Longevity

El abordaje social, una herramienta indispensable frente al periodo de la longevidad actual: “Una conversación puede cambiar el rumbo de una vida”

Longevity

Las demandas de los adultos mayores de hoy en día difieren de las que existían hace dos o tres décadas: no precisan de capacitación tecnológica, puesto que han experimentado la liberación femenina y su progreso dentro de la esfera social.

De acuerdo con los responsables de este texto, es imperativo ampliar las propuestas integradas en la llamada “prescripción social” de las personas de edad avanzada, para suplementar la asistencia sanitaria: el bienestar cuenta con un componente social fundamental.

Las necesidades de los nuevos mayores también: ya no son las mismas de hace 20 o 30 años.

Las necesidades de las personas mayores hoy en día también han cambiado: ya no son las mismas que se tenían hace 20 o 30 años.

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Presenciamos hoy en día la transición de los baby boomers hacia la jubilación. Acorde a la trayectoria definida en el último tiempo, quienes nacieron entre 1957 y 1973 tendrán una longevidad superior en dos o tres décadas respecto a sus predecesores.

Representan a los personajes principales de “la nueva longevidad”. Tal como indica el psicólogo y gerontólogo Javier Yanguas en su obra Pasos hacia la nueva vejez (Destino, 2021), esta etapa reciente de su existencia se dividirá en tres fases temporales con requerimientos distintos: un tramo inicial —inédito en la historia— donde se percibirán como personas de edad, mas no ancianas; un segundo momento de “fragilización”, donde surgirá la interacción con la enfermedad; y, únicamente en el tercer ciclo, la situación de dependencia.

Así son los nuevos mayores

El escenario ha evolucionado, y las demandas de la tercera edad actual también: ya no coinciden con las de hace 20 o 30 años. No requieren instrucción en medios digitales. Han presenciado la liberación femenina y su desarrollo en la esfera pública.

Con una mayor capacitación intelectual, estos individuos muestran una perspectiva respecto a su propia atención que se distingue de la de grupos generacionales anteriores. Evitan estar supeditados a su prole y aprecian el desarrollo de un esquema existencial donde convivan armónicamente su confort, su vitalidad y su entorno social. Pese a ello, el cuidado de sí mismos, la libertad individual y la vejez participativa conforman un panorama que perciben como limitado. Demandan mayores aspiraciones.

Esta constituye, en esencia, la descripción extraída de las resoluciones del I Seminario sobre la nueva longevidad, llevado a cabo del 23 al 25 de octubre en Calonge i Sant Antoni (Girona) y promovido por el Campus de la Experiencia de la Universitat Internacional de Catalunya. Académicos de 16 universidades globales verificaron que los requerimientos de la población que accede ahora a la jubilación trascienden lo puramente sanitario y de cuidados, incluyendo dimensiones educativas, de vinculación y de significado personal.

¿De qué manera aprovechar esos ratos libres?

Tal como apunta Yanguas, estos nuevos pensionistas disfrutan generalmente de un buen estado, pero se hallan ante una etapa tras la jubilación sin objetivos precisos. Su vida será más prolongada que la de quienes les precedieron, mas ¿en qué invertirán ese tiempo suplementario? Se desconoce y no hay planeada una solución evidente.

Esta circunstancia resulta desalentadora para ellos y para su entorno, pues la clave no reside en prolongar la existencia, sino en infundir vitalidad a los días, proporcionando a ese ciclo un significado y una intención.

Asimismo, los adultos mayores actuales son frecuentemente víctimas del aislamiento involuntario, que representa la “epidemia silenciosa” de nuestra época. En la actualidad se calcula que un 13,4 % de los españoles la padece y que el 22,9 % convive con esta sensación durante toda la jornada. En Europa, cerca de 30 millones de ciudadanos se sienten solos de forma recurrente.

Este aislamiento puede manifestarse de forma corporal, mental o trascendental, y, unido a la carencia de propósito, repercute en el bienestar: incremento de la inactividad, retiro social, enfermedades y dependencias. Diversas investigaciones concuerdan en que la percepción de soledad genera angustia, desánimo y desgaste intelectual en los adultos de edad avanzada.

La finalidad reside en evaluar los puntos clave de la “nueva longevidad” y desarrollar estrategias y proyectos que trasciendan el simple impulso del envejecimiento activo.

Así pues, tratar la carencia de propósito y el aislamiento no representa un desafío de carácter sanitario sino social, y sigue estando mayormente sin solventar.

Debido a esta razón, los especialistas e investigadores reunidos en la mencionada cita impulsaron la colaboración entre el entorno académico y los organismos estatales. La meta es evaluar los factores determinantes de la “nueva longevidad” y elaborar estrategias y propuestas que superen la simple promoción de una vejez dinámica, la actividad física y la independencia individual.

Ocio “significativo”

El otorgamiento de significado en este ciclo vital provendría primordialmente de la cantidad y la excelencia de los vínculos afectivos, en especial con sus pares. Distintas investigaciones verifican que al integrarse los sujetos en labores “significativas” –sesiones dinámicas, servicios sociales, caminatas, cursos, desplazamientos, etc.– recobran la razón de vivir y la integración en una comunidad. Dicha implicación y ayuda mutua potencia además la salud integral y el estándar de vida.

El tiempo libre, indiscutiblemente, posee una relevancia primordial. Una distracción seleccionada con autonomía que promueva un fortalecimiento real de la tercera edad y su ajuste al entorno donde residen: una sociedad en evolución.

La formación académica superior dirigida a personas de edad avanzada constituye una vía excelente para alcanzar dicha meta, favoreciendo el desarrollo individual y el establecimiento de vínculos gratificantes y firmes con sus pares. De este modo lo establece el Principio 1 del Pilar Europeo de Derechos Sociales (2017), el cual asegura la potestad a una instrucción, capacitación y aprendizaje continuo integradores y de excelencia, permitiendo que cada individuo se involucre totalmente en la comunidad y maneje sus cambios profesionales.

Una cuestión ineludible: la prescripción social

Según los especialistas congregados en Calonge resulta imperativo expandir las propuestas englobadas en la citada “prescripción social” para la tercera edad, funcionando como un refuerzo a las recetas de los doctores. Esta corriente y gestión estatal, muy presente en el mundo anglosajón, se basa en un concepto tan elemental como transformador: que el estado de salud cuenta con un factor social de gran trascendencia.

Un acto sencillo –una charla, un instante de compañía– logra transformar la trayectoria de alguien, incrementando su independencia y bienestar físico. Se trata de una visión integral que vincula a los individuos con tareas de valor mediante el respaldo de la comunidad, lo cual refuerza su salud y su razón de ser.

Un leve acto es capaz de transformar la trayectoria vital, incrementando la independencia individual y el bienestar físico. 

En definitiva, la prescripción social requiere evolucionar de un evento inusual a una práctica normalizada. Con tal fin, las administraciones, los ayuntamientos, los servicios de salud y las universidades precisan cooperar mediante el desarrollo de iniciativas.

La relación entre el sector sanitario y los activos de la comunidad debe volverse más evidente a través del desarrollo de alianzas de seguridad, colaboración y enlace donde se integren iniciativas universitarias, culturales, artísticas, musicales, etc. Cualquier salón de clases, jardín público o establecimiento de café tiene el potencial de ser un lugar para la recomendación social. Pese a que cada iniciativa sea diferente, todas integran, de hecho, una estructura común no oficial para promover el bienestar.

Resulta esencial forjar vínculos no solamente entre la sanidad y el entorno social, sino igualmente entre distintas edades, civilizaciones y áreas de estudio. Así, no solo progresará la salud de cada persona, sino que evolucionará el método mediante el cual las poblaciones asisten, se integran y florecen en la época de “la nueva longevidad”.

The Conversation

Jordi Miralbell Guerin posee un doctorado en Filosofía y es Periodista, desempeñándose como director del Campus de la Experiencia en la Universitat Internacional de Catalunya. Consuelo León Llorente es una doctora acreditada en Ciencias Sociales, responsable de la Unidad de Igualdad e Inclusión y Directora del Observatorio de Políticas Familiares. Salvador Vidal Raméntol ejerce como vicedecano de la Facultat de Educación, investigador sobre didáctica de las matemáticas y profesor de Didáctica de las matemáticas, además de ser el coordinador Académico del Campus de la Experiencia de la UIC.

Este artículo se publicó originalmente en The Conversation. 

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