 metros montaña abajo con tal fortuna de que pasó por el lado de una gran roca pero sin tocarla y de que no quedó enterrada. “A pesar de que mi trayectoria de 15 años de profesional como nivóloga especialista en predicción de aludes puede parecer una garantía para evitarlos, es todo lo contrario, casi cada día de la temporada de invierno, sea trabajando o de forma recreativa, estoy en terreno de aludes, mi exposición es muy elevada”, relata en un escrito.

De los seis accidentes con un total de ocho víctimas mortales en lo que llevamos de temporada, dos se produjeron con nivel 4 de peligro, dos con nivel 3 y dos con nivel 2. Cinco de los fallecidos practicaban esquí de travesía, dos fuera pista y uno raquetas, tal como recoge la entidad sin ánimo de lucro ACNA (Asociación para el Conocimiento de la Nieve y los Aludes). La muerte en el pico Tablato de tres esquiadores, entre los que se encontraba el divulgador científico aragonés Jorge García-Dihinx, junto a su pareja, la corredora de montaña Natalia Román, causó conmoción en los Pirineos. Ambos eran curtidos deportistas y, además, García-Dihinx gestionaba un portal de meteorología. De los seis miembros del grupo no todos llevaban material de seguridad.

El factor humano está detrás de más del 80% de los accidentes por aludes, comenta Glòria Martí, al frente del equipo que elabora los boletines del ICGC. “Cada temporada hay una media de 250 aludes en los Pirineos catalanes de un volumen mínimo de 100 metros cúbicos y una longitud de 10, un tamaño que ya puede desestabilizar y matar por traumatismo, pero no enterrar; es a partir de los 50 metros que tiene capacidad para sepultar a alguien”, añade Martí. En Catalunya se registran entre uno y dos muertos al año por avalanchas de nieve y en el conjunto de la vertiente sur de los Pirineos, de cinco a seis de media.

“En ACNA vemos cada vez más incidentes y accidentes debido a que hay más gente que hace actividades de montaña, que va a buscar terrenos complejos y que se expone más. Hay dos tipos de público, el esquiador con habilidades que asume riesgos para esquiar en zonas con más pendiente y con nieve polvo y el que no tiene experiencia”, explica Bacardit. Un suceso clásico, pone como ejemplo la nivóloga, es el que vivió el grupo de 14 adolescentes y monitores alcanzados por un alud en la Cerdanya, el pasado diciembre, cuando hacían una travesía. Los bomberos acudieron al rescate y trasladaron a tres de ellos con heridas leves a un hospital. Afortunadamente se quedó en un susto.

En el primer accidente mortal de la actual temporada, el 29 de noviembre en el Pas de Casa, ninguna de las dos personas involucradas en el mismo llevaba material de seguridad. Bacardit insiste en la urgencia de actuar en los primeros diez minutos para evitar la muerte por asfixia, pero sin pala, DVA ni sonda poco se puede hacer.

El alud de placa es el más frecuente y el que causa más muertes. Pere Oller explica que se produce cuando alguna de las capas del interior del manto nivoso es débil e inestable y, sea de manera espontánea o por el paso de un esquiador, se rompe originando la avalancha. La campaña Montaña Segura, centrada en los Pirineos de Aragón, alerta de que este tipo de aludes están detrás del 90% de los siniestros con víctimas. El riesgo aumenta especialmente a partir de los 27º de inclinación de la pendiente y el rango de los 30º a los 45º es el más peligroso.

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La generosa nieve de las últimas semanas es una gran tentación para los amantes del esquí de montaña, pero también los que exhiben más destreza se han enfrentado en más de una ocasión a situaciones comprometidas. “Lo que no puede decirse es que si un experto sufre un accidente es por la fatalidad, quizás ya sabe que va a un lugar peligroso, pero aún así apura, al final la culpa de lo que pasa es de uno mismo. No se puede atribuir todo a la mala suerte, hay gente inconsciente que va a la montaña incluso con nivel de peligro 4 y sin el material de seguridad”, dice Oller.

En el conjunto de Europa, EAWS (European Avalanche Warning Services) ha documenta en la actual temporada once muertos en Francia, el mismo número en Italia, nueve en Austria, tres en Eslovenia y uno en Eslovaquia, a los que cabe sumar los dos de Andorra y los seis de España. Un total de 43, una cifra de mínimos. La media anual en Europa, en base a los datos recogidos por EAWS desde el 2017, se acerca al centenar. Los países alpinos son los que lamentan más fallecidos; en la campaña 2017/18, la peor, Francia, Italia, Suiza y Austria sumaron 118 decesos.

En Catalunya, un análisis realizado por el ICGC, los Mossos d’Esquadra y la cátedra de Medicina de Montaña de la Universitat de Girona contabilizó 59 víctimas mortales en 45 accidentes en el periodo 1970-2020. A partir de las autopsias se confirmó que la principal causa de muerte fue la asfixia (57%), seguida de los traumatismos (33%) y la hipotermia (10%).

Rosa Maria Bosch Capdevila

Rosa Maria Bosch Capdevila

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Licenciada en Ciencias de la Información por la UAB. Jefa de Sección de Tendencias y redactora del área de Cooperación y Desarrollo. Con anterioridad, jefa de sección de Vivir y delegada de la edición de Tarragona de Guyana Guardian.