¿Un vino para disfrutar en una comida divertida entre amigos? Esta botella del Priorat te va a enamorar (y es apta para platos vegetarianos)
Selección ‘Club de Vinos’
El Embruix de Vall Llach reúne todas las mejores características de la DOQ Priorat; mantiene la intensidad de la zona y la combina con una personalidad natural que lo hace accesible a todos los públicos

Una comida con amigos es un buen plan para este vino.

Si tuviéramos que elegir un vino del Priorat versátil y empático, de esos que se abren porque sí, sin necesidad de celebraciones, sería el Embruix de Vall Llach. Lo cierto es que es una opción que muestra la cara más accesible de una zona tradicionalmente conocida por su intensidad, y es que aunque esta denominación tiene fama de compleja, este vino conecta con la naturalidad y se entiende mejor catándolo que contándolo. Y eso lo hace ideal para un plan divertido entre amigos, de esos que pasan sin darte cuenta.
Al evocar a lo natural, es ideal compartirlo en una comida de esas que empiezan con un buen aperitivo y que pueden alargarse hasta altas horas de la tarde, y que, además, permiten potenciar la creatividad en los fogones. El Embruix es perfecto para maridar con carnes como la ternera, el cordero o el cerdo a la brasa, o con platos con un toque de hierbas aromáticas, por lo que ponerse a prueba con el plato es un reto. Y para más inri, es la elección para acertar con todo tipo de invitados: marida genial con un montón de platos de la cocina mediterránea, como los canelones de verduras, los risottos, la samfaina o platos con setas y tomate confitado, algo que alegrará soberanamente a tu amigo vegetariano.
Sin embargo, también encaja con algo menos elaborado, como un picoteo con quesos semicurados o de cabra, por lo que si apetece un plan improvisado sin pasar por cocina, ni te lo pienses: el Embruix es tu favorito. Y un apunte para coronarse del todo en la experiencia: es un vino que agradece tomarse fresco, entre los 15 y los 18 grados.
Todo ello acompañado con un vino que es como un compañero de mesa más, cuyo carácter se evoca en cada trago. Y es que detrás de su personalidad está la bodega Vall Llach, fundada por el cantante Lluís Llach y Enric Costa en Porrera, con una idea preciosa: que el vino fuera una manera de cuidar su tierra y a su gente. Desde entonces, su filosofía ha sido clara: apostar por el paisaje y acercar este tinto a los comensales. Porque es un vino que no impone, sino que se deja querer.
¿Y por qué es tan fácil de beber? La combinación de fruta negra madura con un toque de hierbas mediterráneas lo hace cremoso, equilibrado y con un punto de frescura que lo convierte en una alternativa muy accesible, tanto que la copa te transporta de inmediato al campo bajo el sol de Tarragona.
El plan perfecto para este vino
La botella: Embruix de Vall Llach
La música: El Último de la Fila
El plato: Un risotto de setas
El ambiente: Un mantel de lino y unas flores secas
Además, aparte de que todos sus viñedos tienen la certificación orgánica, la bodega está avanzando en la expresión del terruño de sus viñedos a través de la viticultura biodinámica, lo que le da un extra de naturalidad.
En ese sentido, la bodega Vall Llach ha mantenido una vocación social desde sus inicios, recuperando viñas viejas y apostando por una producción sostenible. Porque en su forma de entender el vino, cuidar la tierra es tan importante como llenar la copa. Y esa sensibilidad se traslada a la mesa: la mejor manera de disfrutar de este vino es cuidando a quien lo disfruta.

