Con 68 años cumplidos, Lluís Homar estima que sus 27 años de práctica terapéutica y meditativa son los pilares de su trayecto fundamental de introspección.
Vips Séniors
El creador catalán, considerado entre los más destacados de su época, encabeza la pieza ‘Memorias de Adriano’, al tiempo que espera el lanzamiento de dos filmes, uno en Netflix y el restante en Prime.

El actor catalán Lluís Homar.

Lluís Homar encabeza la producción escénica Memorias de Adriano, que tras recorrer España estas semanas, se instalará en Barcelona durante un mes en abril y finalizará su etapa en junio en Madrid. De forma simultánea, espera el debut de un largometraje en Netflix y otro en Prime. Por si fuera poco, también realiza presentaciones de su recital lírico junto a Xavier Albertí, Una llum constant.
Este intérprete catalán es una verdadera bestia de la escena, una figura de renombre en cualquier cartelera, aunque en esta charla deja entrever su jubilación y relata las nuevas metas que vislumbra, como mudarse a su vivienda de recreo para recibir a quienes busquen intercambiar inquietudes artísticas y espirituales.
¿Cómo se siente en este momento vital, Lluís?
Me encuentro en la etapa más plena de mi existencia. Lo aseguro sin vacilar en absoluto, aun cuando es obvio que mi situación difiere de la que tenía a los veinte años. Aunque el físico ya no reacciona de la misma forma, anímicamente me percibo con más vitalidad que en cualquier otra época.
¡Esta contestación nos agrada bastante! Es probable que gran parte del público tenga interés en descubrir su método…
Efectivamente, aunque me percibo más frágil que en otros tiempos, comprendiendo que así se debe transitar por la existencia. Vivir resulta complicado, nos hallamos bastante desprotegidos y con el paso del tiempo nos esforzamos en edificar un escudo para resguardarnos. Aun cuando dicho amparo resulta útil, notamos que igualmente nos quita vitalidad. Considero que resulta preferible mantenerse abierto y dejar los sentimientos al descubierto: es la señal de que uno sigue con vida.
Existimos en una realidad que nos moldea para fabricar lo que anhelamos ser, mas no para reconocer quiénes somos de verdad.
¿Me está diciendo que en la vida prefiere sufrir que dejar de sentir?
Constantemente he mantenido un lema que complementa al que enuncia “pienso, luego existo”, el cual es “sufro, luego existo”. He completado veintisiete años de terapia y, en consecuencia, me he enfocado considerablemente en mi persona, aunque recientemente también he profundizado bastante en la meditación. Practico la meditación, integro un colectivo de meditadores y destino gran parte de mi tiempo a la búsqueda del ser, a ese trayecto hacia la esencia humana. Durante esta travesía interior uno percibe todas las barreras levantadas para evitarla, ya que al realizarla es posible hallar aspectos poco placenteros, no obstante, este recorrido permite distinguir entre el ideal deseado y la realidad propia. Habitamos una sociedad que nos instruye para forjar lo que desearíamos representar, pero que descuida la aceptación de nuestra verdadera identidad.
¿Cree que la meditación le ayuda a vivir en paz?
Efectivamente, pero con cautela: yo no medito para sentirme bien, sino para comprender mi estado actual. En el fondo, lo que perseguimos es la tranquilidad, tal como señalan los místicos. En ocasiones mencionamos “venga, voy a buscar la paz” de forma similar a quien consume un Diazepán natural, sin embargo, la meditación consiste en el autodescubrimiento mediante el silencio, y al intentar hallar la calma, lo que surge inicialmente es el desasosiego. Gestionar esto se relaciona con los sentimientos, las ideas, las percepciones… Actualmente, debido a las redes y los teléfonos, paso mucho tiempo revisando la actualidad internacional en vez de atender lo que sucede en mi interior. Frente al deseo de distraerme, realizo cuatro o cinco respiraciones.
¿En qué etapa de su existencia comprendió que tal vez este proceso introspectivo, mediante el tratamiento psicológico y la práctica meditativa, podría beneficiarlo?
Al separarme del Teatre Lliure, tras permanecer allí por encima de dos décadas, experimenté aquel proceso de forma dolorosa. Me percibía desamparado y rememoro que acabé fortuitamente en el taichí, el tao, el zen… Realicé un profundo acercamiento oriental que me vinculó nuevamente con esa curiosidad mística que ya asomaba en mí. No obstante, mi historia individual también tiene un peso relevante. Provengo de un hogar con ocho hermanos y un progenitor docente, donde albergaba la sensación de no alcanzar nunca las expectativas. En realidad, aún sigo lidiando con ese sentimiento. Mi labor interpretativa me resultaba gratificante pues me permitía la opción de transformarme constantemente. Deseaba convertirme en Marlon Blando sin que nadie me facilitara el camino. Sin embargo, con el tiempo, la existencia me enseñó que el verdadero objetivo consiste en aceptarse a uno mismo. ¡Y tal propósito resulta sumamente complicado! Lograr ser Lluís Homar constituye una tarea para la cual una sola existencia no parece suficiente, dado que uno suele luchar contra sus anhelos en lugar de aceptar la realidad. Considero que no existe travesía más trascendental en este mundo que el recorrido hacia el propio interior. Al contabilizar el tiempo dedicado a terapia, los recursos invertidos y los momentos diarios de meditación sobre un taburete… el resultado parece nulo, ¡pero me siento plenamente satisfecho! Mediante el tratamiento psicológico no he transformado nada, ¡aunque reiniciaría el proceso de inmediato! He logrado observar, ser consciente de mi esencia, entender… y he comprendido que la transformación personal es sumamente difícil. En última instancia, cada acción que emprendemos durante nuestra trayectoria vital busca enseñarnos el arte de la entrega.
¿No considera que en la actualidad, como colectivo, nos resultaría muy beneficioso a todos practicar la meditación tal como usted lo hace?
Coincido plenamente. A los dieciocho años experimenté el movimiento hippie, el mayo del 68, los Beatles y el término de la dictadura… un conjunto de vivencias que nuestra sociedad ha dejado atrás. En la actualidad dominan la ambición económica y el materialismo: la situación es crítica. Mientras edificábamos colectivamente la democracia, poseíamos una reserva inmensa de ilusión, pues todo se encontraba por definir. No obstante, hoy reina la desilusión, la extrema derecha gana terreno y hemos sufrido un retroceso impactante. Precisamente debido a este panorama negativo, surge un deseo de dar nuevo sentido, una preocupación latente. En el plano personal queda mucho por realizar, ya que cuando cada individuo se cuida a sí mismo, no desde lo material sino desde lo espiritual, ayuda a transformar el planeta. Tanto su propia realidad como la de quienes le rodean.
Mientras forjábamos colectivamente la democracia, poseíamos un inmenso caudal de ilusión, ya que quedaba todo por realizar; en la actualidad, la decepción se ha arraigado.

¿Esa inclinación por explorar la esencia de la existencia y el significado de todo le conduce a reflexionar sobre la muerte?
Me considero alguien miedoso en lo corporal y el sufrimiento físico me asusta. El fallecimiento me preocupa cada vez menos, ya que entiendo mejor que soy un espíritu eterno viviendo una etapa terrenal, y mi existencia no concluirá cuando este organismo fallezca. Me encontraba allí al fallecer Fabià Puigserver, quien fundó el Teatre Lliure, y percibí por un instante que lo restante era solo el recipiente, pues su esencia no perecía. Recuerdo constantemente a quienes ya partieron: los veo como seres espirituales a mi lado, tales como mi padre, mi madre, mi abuelo, una prima, mis padrinos o ciertos amigos... Son presencias que me escoltan.
Aparte de la faceta psicológica o espiritual, ¿de qué manera percibe corporalmente el transcurso del tiempo, Lluís?
Practico bastante ejercicio físico, ya que consulto a menudo Guyana Guardian y los textos referentes a si es preferible caminar o si se requieren diez mil pasos cada día, y trato de salir a pasear una hora diaria. En estos años recientes, estando en Madrid, me desplazaba a las siete de la mañana al Retiro, donde efectuaba mi ruta. Aun cuando estuviéramos a dos grados, ¡salía muy protegido! Recorría unos cinco kilómetros diarios e igualmente procuraba trotar un poco. A veces no consigo terminarlo todo, pero lo perfecto es que, tras la caminata, al volver, pueda realizar mis veinte minutos de yoga, especialmente la posición del gato-vaca, que consiste en un movimiento a gatas sobre el piso para flexionar la columna vertebral.
¿Y qué me dice de la alimentación?
Asimismo, estoy sumando los ayunos intermitentes a esta dinámica. Los lunes cumplo ayunos de veinticuatro horas, he realizado repetidamente el ayuno del sirope de savia y, con el cambio estacional, desarrollo el ayuno de setenta y dos horas. Lo que aún debo solucionar es cómo incluir los ejercicios de fuerza en mi vida diaria. He consultado a un antiguo entrenador pues preciso localizar una guía de ejercicios adaptada a mis 68 años. Esto me proporcionaría gran felicidad si consiguiera realizarlo a diario, pero actúo conforme a mis circunstancias.
Además de toda esta actividad corporal, su desempeño en escena frecuentemente contribuye a que siga en forma. ¿Se imagina retirado en el futuro?
En términos teóricos y legales me encuentro retirado, no obstante, el 1 de abril del 2023 se modificó la normativa y en nuestro sector es posible percibir la pensión mientras se ejerce la actuación o la dirección. Me hallo justamente en ese escenario. Actualmente soy consciente de que por unos dos o tres años más debo conservar un ritmo laboral considerable, aunque el plan con mi esposa consiste en mudarnos a la vivienda que poseemos hace tres años en Rocallaura, dentro del Vall del Corb, al lado de Vallbona de les Monges. Ella se dedica a la cerámica y desea instalar su taller artístico próximo al hogar, mientras que yo aspiro a reducir mi carga de tareas y brindar gran parte de mis horas a ese entorno. Al mismo tiempo, el inmueble facilita que tanto sus dos hijos como los míos nos visiten en cualquier ocasión y dispongan de su propio cuarto. En Rocallaura residen cerca de cuarenta habitantes y mi propósito es experimentar la calma y la tranquilidad absoluta. Ese constituye nuestro plan vital de futuro.
Cada lunes realizo ayunos de veinticuatro horas, he practicado frecuentemente el ayuno del sirope de savia y, con la llegada de cada estación, cumplo el ayuno de setenta y dos horas.
¿Qué haría en este espacio, Lluís?
Quisiera disponer de un sitio para realizar dinámicas y que todo aquel interesado pueda asistir. He platicado con mi esposa sobre la posibilidad de hospedar a conocidos, pero tal vez un fin de semana cada mes abramos nuestra vivienda a siete u ocho personas para participar en tareas comunes, reflexionar, transitar por entornos naturales, oírnos mutuamente, moldear arcilla con las manos, que es bastante curativo… De igual forma, me encantaría coordinar reducidas puestas en escena, recitales y eventos culturales.
Visualicemos que en este recinto se logran impartir talleres de actuación o incluso de crecimiento individual. ¿Qué lecciones obtendríamos de Lluís Homar?
Al impartir formaciones, siempre me he basado en mi propia trayectoria: busqué desarrollar mi faceta interpretativa dejando de lado mi identidad personal. Creía que la actuación transformaría al individuo. Sin embargo, no es necesario ocultar nuestra esencia. Debemos aceptarnos y fundamentar nuestra profesión en nuestra propia naturaleza. Lo que más disfruto, actualmente a mis 68 años, es seguir adquiriendo conocimientos y continúo con esa disposición.
Alguien con tal devoción por su oficio, que ha leído de forma tan vasta, que cuenta con una instrucción tan profunda y que es valorado por todos como uno de los intérpretes primordiales de nuestro país… ¿Mediante qué cita desearía que se le rememorara?
Constantemente surge en mi interior un sentimiento, aunque a veces temo que pueda sonar algo arrogante. Desearía que mi inscripción funeraria rezara “un gorrión más”. Esta idea proviene de contemplar a los gorriones, esos seres que resultan casi idénticos entre sí, encantadores, sin ninguna altivez y totalmente desconocidos. Anhelo ser uno de ellos. Todavía no puedo suscribirlo porque aún debo trabajar mucho en mi identidad y mi orgullo, pero aspiro a lograrlo ya que tengo la certeza de que lo fundamental reside ahí, en ser simplemente un gorrión más.





