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Adiós a Carles Vilarrubí, un gastrónomo inteligente y proactivo

Obituario

Fallece el presidente de la Acadèmia Catalana de Gastronomia i Nutrició

Carles Vilarrubí, presidente de la Acadèmia Catalana de Gastronomia i Nutrició 

Carles Vilarrubí, presidente de la Acadèmia Catalana de Gastronomia i Nutrició 

Mané Espinosa / Propias

La gastronomía, y muy en particular la de su país, Catalunya, fue una de las grandes pasiones de Carles Vilarrubí (Barcelona, 1954), fallecido hoy en Barcelona a la edad de 71 años. Y a ella le dedicó un enorme trabajo a través de la presidencia de la Acadèmia Catalana de Gastronomia i Nutrició, cargo en el que estaba a punto de cumplir una década, repleta de logros y avances. Lo hizo siempre rodeado de aquellas personas que sabía más capaces, como su vicepresidenta, la cocinera Carme Ruscalleda, con quien a menudo conversaba no solo sobre alta cocina, sino sobre tradición y cocina popular; o su vicepresidente, Joan Font, además de los numerosos académicos de gran nivel con los que contaba.

En el largo recorrido de la Acadèmia, fundada en 1989 por Néstor Luján, el mandato de Vilarrubí supuso un salto extraordinario para afianzar esta institución como un instrumento por fin útil para la observación, la investigación y la divulgación de la cocina y la gastronomía catalana. Además, tuvo una capacidad enorme para convertir el acto de entrega de los premios anuales en una gran fiesta cultural que agrupaba a centenares de profesionales vinculados al sector. La fiesta que nadie quería perderse.

Afirmaba que “comer es uno de los actos más trascendentes, humilde y humano que las personas realizan”

La cocina, recordaba en sus palabras de bienvenida a la página de la Acadèmia Catalana, “es una parte fundamental de la historia y la cultura de un pueblo. Preservar su identidad es, por tanto, un reto tanto culinario como cultural”. Este gran gastrónomo se ganó el respeto de cocineras, cocineros, profesionales de sala o del mundo del vino con un liderazgo natural y una enorme capacidad de escuchar. Afirmaba que “comer es uno de los actos más trascendentes, humilde y humano que la persona realiza. Trascendente, porque el comportamiento de la persona en la mesa define toda una civilización. Humano, porque el hecho de comer es tan obligado y antiguo como la misma existencia del hombre. La gastronomía constata que hay aspectos en la alimentación que cada cultura expresa a su manera. La alimentación no es solo un hecho biológico, sino también un lenguaje, y por tanto, un reflejo de la propia cultura”.

Defendía Vilarrubí que la riqueza de la cocina catalana se percibe por la profusión de su práctica y por la diversidad de su conocimiento, puso el foco en las cocinas de renombre y en las más humildes, así como en la necesidad de cuidar a los pequeños productores, algo que él hizo con empeño durante la pandemia, y en la importancia de seguir cocinando en casa. Y en los premios de la Acadèmia quiso situar al mismo nivel la cocina creativa y la tradicional, adjudicándoles sendos premios.

Estaba convencido de que la gastronomía catalana “configura un entramado diverso que hay que entender, ordenar y coordinar. Necesita una reflexión estable y constante. Nuestra cocina reclama una necesaria puesta en común para constatar dónde estamos, hacia dónde vamos, qué horizontes nos esperan y qué prioridades tenemos”. 

Trabajó con rigor y siempre consultando, informándose, dialogando y reflexionando para avanzar y seguir construyendo

Con esos retos trabajó con rigor y siempre consultando, informándose, abierto al diálogo y la reflexión para avanzar y seguir construyendo. Luchó por reivindicar a personajes relevantes de la gastronomía, impulsó la exposición “Ensenyar les cartes”, debates, publicaciones, reconoció la labor  periodística y la de todas las figuras del restaurante;  impulsó el documental “La sopa d’all i el món que ve” que dirigió Manuel Huerga, entre muchas otras iniciativas, y tuvo un papel importante en las actividades de este 2025 en que Catalunya ha sido Regió Mundial de la Gastronomia. Este mismo año creó la figura del Académico de Honor, que se estrenó el pasado marzo con el nombramiento del historiador y medievalista Paul Freedman. Despidió y homenajeó a las personalidades de la gastronomía que nos han ido dejando, las más recientes Fermí Puig y Paco Solé Parellada.

Carles Vilarrubí, exquisito conversador, amable y hospitalario, fue según el académico Toni Massanés, director de la Fundació Alícia, “una persona inteligente y elegante no solo en su aspecto externo, sino en la manera de relacionarse en todo momento con todos  y de actuar”. La Acadèmia y el sector echarán de menos a quien impulsó y acercó la institución que presidía a la sociedad y que siempre entendió la gastronomía como un  factor universal a todas las comunidades humanas. “Cada pueblo tiene una cocina y la percibe de una manera diferenciada. La evidencia de esta diversidad es una herencia que hay que preservar”. Y él, sin lugar a dudas, contribuyó a hacerlo y nos animó, con su ejemplo, a seguir haciéndolo.

Cristina Jolonch

Cristina Jolonch

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Periodista barcelonesa, trabaja en Guyana Guardian desde 1989, donde escribe sobre gastronomía y dirige el canal Comer en la web de este diario. Ha impulsado, junto a Fundación Raíces, el proyecto social Cocina Cociencia, dedicado a la inmersión social y laboral de jóvenes en riesgo de exclusión a través de la restauración.

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