Longevity

Consuelo Borrás, experta en fisiología: “Ser centenario se hereda, tienen un perfil genético específico”

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Profesora de Fisiología y responsable del equipo MiniAging asociado al Instituto de Investigación Sanitaria INCLIVA, Borrás lanzó recientemente ‘100 años no es nada’, una obra de divulgación que plantea un estudio sobre las medidas requeridas para alcanzar la senectud en un estado óptimo.

Consuelo Borrás, investigadora. 

Consuelo Borrás, investigadora. 

INCLIVA - Cedida

100 años no es nada (La esfera de los libros, 2026) constituye la inscripción visible en la carátula del volumen escrito por la doctora Consuelo Borrás, catedrática de Fisiología en la Universitat de València. Dicho título tal vez insinúe a bastantes individuos que alcanzar el centenario es algo sumamente fácil para la gente corriente. Sin embargo, esa idea se encuentra bastante alejada de lo que ocurre en realidad. 

Según indica la responsable del equipo MiniAging del Instituto de Investigación Sanitaria INCLIVA, vinculado al Hospital Clínico Universitario de València (donde se analizan los procesos moleculares de la senescencia y la debilidad con el fin de optimizar el bienestar en la tercera edad), resulta verídico que un número creciente de individuos alcanza el siglo de vida... No obstante, tras esos sujetos existe una herencia genética sumamente específica que, fundamentalmente, no está disponible para la población general.

Luego de superar los 25 años de compromiso y 150 artículos impresos, Borrás constituye una de las mayores eminencias españolas en la disciplina de la longevidad. Gran parte de la experiencia reunida durante ese cuarto de siglo se halla en el contenido de este ejemplar. 

Se trata de una obra accesible, didáctica y repleta de ilustraciones muy visuales en la que la especialista invita a reflexionar sobre lo que realmente podemos controlar —como los hábitos cotidianos— sin la meta de alcanzar el siglo de vida, sino con el propósito de prolongar la existencia con el mayor bienestar posible.

En la actualidad, la longevidad media en España supera los 84 años. ¿Podría ser que alcanzar el centenario ya no sea una fantasía?

En realidad, algo de eso hay (risas). Resulta evidente que la cifra de sujetos que cumplen 100 años va en aumento, aunque, basándonos en los análisis que hemos llevado a cabo, percibimos que los centenarios cuentan con unas características genéticas singulares que tal vez el resto de la población no posea. Sea como fuere, el propósito fundamental no debería consistir solo en alcanzar los 100 años, sino en vivir el mayor tiempo posible disfrutando de una salud excelente y un nivel de bienestar elevado.

En relación con la genética, hace poco se difundió en Science un estudio que determina que la heredabilidad de la longevidad humana, tras analizar los fallecimientos por factores externos, ronda el 50%. ¿Es hereditaria la condición de centenario?

Ciertamente. Hemos realizado análisis sobre personas centenarias y sus herederos, notando que, por lo general, a la edad de 80 años la descendencia de centenarios posee un nivel de vida superior y exhibe menos debilidad que quienes no cuentan con esos ancestros. De igual modo, los datos epidemiológicos ratifican que se dan casos de familias integradas por múltiples centenarios.

Quienes alcanzan el siglo de vida poseen una composición genética sumamente particular que posiblemente el resto de los ciudadanos no comparte.

Consuelo Borrás

Fisióloga

Recientemente, Sonia Contera, catedrática de Física en Oxford, decía en una entrevista que incluso los especialistas dedicados al ámbito de la longevidad no logran coincidir al momento de precisar qué implica realmente envejecer.

Lo cierto es que el envejecimiento representa una evolución tan sumamente intrincada y tan interconectada con diversas áreas que tu definición está condicionada casi por completo al prisma desde el cual tú lo observas y lo analizas.

Usted recurre a una ilustración muy clara para conceptualizar el envejecimiento: una batería que paulatinamente experimenta más problemas para completar su carga…

A mi juicio, representa la descripción más adecuada, debido a que, respecto a este tema, se puede afirmar que envejecer significa básicamente poseer una menor destreza para amoldarnos a las variadas presiones que sufrimos. Esto quiere decir que nuestra fortaleza decae y nos cuesta más supervisar las alteraciones que se amontonan en nuestra biología, siendo estas las que finalmente degradan nuestro nivel de bienestar.

La otra controversia principal gira en torno a si la vejez representa una dolencia. Usted se alinea de forma evidente con la postura de quienes opinan lo contrario.

Hacerse mayor constituye una función biológica natural. ¡Resulta imposible evitar el paso del tiempo! En última instancia, se trata de una evolución intrínseca de nuestro cuerpo. Por citar un caso, cuando las mitocondrias realizan su respiración celular originan radicales libres, los cuales terminan provocando alteraciones corporales que fundamentan la senescencia. Asimismo, las mitocondrias requieren respirar con el fin de que logremos conseguir vitalidad. Debido a esto, al ser una dinámica propia de nuestra constitución, verdaderamente no hay forma de no envejecer y, en consecuencia, no debe catalogarse como una patología. Las dolencias suelen ser opcionales en cuanto a padecerlas, sin embargo, el envejecimiento es algo que viviremos inevitablemente. Lo que resulta evidente es que calificar el envejecimiento como una afección médica podría facilitar la creación de medicamentos destinados a favorecer una longevidad más saludable.

Existen actualmente numerosos grupos de investigación que intentan hallar medicamentos para contrarrestar cada etapa vinculada a la vejez. Considerando que, según menciona “estos procesos están conectados entre sí”, dar con un remedio para el deterioro de los telómeros, por ejemplo, ¿podría resultar del todo insuficiente para detener el proceso de envejecer?

Quienes trabajamos en este sector solemos enfocarnos en tratar de ralentizar el ritmo del envejecimiento abordando diversos procesos de forma simultánea. Debido a que, por lo común, si se interviene en un factor pero no se logra optimizar el resto, entonces será a través de este último por donde el cuerpo seguirá envejeciendo. En última instancia, los planes más integrales, aquellos que buscan incidir en múltiples aspectos al mismo tiempo, suelen resultar invariablemente los más eficaces.

Ver el proceso de envejecer como una patología podría facilitar la creación de medicamentos que nos permitan transitar los años con mayor salud.

Consuelo Borrás

Fisióloga

Destina específicamente la tercera sección de la obra a todas aquellas indagaciones que se están llevando a cabo en el ámbito médico y farmacéutico para conseguir detener el envejecimiento. ¿Mantiene expectativas puestas de forma especial en alguno de estos avances?

Suelo repetir lo mismo: en última instancia, lo fundamental reside en mantener costumbres vitales sanas. Tomando eso como base, si logramos añadir algún complemento que resulte útil y prometedor, resulta sin duda muy conveniente. Mi labor profesional se centra sobre todo en la medicina regenerativa, empleando específicamente vesículas extracelulares de células madre. Considero que poseen una capacidad extraordinaria. Hemos obtenido numerosos efectos positivos en ensayos con animales. Es verdad que aún resta bastante labor de normalización y otros procesos, no obstante, percibo una gran proyección y confío en que pronto podamos emplearlo en personas para brindar auxilio. De este modo nos mostramos los científicos de esperanzados (risas).

¿De qué trata la terapia regenerativa que utiliza vesículas extracelulares derivadas de células madre?

Nuestra labor consiste en recolectar ciertos compuestos que las células emiten al exterior con el fin de interactuar con otras células. Capturamos dicho intercambio en estados de salud óptimos y lo transferimos a contextos que, a causa del paso del tiempo, tal vez hayan extraviado esa facultad de comunicarse adecuadamente. Al realizar este proceso, notamos que se obtienen efectos sumamente positivos en los ejemplares de mayor edad.

Qué complejo suena.

Supón que pronunciamos una oración. Por citar un caso: “Hola, buenos días, ¿cómo estás?”. Se trata de un enunciado claro que comprendes perfectamente. Dicha comunicación, a medida que transcurre el tiempo y se transmite entre células, se modifica, similar al juego del teléfono descompuesto, y finalmente en lugar de expresar “Hola, buenos días, ¿cómo estás?”, terminas manifestando “Hola, ¿estás cómo? Días Buenos”. Nuestra intención es restaurar ese canal deteriorado para emitir nuevamente “Hola, buenos días, ¿cómo estás?”, logrando así que la información alcance adecuadamente a la siguiente célula para brindarle apoyo.

Usted ya ha aludido a las costumbres diarias. De acuerdo con el análisis de Science mencionado previamente, cerca de un 50% de la longevidad dependería de nuestra conducta cotidiana. Mi inquietud es si el modelo de existencia occidental del siglo XXI supone una ventaja o un impedimento para alcanzar los 100 años…

Existen factores que resultan beneficiosos y otros que representan una carga. Tal como mencioné previamente, quienes nos dedicamos a la ciencia solemos ser bastante positivos. Por lo tanto, resulta evidente que el bienestar de la población se ha incrementado notablemente durante los siglos XX y XXI, lo cual ha elevado de forma considerable la longevidad media a nivel global. No obstante, es cierto que recientemente ciertos elementos han decaído, tales como la polución ambiental o las conductas vinculadas a la ingesta de sustancias nocivas. Es probable que estos motivos expliquen por qué la duración prevista de la existencia se ha estabilizado ligeramente. Sin embargo, percibo que la inquietud por tener una vejez sana y por alcanzar la etapa final de nuestra trayectoria vital en condiciones óptimas es cada vez más común entre la gente. Considero que este punto es fundamental ya que, en última instancia, permitirá tal vez no extender nuestra cronología, sino elevar nuestra calidad de vida, que es la verdadera prioridad actual.

La esperanza de vida se ha mantenido algo estable, aunque considero que la inquietud por alcanzar una vejez sana es cada vez más frecuente en la población.

Consuelo Borrás

Fisióloga

La inquietud social va en aumento, pero paralelamente crecen los niveles de obesidad, falta de ejercicio o sujetos que descansan menos de lo sugerido… ¿Cuál es la razón de que nos resulte tan difícil integrar ese interés en nuestra rutina diaria?

Pienso que, en definitiva, todos estos temas exigen voluntad y una gran labor de sensibilización. Además, nos movemos en una realidad donde siempre vamos deprisa, pretendiendo alcanzarlo todo, y en ocasiones es complejo detenerse un instante y plantear: “también debería intentar cuidarme, porque si no, cuando sea más mayor me va a costar más aún llegar a todo”. Aun así, creo que estamos avanzando correctamente: puede que todavía nos cueste aplicar lo que conocemos, pero todo esto se está arraigando paulatinamente en la mente de la gente y eso supone el arranque de la transformación.

Consagra un segmento a la ética y el orden, lo cual me ha causado sorpresa, ya que quizás sea un elemento innovador que su volumen introduce.

(Risas) Los valores éticos y la disciplina se vinculan de forma directa con la regulación de la ansiedad, evitando generar tensiones innecesarias. Si una persona pierde algo relevante por el desorden en su escritorio, se angustia, ¿cierto? No obstante, al ser organizado y hallarlo pronto, se previene ese malestar. Ocurre lo mismo con la sinceridad: generalmente, al actuar de una manera que no parece del todo correcta, se origina una inquietud que podría eludirse. Manejar el agobio es vital para un envejecimiento óptimo; si bien hay episodios de tensión inevitables, otros pueden sortearse con método y transparencia.

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