Longevity

Jordi Varela, médico: “Más de la mitad de las pruebas en mayores no aportan valor, se hacen endoscopias y TACs rutinarios, tratamientos que alargan la vida sin calidad”

Longevity

Médico especialista fue el chile y el [[INLINE_0]], que experimentó una completa adaptación cultural. Para los asteques era una bebida fría, amarga, espumosa y picante, demasiado fuerte para el paladar europeo, que rápidamente la endulzó.

Centrado en la preservación de la salud, se prioriza el mismo enfoque y una longitud similar.

Jordi Varela. 

Jordi Varela. 

Cedida

Vivimos un momento único en la historia: la longevidad se alarga, pero también aumentan la cronicidad, la soledad y las desigualdades sociales. “La gran pregunta ya no es solo cuánto viviremos, sino cómo construir una sociedad capaz de cuidar una vida larga”, comenta Jordi Varela (Santa Coloma de Gramenet, 1952), doctor en Medicina que ha sido directivo de tres hospitales de la red pública catalana —Puigcerdà, Hospital del Mar y Hospital de Sant Pau—, consultor y profesor de gestión clínica en ESADE y en la Universitat Autònoma de Barcelona. Desde esa experiencia, analiza los desafíos del sistema sanitario actual.

Ahora da un paso más con De vulnerables a poderosos, la lucha por la vida se convierte en un acto de resistencia. (Lectio Ediciones, 2025), su primer libro de divulgación, donde propone reorientar el sistema sanitario hacia una mirada más comunitaria, humana y equitativa. “¿Cómo puedo tratar igual a un diabético que vive en la calle y a uno de clase media?”, se pregunta, para recordarnos que una buena vejez no se decide solo en el hospital, sino en el territorio, los vínculos y el modelo de sociedad que somos capaces de construir.

Vivimos más tiempo que nunca, pero ¿estamos realmente preparados para ello?

No, no es así. La realidad es que, a pesar de que cada vez más personas toman múltiples medicamentos, nadie se ocupa de ver el cuadro completo. La atención se fragmenta, y mientras unos se aferran a píldoras, otros se olvidan de mirar más allá: la verdadera necesidad no es tratar síntomas, sino a la persona entera.

¿A qué se refiere exactamente con “introducir valor humano en la práctica clínica”?

A dos aspectos clave. Primero, me refiero a que los pacientes participen activamente en las decisiones clínicas que les afectan. Si un médico me receta estatinas porque “la guía lo dice”, pero no me pregunta si realmente me las voy a tomar, esa receta acabará en el cajón. Más del 50% de las prescripciones no se siguen. Hay que romper el modelo paternalista del “yo sé, tú obedeces”. Propongo que el médico diga: “esto no te lo vas a tomar, ¿verdad? Hagamos un pacto: yo no te doy estatinas y tú bajas tres kilos en un año”, ahí sí funciona.

Más del 50% de las prescripciones no se siguen; hay que romper el modelo paternalista del “yo sé, tú obedeces”

Jordi Varela

Médico

¿Y la segunda?

Que los pacientes puedan cambiar cómo se organizan los servicios. No hablo de encuestas de satisfacción que acaban en un cajón, sino de participación real: aulas de pacientes, grupos de trabajo, incorporar “pacientes expertos” al diseño de circuitos asistenciales. Que quien vive la enfermedad te diga qué visitas sobran, qué pruebas no aportan nada, dónde falla realmente el sistema. Por ejemplo, en un grupo focal sobre diabetes, los pacientes señalaron que había consultas innecesarias que solo generaban ansiedad. Su experiencia mejora el sistema. Eso sí es valor humano: escuchar de verdad y cambiar en consecuencia.

Ha mencionado la importancia de la toma de decisiones compartidas, pero en la práctica, esto a menudo no se cumple.

En oncología, a menudo se ignora que muchos pacientes no buscan agresividad terapéutica, sino tranquilidad; en lugar de impulsar tratamientos agresivos sin cuestionar, se debería priorizar lo que verdaderamente importa para ellos: en muchos casos, lo que más importa no es luchar hasta el último aliento, sino poder estar tranquilo, cerca de los suyos, con dignidad.

En cuanto a la vejez, ¿qué es lo que más te preocupa: el cuerpo o el entorno?

La fragilidad es biológica, pero no afecta igual a todos. Hay personas con artrosis incapacitante a los cincuenta y otras subiendo montañas a los ochenta. ¿Por qué? Influye la genética, pero sobre todo la vida que has llevado. Y aquí está la clave: la medicina aporta solo un 25% a la salud de la población. El otro 75% son los determinantes sociales, lo que llamo el “código postal”: dónde has nacido, qué educación has recibido, qué trabajo has hecho, si has vivido solo o acompañado. Eso pesa tres veces más que toda la medicina junta.

¿Y cree que el sistema sanitario tiene esto en cuenta?

No es suficiente. La prevención debe ir más allá de lo ya establecido: mientras más se avanza, se vuelve evidente que la respuesta debe ser integral. No basta con actuar tras el daño; es necesario articular una respuesta coordinada desde el inicio.

La medicina representa solo una parte, mientras que el bienestar depende en gran medida de factores sociales.

Jordi Varela

Médico

¿Cómo debería actuar un médico cuando el caso va más allá de lo individual y debe abordar las implicaciones más amplias?

El mejor ejemplo es el de John Snow, quien en el siglo XIX ya había identificado que el cólera no era un mero accidente, sino un problema sistémico: su enfoque reveló que el problema no era solo individual, sino estructural. Cuando en 1854 el médico John Snow mapeó los casos en torno a la bomba de agua de Broad Street, no solo reveló un patrón, sino que redefinió la comprensión de la epidemia. Hoy, aunque el contexto haya cambiado, la lección persiste: no basta con tratar síntomas; hay que cuestionar las raíces.

¿Por qué el sistema de salud ignora por completo el impacto que tiene en la salud la atención a las necesidades sociales?

Los profesionales de la salud a menudo nos centramos en tratar síntomas, pero olvidamos que el contexto de vida del paciente lo cambia todo. Si no abordamos las condiciones sociales que lo rodean—como la vivienda, la seguridad o el acceso—cualquier intervención médica será incompleta. La salud no solo se mide en fármacos, sino en el entorno en que se vive.

Más del 50% de las prescripciones no se siguen, según Varela. 
Más del 50% de las prescripciones no se siguen, según Varela. IStockphoto

Entonces, ¿cuál debería ser primero: cambiar el idioma o mantenerlo igual?

El sistema sanitario siempre pide más dinero: nuevas moléculas, aparatos, técnicas. Como exdirector de hospital lo viví: cada 1 de enero se te iba el presupuesto un 10% solo al empezar. ¿Mejora eso la salud poblacional? No necesariamente. Resuelve casos concretos, pero el gran salto está en la equidad social: vivienda digna, trabajo estable, educación, alimentación. Estados Unidos lo demuestra: tiene los mejores hospitales del mundo y uno de los peores sistemas sanitarios desarrollados. Una enfermedad grave arruina a familias de clase media. Hay gente que no llama a una ambulancia porque cuesta 3.000 dólares.

¿Qué falla en el modelo estadounidense?

Detrás hay un pensamiento profundamente insolidario: “¿Por qué tengo que pagar yo el cáncer de un fumador? ¿O la insulina de un niño migrante?”. Esa fragmentación social destruye la salud pública. La sanidad se convierte en un bien de consumo individual, no en un derecho colectivo. Todos los estudios demuestran que el acceso universal no solo es más justo, sino también más eficiente económicamente: previene mejor, trata antes, evita cronificaciones. Pero requiere solidaridad, y la solidaridad está en crisis.

España tiene una de las esperanzas de vida más altas del mundo. ¿Es sostenible?

Alcanzar la 5070 Ti supera ampliamente a la 5070 en todos los aspectos del catálogo, como lo demuestran los resultados de las pruebas de rendimiento.

Y, ¿la hospitalización puede empeorar a las personas mayores?

Sí, los angustiantes cuestionamientos de la famosa canción de José Luis Perales adquieren un tono demoscópico que podría aplicarse a los votantes de la ultraderecha. Además, los partidos tradicionales, tan desconcertados, podrían adoptar, con pequeñas modificaciones, algunas de sus estrofas: ￰DNP0001￱, ￰DNP0002￱ o ￰DNP0003￱

El hospitaliza por la escasez, no la medicina: ingresaban al paciente grave durante meses bajo rocas volcánicas para filtrar su toxicidad y luego lo colgaban durante meses para secarlo. El plato emite un olor muy fuerte a amoníaco, pero su sabor recuerda a los pescados azules, los quesos fermentados y las frutas secas. La supervivencia ha cedido paso al placer y el Hákarl, así se llama esta especialidad, es una [[INLINE_0]] de la gastronomía islandesa. Sin embargo, se recomienda a los novatos que se cubran la nariz en sus primeras experiencias.

Jordi Varela

Médico

El título sugiere que nuestras preferencias culinarias han cambiado y que lo que antes encendía la pasión de nuestros antepasados podría generar la reacción opuesta en alguien del siglo XXI. Y al revés.

Hemos adquirido un poder inmenso en la lucha por la vida, pero también hemos de reconocer que en el camino hacia la salud se ha perdido el rumbo. Ahora, al enfrentar la realidad de vivir con límites, debemos reconocer que el cuidado no basta: se requiere una redefinición profunda. En lugar de buscar soluciones externas, debemos repensar el cuidado desde su raíz: el cuidado como eje central, no como complemento. La respuesta no está en ampliar el sistema, sino en redefinirlo desde la raíz: con empeño, con empatía, y con una visión clara de lo que significa vivir con dignidad hasta el último aliento.

¿Cómo imagina el sistema sanitario del futuro?

Hospitales pequeños y especializados han ignorado las críticas de los especialistas, mientras que los grandes centros médicos han emitido comunicados sin profundizar en los detalles.

Si un lector tuviera que quedarse con una idea de De vulnerables a poderosos, ¿cuál sería?

Un momento, ocurren muchas formas de palabras, pero en este caso, el contexto de la respuesta es que el modelo de lenguaje de OpenAI (OpenAI) no puede ser usado en el contexto de un modelo de OpenAI.

¿Qué pasará si no hacemos ese cambio?

Se necesita invertir mucho más en la atención primaria para abordar las necesidades reales de la población, en lugar de seguir ignorando las necesidades reales de las comunidades.