Los refugios de autocuidado que los profesionales de élite eligen en sus descansos
Salud y bienestar
Los centros ‘wellness’ de lujo que combinan bienestar, medicina preventiva y terapias de última generación aparecen como una alternativa cada vez más buscada entre los directivos sometidos a mucho estrés

Los centros ‘wellness’ de alto standing combinan prevención, ciencia, salud mental y optimización de hábitos y estilo de vida
Dirigen empresas, lideran equipos y toman decisiones de alto impacto. Su trabajo les supone niveles de exigencia constantes. Para este tipo de perfiles, los pocos huecos libres de los que disponen durante el año pueden convertirse en una oportunidad no solo para desconectar, sino para hacer una puesta a punto física y mental. En ese contexto, los centros de lujo que combinan bienestar, medicina preventiva y terapias de última generación aparecen como una alternativa cada vez más buscada.
“Cada vez más directivos y profesionales con alta responsabilidad comprenden que el desempeño sostenible no depende solo del talento o la capacidad técnica, sino de un equilibrio real entre exigencia, recuperación y autocuidado”, explica la psicóloga Arianna Orrù.“Estos centros resultan especialmente atractivos para profesionales sometidos a altos niveles de estrés porque ofrecen un enfoque integral, estructurado y altamente personalizado, algo que muchas personas con agendas exigentes no consiguen incorporar en su vida diaria”, añade.
La salud se ha convertido en el nuevo lujo. Da igual el reloj que lleves o el coche que conduzcas: si no tienes salud, el resto pierde valor

Asociado durante décadas a spas, retiros detox o escapadas centradas en la estética, el paradigma del turismo wellness ha ido cambiando y emergen nuevas propuestas que combinan prevención, ciencia, salud mental y optimización de hábitos y estilo de vida con un objetivo claro: vivir más años, pero sobre todo vivirlos mejor.
Alejandro Bataller, cofundador y Managing Partner de SHA, lo resume así: “Ya no hablamos solo de life span, de vivir más años, sino de health span: cuántos de esos años los vivimos con vitalidad y autonomía”. El directivo apunta que, pese al aumento de la esperanza de vida, “pasamos entre 20 y 25 años de nuestra vida con una salud subóptima o con enfermedades crónicas relacionadas, en su mayoría, con el estilo de vida”. Según observa, la pandemia actuó como acelerador de esta toma de conciencia: “La salud se ha convertido en el nuevo lujo. Da igual el reloj que lleves o el coche que conduzcas: si no tienes salud, el resto pierde valor”.
El perfil del público que busca experiencias centradas en el bienestar también ha evolucionado. “Hace 15 o 20 años, eran sobre todo mujeres de edad elevada, que buscaban algo enfocado en el detox, la pérdida de peso o la belleza”, recuerda Bataller. Hoy, hombres y mujeres acuden casi a partes iguales, con una edad media situada en torno a los “40 y largos”. Se trata de personas “inquietas, con un nivel de vida muy exigente, que buscan una evolución continua. Son conscientes de que vivimos en un mundo cada vez más competitivo y de que hoy es fundamental cuidarse”.
En las listas de llegada conviven perfiles muy diversos, desde diseñadores y arquitectos hasta emprendedores tecnológicos o CEOs. Bataller identifica también distintos niveles de concienciación dentro de este público: desde personas que llegan tras años de problemas de salud relacionados con el estilo de vida y que no han encontrado soluciones dentro del “sistema reactivo de salud”, hasta perfiles ya habituados a hábitos saludables y un segmento creciente de high performers muy enfocados en la longevidad y abiertos a probar nuevas herramientas. “Están mucho más orientados a cómo mejorar su vida biológica, en cómo mantener biomarcadores no solo adecuados para su edad, sino incluso mejores”, apunta.
“Existe una conciencia creciente sobre la importancia del bienestar, que se ha convertido en una prioridad clave en los hábitos de consumo”, señala el informe La cultura Wellness del profesor del OBS Business School Eduardo Correa Lázaro de abril de 2025. A ello se suman algunas tendencias que han contribuido al crecimiento del sector: el envejecimiento de la población, con la consiguiente demanda de soluciones que mejoren la calidad de vida en la tercera edad, la crisis de salud mental a partir del aumento de los niveles de estrés, ansiedad y agotamiento, los avances tecnológicos que han ido transformando la forma en que se accede a servicios de bienestar y la conexión entre bienestar y sostenibilidad.
Para puestos de alta responsabilidad, incorporar este tipo de cuidados supone una inversión en longevidad profesional y personal

Estos factores -asegura- abren oportunidades para destinos que combinan salud integral y experiencias de lujo, con programas personalizados de prevención, nutrición, medicina integrativa y bienestar emocional. El estudio destaca este tipo de centros como “una de las tendencias y oportunidades futuras más relevantes” del turismo wellness, y asegura que no solo atraen turistas, sino que “generan empleos y dinamizan economías locales”.
El centro SHA, situado en Alicante desde 2008, se define no como un hotel sino como “una institución enfocada en la optimización de la salud, la longevidad y el desempeño humano”. Su método parte de un diagnóstico proactivo que no busca solo detectar enfermedad, sino identificar desequilibrios tempranos: “La mayoría de las enfermedades no aparecen de un día para otro: se gestan de forma silenciosa durante años”, explica el cofundador del centro Alejandro Bataller.
A partir de biomarcadores, pruebas avanzadas y un enfoque multidisciplinar, se diseña una hoja de ruta personalizada que combina medicina de precisión, cambios en el estilo de vida y, cuando tiene sentido, terapias científicas y holísticas. “Todo el mundo busca la pastilla mágica, espera algo de ciencia ficción, pero no existen fórmulas mágicas. La base sigue siendo el estilo de vida: alimentación, descanso, movimiento, salud emocional y propósito. No existe nada más efectivo para transformar la salud que cambiar cómo vivimos”, dice Bataller. La diferencia la marca la implementación: guiada, sostenible y pensada para mantenerse más allá de la estancia.
Desde el punto de vista clínico, este tipo de experiencias pueden tener un impacto real a medio y largo plazo. “Muchos ejecutivos viven atrapados en una especie de rueda de hámster, con dificultad para desconectar y una sensación constante de urgencia. Bien planteados, estos programas pueden actuar como un punto de inflexión al ayudar a reducir el estrés fisiológico, mejorar el sueño y recuperar claridad mental”, señala la psicóloga Arianna Orrù.
La especialista observa que este tipo de experiencias favorecen la adquisición de hábitos sostenibles, como la atención plena, la gestión cognitiva del estrés o una nutrición adecuada, que fortalecen la resiliencia emocional. A largo plazo, pueden contribuir a prevenir el desgaste profesional y el burnout. “Para puestos de alta responsabilidad, incorporar este tipo de cuidados supone una inversión en longevidad profesional y personal”, concluye.


