“Las personas envejecemos como hemos vivido”: por qué la edad pasa tan diferente para cada uno, y las personas mayores son tan diversas
Longevity
Distintas voces expertas señalan que, aunque el envejecimiento es un proceso biológico común, su manifestación en la salud física y mental varía mucho de una persona a otra

El envejecimiento no pasa igual para todas las personas, aunque se trate (erróneamente) a los mayores como un colectivo uniforme

La mirada edadista atraviesa como un río todas las etapas de la vida. Dependiendo de donde se sitúe uno, se enfrentará al estereotipo o la discriminación de turno, sin que parezca que haya escapatoria. Sin embargo, envejecer no es simplemente caer bajo unas etiquetas: como recuerda la escritora y psicóloga Anna Freixas, el envejecimiento es mucho más que un proceso biológico; es un espejo de nuestra historia vital. Una historia marcada por el género, pero también por el carácter, el contexto social y las oportunidades que hemos tenido, factores que influyen tanto como la edad en cómo nos hacemos mayores y en la diversidad de formas en que vivimos esta etapa de la vida.
La doctora Virtudes Niño Martín, miembro del Grupo Senior de la SEGG, ha manifestado en diversas ocasiones la necesidad de visibilizar la heterogeneidad de las personas mayores. “A menudo se habla de ellas como un grupo uniforme, pero en realidad presentan una gran diversidad en sus experiencias de vida, sus costumbres, preferencias, niveles de autonomía y necesidades de salud”, explica a Guyana Guardian. Reconocer esta pluralidad permite ofrecer, para la experta, una atención más cercana y ajustada a cada persona, pero también evita estereotipos y contribuye a reducir desigualdades.
Se habla de las personas mayores como un grupo uniforme, y en realidad presentan gran diversidad
Un estudio —Envejecer con sentido. Un estudio cualitativo y multicultural— publicado recientemente en la Revista Española de Geriatría y Gerontología, ofrece algunas pistas sobre cómo entender la vejez de manera más integral. En él, las investigadoras definieron nueve factores que dan sentido al envejecimiento: cubrir las necesidades básicas; la espiritualidad; la familia; sentirse útil y socialmente activo; el ocio; la aceptación del envejecimiento; poder decidir cómo y dónde envejecer y morir; la visibilidad social de las personas mayores; y la atención personalizada.
Según Mariona Gifre, una de las autoras, estos factores no contradicen el concepto de “vejez universal”, sino que permiten visibilizar la heterogeneidad de las personas mayores, sus costumbres, preferencias, dificultades y necesidades. “Las personas envejecemos de la misma manera en que hemos vivido”, explica la doctora en Psicología e investigadora con una trayectoria profesional y académica centrada en trabajo comunitario. Estos tres perfiles son, en parte, estilos de vida, siempre y cuando las necesidades básicas estén cubiertas.
Las personas envejecemos de la misma manera en que hemos vivido
El primer perfil agrupa a quienes priorizan la tranquilidad, la vida cotidiana y el entorno familiar y comunitario, disfrutando de la rutina y del tiempo compartido con los suyos. El segundo perfil corresponde a personas que viven esta etapa como un tiempo ganado para el ocio y el bienestar, aprovechando la reducción de obligaciones para cuidar su salud, fortalecer relaciones y participar en actividades culturales o recreativas.
El tercer grupo lo forman quienes mantienen un papel activo en la comunidad: personas empoderadas, con compromiso social, que reivindican su capacidad de decisión y su contribución a la vida social y política. “Estas tres maneras diferentes de afrontar la vejez nos muestran la necesidad de entender al colectivo con diferentes prioridades, intereses y necesidades vitales”, explica la experta.
Tres perfiles de personas mayores
1) Agrupa a quienes priorizan la tranquilidad, la vida cotidiana y el entorno familiar y comunitario.
2) Personas que viven esta etapa como un tiempo ganado para el ocio y el bienestar, aprovechando la reducción de obligaciones.
3) Personas con compromiso social y/o político.
Un envejecimiento significativo
Construir un envejecimiento significativo no se limita a cubrir necesidades básicas o mantener la salud física: implica atender también la dimensión emocional, social y cultural de las personas mayores. Para Virtudes Niño Martín, entender el proceso del envejecimiento desde una perspectiva diversa ayuda a promover que ese envejecimiento sea mejor acompañado. “Visibilizar esa diversidad no solo mejora los cuidados, sino que también enriquece nuestra comprensión del envejecimiento en sociedad”, señala, y añade que “visibilizar la pluralidad de las personas mayores es un requisito imprescindible para garantizar una atención digna y ajustada al complejo proceso de envejecimiento contemporáneo”.
Pero, además, Mariona Gifre apunta que no solo se trata de vivir más años, sino de vivir esos años con plenitud. En este sentido hay elementos como la espiritualidad, el sentimiento de utilidad y la posibilidad de decidir dónde y cómo envejecer que son clave para construir ese envejecimiento significativo. “Estos factores permiten sentirse visto, aceptado y respetado dentro de la comunidad, y mantener la propia identidad”, explica. Poder elegir personaliza la experiencia, adaptándola a preferencias individuales y culturales, y contribuye a la continuidad de uno mismo en la vejez.
Según Gifre, esto adquiere especial relevancia en un momento histórico sin precedentes: el aumento y la diversidad de la población mayor en el mundo. Por ello, insiste en la necesidad de crear políticas, recursos, actividades y espacios que contemplen toda esta diversidad. “Igual que no todos los jóvenes tienen los mismos intereses, ¿por qué con las personas mayores tendría que ser diferente?”, señala.
Políticas y servicios que respeten la diversidad
Ambas expertas coinciden en que incorporar una mirada diversa es esencial para diseñar políticas públicas y modelos de atención sanitaria adecuados. Ahí es donde la brecha entre el querer y poder se hace más visible, porque, como advierte la doctora Virtudes Niño, la forma en que envejecemos está profundamente marcada por las desigualdades socioeconómicas y territoriales. “El nivel educativo, los ingresos, la trayectoria laboral o la calidad de la vivienda influyen directamente en la salud y la autonomía en la vejez, aumentando el riesgo de enfermedades crónicas, fragilidad o soledad entre quienes cuentan con menos recursos”, explica.
A ello se suman las diferencias del entorno: vivir en zonas con menos servicios, peor transporte o menor oferta comunitaria limita el acceso a cuidados y oportunidades de participación social. Estas desigualdades, que se acumulan a lo largo de la vida, generan trayectorias de envejecimiento muy distintas.
El nivel educativo, los ingresos, la trayectoria laboral o la calidad de la vivienda influyen directamente en la salud y la autonomía en la vejez,

Niño subraya que las políticas públicas y los servicios sanitarios deben adaptarse a la heterogeneidad de las personas mayores para mantener su autonomía y capacidad funcional. Esto implica un enfoque centrado en la persona, con intervenciones diferenciadas según necesidades clínicas, sociales, culturales y territoriales. Niño explica que es fundamental adoptar un modelo preventivo que incluya la valoración geriátrica integral, permitiendo identificar riesgos y fragilidad de manera temprana y aplicar soluciones personalizadas según el subgrupo –personas robustas, pre-frágiles o dependientes incipientes–. “Las políticas públicas deben integrar salud, servicios sociales, vivienda y movilidad, promoviendo entornos accesibles, programas de ejercicio adaptado y participación social, y reduciendo desigualdades territoriales y socioeconómicas”, dice.
En el ámbito sanitario, considera que los servicios deben ser multidisciplinares y ofrecer atención domiciliaria o comunitaria, con teleasistencia y salud digital accesible para todos. La adaptación cultural, la comunicación clara y el respeto a las preferencias individuales son también esenciales para favorecer la autonomía y adherencia a los cuidados. “La personalización es clave”, afirma Niño, quien añade que hablar de “los mayores” como un grupo homogéneo ignora diferencias cruciales: la edad biológica puede diferir de la cronológica, el género influye en los patrones de salud, los hábitos de vida crean perfiles distintos, y el soporte social condiciona la independencia. “Adaptar las intervenciones al contexto individual permite cuidados más precisos, humanos y efectivos, garantizando un envejecimiento más saludable, equitativo y respetuoso”, concluye.

