Ramón Gomis, endocrinólogo: “A partir de los 70 años hay que ser prudentes con perder peso; algunas dietas pueden favorecer la pérdida de músculo y la osteoporosis”
Longevity
Es un referente en endocrinología, una especialidad a la que ha dedicado medio siglo de asistencia clínica, investigación y docencia, ya sea como médico a pie de cama o desde un despacho en la universidad
A sus 79 años, el doctor Gomis mantiene cierta actividad científica y ha ganado tiempo para la escritura

Ramón Gomis, endocrinólogo.

Ramón Gomis (Reus, 1946) se decidió a estudiar medicina porque le interesaba el lado humanista de la disciplina, pero también la biología y la ciencia. Comenzó sus estudios en la Universidad de Barcelona y allí vivió el icónico mayo del 68 y el nacimiento del sindicato democrático de estudiantes de Barcelona. Todavía universitario, se incorporó al Clínic como médico interno, y por las tardes daba clases en la escuela jesuita Sant Pere Claver, para personas trabajadoras. Su compromiso social tuvo algo que ver en que no pudiera hacer las milicias universitarias y, una vez agotadas las prórrogas, hubo de incorporarse al servicio militar, interrumpiendo así su tiempo de formación como endocrinólogo en la británica Universidad de New Castle.
Desde entonces, y hasta ahora, ha desarrollado la mayoría de su carrera asistencial y académica en el Hospital Clínic de Barcelona, aunque también contribuyó al desarrollo del sistema de salud público en Reus y su conexión con la universidad. A los 71 años, el rector de la Universitat Oberta Catalunya (UOC) le propuso organizar los estudios ciencias de salud, reto que aceptó, y entre sus acciones están la de impulsar el grado de nutrición y un máster de salud planetaria. “Este ha sido el final de mi carrera académica, hace poco más de dos años”, apunta. Un final al que todavía no le ha puesto el punto, ya que permanece como profesor emérito de la Universidad de Barcelona e investigador emérito del Idibaps, el instituto de investigación que dirigió durante años.
Gomis ha pasado el relevo de una forma natural y sabe bien cuál es su papel: “Llega un momento en el que el futuro es de los que vienen, tú ya no tienes proyecto, sino presente, y actúas en función de lo que puedes dar. Si puedes ayudar, ayudas, y si te piden opinión, la das, pero sabes que no es vinculante”, afirma.
Acepta de buen grado su nuevo estatus, sobre todo porque le da tiempo para su ‘otra actividad’: la escritura. Es autor de 11 obras de teatro y otros libros de novela, viajes o medicina, por los que ha recibido diversos premios literarios. Además, en su haber tiene la Cruz de Sant Jordi, la Medalla Narcís Monturiol al Mérito Científico y Tecnológico, el Premio en Investigación Básica de la Sociedad Española de Diabetes y es Doctor Honoris Causa por la Universidad Rovira i Virgili.
A sus 78 años sigue vinculado al mundo académico, investigador y empresarial. Estarse quieto no va con usted …
Sí, pero no con la intensidad de mis otros trabajos. Ahora me permito estar más relajado y tomarme, cada cierto tiempo, unos días libres, para cosas que también me gustan mucho, especialmente escribir teatro y otros libros. He escrito 11 obras de teatro, de las que he estrenado 9, en distintos lugares dentro y fuera de España. El año pasado publiqué dos libros, uno sobre el poeta Gabriel Ferrater, y otro sobre un poeta que quería ser también actor de cine y que por una serie de circunstancias no pudo ir a Hollywood como él deseaba.
Llama la atención esa productividad literaria dada su intensa actividad clínica y la dificultad que implica escribir un libro.
El teatro me gustó desde joven (mi primera obra la escribí allá por el año 1970). Por otra parte, generalmente no me llevaba trabajo, ni libros, ni papeles de medicina y ciencia a casa; no ejercí la medicina privada y siempre estuve dedicado en exclusiva al hospital, pero cuando salía, intentaba hacer ‘limpieza’ y me interesaba la literatura, hasta la estudié. Tuve maestros y estuve en ambientes literarios; de hecho, primero escribí solo teatro, me gustaba mucho, conocía la metodología e intentaba hacer cosas distintas. No me fue mal; estrené en Romea, Buenos Aires, Japón… la obra que estuvo más tiempo en cartel fue Capvespre al jardí, dirigida por Lluís Pasqual. He tenido mucha suerte en este sentido. También he escrito narrativa, me han dado algunos premios, y también he tenido suerte de publicar en buenas editoriales. Y soy un gran lector. En cantidad y calidad.
Después de la jubilación ha seguido activo.
He estado cotizando a la Seguridad Social hasta los 76 años; y a esa edad es a la que me he jubilado, realmente. Soy emérito y desarrollo una actividad compatible con la jubilación, porque llega un momento en el que el futuro es de los que vienen y tú vives el presente; ya no te planteas cosas a 10 años vista, ya no hay proyecto, y en cada presente actúas en función de lo que puedes dar.
El gran reto de nuestra sociedad en la segunda mitad del siglo XX ha sido la medicina pública y social
Pero muchos se aferran al pasado, aunque lo ocurrido ya no se pueda modificar.
Tienes que evitar estar en el pasado, porque es muy agotador. Las personas mayores que siempre están pensando en el pasado... No es positivo. El pasado está muy bien para que las personas lo lean. Siempre pienso que la gran ventaja de leer es que estás hablando con personas que no están en este mundo, pero te enseñan cosas. Si alguien le pregunta a un médico quién ganó el Nobel de Medicina en 1954, seguro que no lo sabe. ¿Y qué importa? Lo realmente importante es que esa lección ha quedado. Hay que vivir en presente, y yo lo hago.
Usted ha vivido los tiempos de cuando los médicos eran ‘figurones’ y todo el mundo les tenía un respeto inmenso. ¿Usted pertenece a esa clase?
Esos médicos del pasado, que parecía que hablaban siempre de una forma celestial, nunca me han interesado. Creo que el gran reto de nuestra sociedad en la segunda mitad del siglo XX ha sido la medicina pública, la medicina social, el trabajar no solo que exista una atención universal, también que lo mejor para un paciente es trabajar en colectivo. Esta ha sido la gran ventaja de los sistemas modernos de atención al enfermo.

¿Cómo ve a los jóvenes médicos, que no aspiran solo a consagrar su vida al ejercicio de la profesión, sino que también defienden su espacio personal?
Hay un reto que es obligado tener presente, y es que cuando uno estudia medicina, lo hace para ejercer una profesión que tiene tres pilares: consolar, aliviar y, a ser posible, curar. Y esto es vocacional; no se es médico 6 horas al día, se es médico las 24 horas al día. No puedes dejar de atender a alguien que sufre porque han dado las 17 h. Es lo que defendía Hipócrates, quien acude a un sanitario, no busca solo una respuesta científica, busca también humanidad y consuelo, y esto no siempre se entiende bien. Por esto, a veces, el enfermo se queja de que el profesional solo mira los resultados cuando, quizá, lo más importante sea escuchar y hacer la historia clínica, y esto requiere tiempo, algo de lo que andan muy escasos los sanitarios. Con todo, nunca se tiene que perder de vista el juramento hipocrático.
Usted siempre se ha dedicado a la medicina pública, incluso participó en su desarrollo. Sin embargo, no pasa por su mejor momento.
Para mí es difícil decir hacia donde va. Hay jóvenes con mucha vocación y ganas de hacerlo muy bien. Pero, en estos momentos, los sistemas públicos, que fueron una gran conquista social, han perdido un poco el objetivo. Un niño de 10 años que padece una leucemia debe de tener la mejor atención, sea rico o pobre. Los mejores médicos tienen que estar para todos, no solo para el que pague, porque de lo contrario es un negocio.
Parece que sí, que se está evolucionando hacia un modelo menos igualitario y humanista.
Creo que la gran ventaja de la segunda mitad del siglo XX es haber entendido, al menos en Europa, que las grandes conquistas sociales son educación y sanidad para todos, que son fundamentales para el bienestar de todos. Es una decisión política que supone mucho dinero y que, en todo caso, tiene que ser una prioridad. Lo que no se puede es pedir a los profesionales que vivan en situación de clase media-baja por tener una vocación pública, igual que tampoco se puede pagar mal a los docentes.
Se ha dedicado a la diabetes, una enfermedad en la que se han producido avances importantes en el tratamiento, aunque, por otra parte, cada vez hay más diabetes tipo 2, ligada al estilo de vida. ¿No acaba siendo frustrante?
Es muy importante diferenciar las diferentes modalidades de diabetes. En la diabetes tipo 1 se ha avanzado muchísimo: la calidad de vida de los afectados de hoy en día no tiene nada que ver con la de hace 50 años, y las complicaciones se pueden prevenir muy bien con los tratamientos, los sensores o los infusores. Incluso están llegando terapias que pueden modificar el curso de la enfermedad, como la inmunoterapia. La diabetes tipo 1 tiene que ser una enfermedad curable y para ello se necesita investigación. Hoy en día la calidad de vida de una persona con diabetes tipo 1 es muy buena, lo que pasa es que con el descubrimiento de la insulina dejó de ser mortal, y cuando se convierte en una enfermedad crónica, deja de ser una prioridad.
Hoy en día la calidad de vida de una persona con diabetes tipo 1 es muy buena, pero con el descubrimiento de la insulina dejó de ser mortal y dejó de ser una prioridad
¿Y qué sucede con la diabetes tipo 2?
La diabetes tipo 2 es harina de otro costal. Está ligada al envejecimiento —por la resistencia a la insulina— y al estilo de vida —obesidad, sedentarismo, etc.—, y su incidencia está aumentando. Es cierto que se está haciendo una labor preventiva y educativa muy buena; las ideas nutricionales se están modificando y hoy día tenemos sistemas para alargar el tiempo en el cual puede aparecer esta enfermedad. Con todo, vivimos una epidemia de obesidad y sedentarismo que antes no veíamos y que afecta a personas jóvenes; la obesidad infantil va a ser un problema en las próximas generaciones. Por todo ello, la diabetes tipo 2 va a suponer un problema crónico, como la hipertensión o la aterosclerosis. Probablemente, sea un problema más educativo que otra cosa, por eso, cada vez echo más de menos que las escuelas no dediquen más tiempo a la educación nutricional y de estilo de vida.
Otro asunto son los fármacos análogos del glucagón, tipo Ozempic, que son antidiabéticos, pero se han popularizado para la pérdida de peso. Muchos lo utilizan con una frivolidad realmente preocupante.
Sí, totalmente de acuerdo. El tratamiento indicado inicialmente es para diabetes asociada a obesidad. Es un análogo hormonal y genera inapetencia, e indiscutiblemente favorece la pérdida de peso, pero tiene que ir acompañado de una serie de medidas. Puede tener una indicación terapéutica en determinados casos de obesidad, como lo tiene la cirugía bariátrica, pero no es para tomarlo a la ligera. La obesidad, como enfermedad, no ha sido considerada adecuadamente. Pesar 4 kilos más o menos no va a cambiar las cosas, lo que cambia es la distribución de la grasa, y esto no se ha planteado bien. La obesidad se ha vendido como imagen y un estilo, y ciertas estupideces están a la orden del día.

De cara a las personas mayores, ¿cómo se debe controlar su diabetes?
A partir de una determinada edad, más de 70 años, hay que ser muy prudentes con las pérdidas de peso. Uno de los problemas cuando nos hacemos mayores es la sarcopenia, la pérdida de masa muscular, y cualquier intervención nutricional —sobre todo las mal hechas— va a comportar más pérdida de masa muscular que de grasa, y además va a favorecer la osteoporosis. De hecho, uno de los grandes problemas en esta franja de edad es la pérdida de fuerza muscular y de equilibrio, el riesgo de fracturas, etc. Entonces, perder 4 kilos sí que puede afectar a su capacidad de hacer una vida normal.
La prevención es indispensable en estos casos, ¿verdad?
Exacto, la prevención empieza cuando uno es joven, no haciendo dietas y tomando fármacos que favorecen la pérdida de peso a los 70 años. Esto es un error que puede impactar en la calidad de vida. Es como si alguien a los 75 años empieza a hacer ejercicio sin control o a correr 10 km cada día. Uno tiene que hacer su actividad física en relación con la edad; si alguien nunca ha hecho ejercicio y se pone a hacerlo de una forma brusca, corre el riesgo de sufrir un infarto de miocardio. No da ningún beneficio para la salud.
Uno tiene que hacer su actividad física en relación con la edad; ponerse a hacerlo de forma brusca es correr el riesgo de sufrir un infarto de miocardio
¿Usted cómo se cuida?
Haciendo una vida un poco activa, voy andando cuando se puede y nunca utilizo el coche en la ciudad. Cuando estoy en el Pirineo, leo, escribo, tengo un jardín y lo cultivo, algo muy beneficioso para la mente. Me gustan este tipo de actividades y, en la medida de lo posible, las practico. Soy bastante parco en el comer, sobre todo por la noche. Tengo horror a las cenas, prefiero comer más al mediodía y en el desayuno. Llevo una vida muy normal, con alguna tentación; me tienta algún dulce, si no existieran tentaciones, no existiría la vida.
Es una persona muy humanista; cultiva diferentes campos del conocimiento, y eso, en un mundo tan especializado, es una rara avis.
Creo que la transversalidad es muy importante. Desde que tenemos la inteligencia artificial a mano, la transversalidad ha traspasado nuestra gran capacidad para entender el mundo y, sin una visión humanista del mundo, difícilmente podremos manejarnos en las nuevas tecnologías.
Ya que ha nombrado la IA, ¿qué opinión le merece?
Me interesa. Creo que las nuevas formas de IA van a ayudar muchísimo, pero como todo, tiene que tener un uso crítico. No creo que vaya a ser un salto cualitativo, como ha sido internet o el uso de la educación virtual para alguien que reside en un pueblo pequeño de la España vacía, pero creo que va a ser un gran reto y un futuro importante para la salud, para la medicina.
En este momento, ¿qué proyecto tiene entre manos?
Acabo de terminar una novela, que trata sobre la historia de una familia que, cuando llega la dictadura de Primo de Rivera en el año 1923, se ven obligados a marcharse del pueblo por sus posiciones ideológicas. A través de la familia hablo de las grandes luchas sociales y de las dificultades a las que se enfrentaban las personas que tenían una visión crítica del mundo. Estoy haciendo la última revisión y espero encontrar algún editor.








