Psicología y Salud Mental

La ciencia avala la meditación: reduce el estrés, el “ruido mental” e incluso el dolor físico

Beneficios comprobados

Las prácticas meditativas tienen un impacto directo en el bienestar físico y mental de las personas, así como en la prevención de diversas enfermedades y en la reducción del dolor

Una clase de meditación para mujeres en un casal para personas mayores

Una clase de meditación para mujeres en un casal para personas mayores

Ana Jiménez / Propias

En el último año se han realizado más investigaciones científicas que confirman, nuevamente, los efectos de la meditación en el bienestar físico y mental de las personas. La principal conclusión de que se extrae de los citados estudios es la confirmación de que la meditación tiene un impacto muy positivo en la reducción del estrés, de la ansiedad y de los síntomas afectivos (alteraciones significativas y persistentes del estado de ánimo), que mejora la atención y las funciones ejecutivas del cerebro y que, asimismo, produce cambios en los circuitos cerebrales implicados en regulación emocional, la atención y la respuesta al estrés, con evidencia creciente —aunque aún limitada— de efectos biológicos más profundos.

Otros beneficios que se han detectado entre la población que medita, y que exigen una mayor profundización científica, son cambios en expresión genética relacionados con la inmunidad, retraso del envejecimiento cerebral y, finalmente, aplicaciones para mejorar tratamientos contra el cáncer, el Alzheimer y el estrés crónico.

Diez minutos al día ya generan cambios detectables en las ondas cerebrales

Una mujer practica meditación al amanecer en el embalse de Sau.
Una mujer practica meditación al amanecer en el embalse de Sau.Carme Molist Vidal

Estos descubrimientos se basan en que la meditación se asocia a cambios medibles en el cerebro, en los genes relacionados con el sistema inmunitario y en las redes neuronales profundas. En este sentido investigaciones con técnicas neurofisiológicas como la Magnetoencefalografía (MEG), la Electroencefalografía (EEG) y la neuroimagen, que se utilizan para registrar y estudiar la actividad del cerebro, muestran cambios dinámicos en regiones profundas cerebrales durante los estados meditativos. Ello respalda que la meditación altera patrones de actividad que podrían relacionarse con atención, emoción y regulación cognitiva. Todas estas investigaciones aún avanzan día a día y no son conclusivas todavía por sí mismas

Una noticia esperanzadora para muchos es que, según nuevas investigaciones de la Icahn School of Medicine de Mount Sinai, publicadas en PNAS 2025, no es necesario meditar largas horas para empezar a lograr beneficios. Han comprobado que sólo diez minutos de meditación profunda e intensa generan ya cambios detectables en ondas cerebrales dentro de la amígdala y el hipocampo cerebrales, con mejoras potenciales en la memoria y la regulación emocional.

En el mismo sentido otro estudio publicado en Communications Biology (2025) constató que una semana de meditación intensiva produjo reducción de “ruido mental” en redes cerebrales, mayor conectividad neuronal, cambios en biomarcadores de inmunidad y metabolismo, así como plasma sanguíneo capaz de promover neuroplasticidad in vitro. Todo ello sugiere efectos sistémicos que no se limitan solo al cerebro, sino también al cuerpo entero.

Efectos en la salud global

En relación a dichos efectos en la salud global destaca un ensayo clínico reciente, publicado en diciembre de 2025, que encontró indicios de que la combinación de meditación y respiración lenta redujo niveles de plasma de amiloide β, un biomarcador relacionado con riesgo de Alzheimer, lo que sugiere un potencial efecto protector del cerebro frente al envejecimiento. Este hallazgo, sin embargo, aún se considera preliminar.

En la misma línea, una investigación publicada en Mindfulness (2025) indica que meditadores avanzados pueden mostrar un envejecimiento cerebral más lento, lo que sugiere efectos neuroprotectores de la práctica prolongada de la meditación. En SmartGENES Naturopathic Clinic se recoge un informe en el que se detalla que meditadores experimentados pueden presentar cerebros que biológicamente parecen más jóvenes. En swasthjournal.com se apuntan evidencias adicionales que destacan en los meditadores una mejor regulación del eje estrés-hormonas, menores marcadores inflamatorios, y mejora de funciones fisiológicas (corazón, presión arterial).

Incluso la meditación podría ayudar en la lucha contra el cáncer. Un análisis publicado en diciembre 2025 en ScienceDirect sobre cerca de mil participantes con cáncer, la mayoría de mama, encontró que los programas de meditación basados en mindfulness tienen efectos pequeños pero estadísticamente significativos sobre marcadores de inmunidad, lo que sugiere que la meditación puede modular la función inmunológica clínicamente.

Una revisión sistemática de estudios de Resonancia Magnética Funcional (fMRI), publicada en ScienceDirect, indica asimismo que la meditación modifica la actividad en regiones cerebrales (insula, corteza cingulada anterior y amígdala) relacionadas con la percepción del dolor y la emoción, lo que apoya mecanismos neurobiológicos de alivio del dolor. Este sentido, un meta-análisis (pdf) publicado en Omics Online Publishing sugiere que prácticas de meditación centradas en el sistema Reducción del Estrés Basada en la Atención Plena (MBSR) están asociadas con reducciones moderadas o grandes en la intensidad del dolor y la respuesta emocional al dolor, lo que podría ayudar en su manejo sin medicación.

Los doctores David W. Orme-Johnson, Vernon A. Barnes, Brian Rees, Jean Tobin, Kenneth G. Walton han ido más lejos en estas investigaciones y han demostrado beneficios clínicos potenciales en reducción de síntomas traumáticos. En una publicaciones aparacida en la revista científica MDPI concluyen que hay evidencia creciente de que técnicas meditativas pueden ayudar con el Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT) y recomiendan, en este sentido, más investigación específica.

Soporte para todo

A la vista de los múltiples estudios e investigaciones realizados hasta la fecha puede concluirse que la meditación, sea cual sea la técnica empleada, constituye un soporte para una vida más plena, más equilibrada y más sana pero no es una solución específica para ninguna enfermedad ni dolencia concreta. Como afirma el citado doctor Peter Van Houten, lo que sí es seguro es que contribuirá a hacerte mejor persona en todos los aspectos.

Multitud de investigaciones

En los últimos dos años se ha producido un gran interés científico por estudiar cada vez más los efectos positivos de la meditación. Basta explorar internet, bien directamente o bien a través de la inteligencia artificial (IA) para comprobarlo. Hay que tener en cuenta, sin embargo, que la calidad metodológica de los estudios varía, con tamaños de muestra pequeños, falta de controles activos, y variabilidad en técnicas de meditación. Todo ello limita la generalización de algunos hallazgos y requiere más investigación con diseño riguroso.

El doctor Peter Van Houten, fundador y director de la Clínica Médica Sierra Family, en California, reconoce que las complejidades del estudio de la meditación responde a la gran variedad de técnicas distintas de meditación. La buena noticia, según afirma, es que la mayoría de las técnicas de meditación afectan al cuerpo de una manera similar. “Hay diferencias sutiles y, a medida que avancen las investigaciones, sabremos cuáles son”. Añade que las técnicas de la mayoría de los senderos espirituales se enfocan en estimular los lóbulos prefrontales del cerebro, mediante la concentración en la región del entrecejo o alguna otra técnica que fomenta este estimulo, aunque la atención no se dirija al entrecejo. En cualquier caso los beneficios de la meditación no son idénticos para todos y dependen de diversos factores personales.

Los primeros estudios

Los estudios pioneros sobre los beneficios de la meditación fueron los realizados hace algunos años por un equipo de neurólogos del Centro Waisman de la Universidad de Wisconsin, Estados Unidos, en colaboración con el Monasterio Scheche, de Katmandú, en Nepal. Ese equipo de neurólogos estudió los cerebros de un grupo de jóvenes monjes budistas discípulos de las escuelas de meditación Nyingmapa y Kagyupa, y los comparó con los de estudiantes universitarios estadounidenses. El resultado de los encefalogramas y otras pruebas sobre ambos grupos reveló que el número de conexiones neuronales de los monjes era notablemente superior al de los universitarios.

Una de las pioneras de este tipo de investigaciones es la psiquiatra Sara Lazar, investigadora asociada en el departamento de Psiquiatría del Hospital General de Massachusetts y profesora adjunta de Psicología en la Facultad de Medicina de Harvard. Ella es la autora principal de un estudio del Hospital General de Massachusetts, publicado en su día en el Psychiatry Research, que demostró que la práctica de un programa de meditación de ocho semanas puede provocar considerables cambios en las regiones cerebrales relacionadas con la memoria, la autoconciencia, la empatía y el estrés.

Lo determinante de dicho estudio, que marcó la pauta para los posteriores, fue obtener imágenes por resonancia magnética de la estructura cerebral de dieciséis voluntarios antes y después de realizar un curso de meditación de ocho semanas. El análisis de las imágenes por resonancia magnética encontró un incremento de la densidad de materia gris en el hipocampo, una zona del cerebro importante para el aprendizaje y la memoria, y en estructuras asociadas a la autoconciencia, la compasión y la introspección. Además, se descubrió una disminución de la materia gris en la amígdala cerebral, un conjunto de núcleos de neuronas localizadas en la profundidad de los lóbulos temporales, lo que está relacionado con una disminución el estrés. Ninguno de estos cambios fueron observados en el grupo de control formado por otros voluntarios.

Otro descubrimiento importante que hizo la doctora Lazar es que los cerebros de personas de 50 años que meditan tienen una gran semejanza a los de una persona de 25 años. Asimismo concluyó que las personas que meditan son más conscientes de lo que ocurre a su alrededor; que tienen desarrolladas las partes del cerebro relacionadas con el aprendizaje, la memoria y el control de las emociones; que tienen un mayor control de las emociones y mayor empatía. En consonancia con todo ello la meditación reduce la parte del cerebro (la amígdala) ligada al estrés, la ansiedad y el miedo.

Otro estudio de 2009 consignó importantes mejoras en pacientes con enfermedades coronarias gracias a la práctica continuada de la meditación. También The New York Times se hacía eco en 2007 de otro estudio que aseguraba que las personas que meditaban mejoraban su capacidad de concentración a largo plazo, es decir que podían permanecer más tiempo concentradas en una actividad sin sentir cansancio ni distracción.

En la misma línea otro estudio de 2008 publicado en la revista PloS One, mostraba que los practicantes de la meditación tenían más capacidad para captar sonidos de gente que sufría y experimentaban sentimientos de compasión con más intensidad que las personas que no meditan.