“La reserva cognitiva puede ampliarse con interacciones sociales enriquecedoras, el cerebro se entrena”: cómo combatir los efectos del envejecimiento cerebral
Longevity
Entre las estrategias más eficaces identificadas por la investigación, destacan el desarrollo y el mantenimiento de una buena reserva cognitiva, la capacidad del cerebro para resistir los efectos del envejecimiento o de las enfermedades neurodegenerativas

La reserva cognitiva puede ampliarse con interacciones sociales enriquecedoras

Envejecer, manteniéndose mentalmente alerta: ¿un objetivo alcanzable o una utopía? Es perfectamente posible, siempre que se cultiven hábitos beneficiosos para el funcionamiento del cerebro a lo largo de toda la vida. Como investigador en neurociencias cognitivas y en neuropsicología del envejecimiento, propongo arrojar luz sobre la posibilidad de mantener una buena salud cognitiva al envejecer, a la luz de los avances científicos más recientes.
Entre las estrategias más eficaces identificadas por la investigación, destacan el desarrollo y el mantenimiento de una buena reserva cognitiva. La reserva cognitiva se refiere a la capacidad del cerebro para resistir los efectos del envejecimiento o de las enfermedades neurodegenerativas sin que estos se traduzcan en un deterioro funcional significativo. Este concepto es hoy central en los enfoques de prevención del declive cognitivo.
En su informe actualizado en 2024, la comisión permanente de la revista científica The Lancet sobre la prevención, la intervención y la atención en demencia destacó que alrededor del 45 % de los casos de demencia podrían evitarse o retrasarse actuando sobre 14 factores de riesgo modificables. Entre estos factores se incluyen la inactividad física, la depresión y el aislamiento social, pero uno de los factores más tempranos y significativos es el bajo nivel educativo.
Más allá de la educación
Durante mucho tiempo, la educación se consideró el principal indicador de la reserva cognitiva, al reflejar una exposición prolongada a actividades intelectualmente estimulantes que favorecen el desarrollo de redes cerebrales eficaces.
Sin embargo, esta visión resulta hoy incompleta. La reserva cognitiva no se fija en la infancia ni en la edad adulta: puede construirse, mantenerse e incluso ampliarse a lo largo de la vida mediante experiencias diversas, como el aprendizaje, las interacciones sociales enriquecedoras o los pasatiempos cognitivamente estimulantes. Por ejemplo, tocar un instrumento musical, practicar juegos de mesa complejos como el ajedrez, o participar en actividades de voluntariado que requieran planificación y resolución de problemas.
Comprender la reserva cognitiva
La literatura científica propone varios modelos complementarios para entender los mecanismos de la reserva cognitiva. Algunos se centran en la estructura del cerebro, sugiriendo que ciertas características, como el número de neuronas, influyen en la capacidad de tolerar lesiones cerebrales. Este es el modelo de la reserva cerebral, basado en la idea de que algunas personas disponen desde el nacimiento de un mayor número de neuronas, lo que les permitiría afrontar mejor el envejecimiento.
Otros plantean que los estilos de vida activos pueden ralentizar los efectos del envejecimiento cerebral al reforzar la resistencia biológica, es decir, la capacidad del cerebro para mantenerse intacto y funcional con la edad, mostrando pocos signos visibles de deterioro. Este es el modelo del mantenimiento cerebral.
La reserva cognitiva, lejos de ser una entidad fija, evoluciona y puede reforzarse a lo largo de toda la vida
Un tercer grupo de modelos pone el acento en la flexibilidad funcional del cerebro, que le permite movilizar sus recursos de forma diferente o reclutar redes neuronales alternativas para compensar las pérdidas asociadas a la edad. Este es el modelo de la reserva cognitiva propiamente dicho.
Estos modelos se inscriben en un marco conceptual común que distingue entre la reserva cerebral, el mantenimiento cerebral y la reserva cognitiva. Cada uno se basa en una idea específica, pero todos son complementarios y están respaldados por datos empíricos. El modelo de la reserva cognitiva sigue siendo el más estudiado, sobre todo por su relación con factores modificables como el nivel educativo o la práctica regular de actividades cognitivamente estimulantes.
La reserva cognitiva es dinámica
Esta distinción ayuda a armonizar las investigaciones y a orientar de manera eficaz las estrategias de prevención. Sobre todo, recuerda que la reserva cognitiva, lejos de ser una entidad fija, evoluciona en interacción con la experiencia y el aprendizaje, y, por tanto, puede reforzarse a lo largo de toda la vida.
Trabajos recientes respaldan esta visión dinámica. Un equipo de investigadores canadienses, del que formo parte, demostró que el aprendizaje estructurado de estrategias de memoria —como el método de los lugares (asociar cada información a un lugar familiar) o la visualización mental (convertir la información en imágenes para recordarla mejor)— puede inducir modificaciones significativas en la actividad cerebral.

Se observó una combinación de aumentos y disminuciones de activación —es decir, variaciones en el nivel de actividad de distintas regiones cerebrales— durante las fases de aprendizaje y de recuerdo de la información. Esto refleja que el uso de estrategias de memoria favorece una mayor flexibilidad funcional del cerebro.
Los resultados también mostraron que, en las personas con un mayor nivel educativo, ciertas regiones se activan de forma más focalizada durante el aprendizaje y el recuerdo, lo que sugiere que su cerebro emplea estrategias más eficaces. Otras investigaciones han destacado asimismo el papel de la educación en la estructura y el funcionamiento cerebral.
Un estudio que realicé junto con varios colaboradores puso de manifiesto una asociación entre el número de años de escolarización, el volumen de materia gris y la activación cerebral en tareas de memoria. Otro estudio en el que participé mostró una mayor flexibilidad de activación en función de la complejidad de las tareas en individuos con mayor nivel educativo. En conjunto, estos trabajos confirman que la reserva cognitiva puede desarrollarse con la experiencia y modularse mediante el entrenamiento cognitivo a cualquier edad.
Estimular el cerebro mientras nos divertimos
En esta misma línea, el estudio Engage, del Consorcio Canadiense sobre Neurodegeneración y Envejecimiento, busca estudiar los efectos conductuales y neurofisiológicos de la práctica de actividades de ocio cognitivamente estimulantes en personas mayores. Esta intervención híbrida combina entrenamientos cognitivos formales (estrategias de memoria, atención) con actividades estructuradas de ocio, como el aprendizaje de música, de una segunda lengua o de videojuegos.
El compromiso intelectual, incluso en etapas tardías de la vida, puede generar beneficios medibles
Ofrece un modelo ecológico, es decir, una aproximación más cercana a las condiciones reales de la vida cotidiana, agradable y motivadora, que favorece un compromiso sostenido. Al demostrar que estas intervenciones naturales producen efectos comparables a los de los programas clásicos de entrenamiento cognitivo —que suelen consistir en ejercicios repetitivos en ordenador o en papel para trabajar funciones como la memoria o la concentración—, Engage podría transformar los enfoques de prevención del deterioro cognitivo asociado a la edad.
Cada cual tiene su manera de mantener una buena salud cognitiva
En la Universidad de Quebec en Trois-Rivières (UQTR), en mi laboratorio de neuropsicología del envejecimiento (NeuroAge), llevamos a cabo un proyecto complementario. Exploramos los efectos del aprendizaje del inglés como segunda lengua sobre la cognición y la actividad cerebral en personas mayores.
Gracias a un protocolo que combina clases, tutorías y mediciones cognitivas y electroencefalográficas, este proyecto busca documentar los beneficios cognitivos y neuronales de un aprendizaje significativo, motivador y accesible. Los resultados preliminares son prometedores y respaldan la idea de que el compromiso intelectual, incluso en etapas tardías de la vida, puede generar beneficios medibles.
El compromiso intelectual, incluso en etapas tardías de la vida, puede generar beneficios medibles
Mantener una buena salud cognitiva a cualquier edad pasa por una combinación de intervenciones accesibles, motivadoras y estimulantes. La reserva cognitiva, lejos de ser estática, se construye a lo largo de toda la vida. Los avances de la investigación nos proporcionan hoy herramientas concretas para envejecer de forma saludable, y en particular, con una buena salud cognitiva.
Benjamin Boller es profesor agregado en neuropsicología en la Université du Québec à Trois-Rivières (UQTR).
Este artículo ha sido publicado originalmente en The Conversation.





