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“Nuestro bisabuelo llegó a comprar un carro para vender el vino por Barcelona”: la bodega familiar del Penedès que reivindica la artesanía del cava

Vinos

Fundada oficialmente en 1985, pero con mucha más historia detrás, esta bodega familiar representa una forma de entender el cava desde la proximidad, el respeto por la tradición y la voluntad consciente de mantenerse pequeña para no perder identidad

Caves Rusinés es una bodega familiar en el corazón del Penedès. 

Caves Rusinés es una bodega familiar en el corazón del Penedès. 

Cedida

Antes de descorchar una botella de cava, conviene detenerse un momento y escuchar la historia que hay detrás. Porque no todos los cavas nacen de balances, planes de expansión o estrategias de mercado; algunos nacen exclusivamente del cariño de la tierra, de la repetición paciente de los gestos y de una herencia que se transmite casi sin darse cuenta. Caves Rusinés pertenece a esa segunda categoría: la de las bodegas familiares que han crecido al mismo ritmo que el pueblo que las vio nacer, Sant Sadurní d’Anoia, corazón indiscutible del cava.

Fundada oficialmente en 1985, pero con raíces que se hunden varias generaciones atrás, Caves Rusinés representa una forma de entender el cava desde la proximidad, el respeto por la tradición y la voluntad consciente de mantenerse pequeña para no perder identidad. En una tierra dominada por grandes nombres y volúmenes colosales, esta cava familiar reivindica otra escala: la del control directo, la artesanía y el vínculo emocional con cada botella.

En esta conversación pausada con la familia Rosinés (sí, sí, con “o”, ya veréis por qué), Ester, una de sus miembros más jóvenes, repasa su historia, explica cómo se convive con gigantes como Codorníu o Freixenet, defiende las variedades tradicionales del Penedès y reflexiona sobre un futuro que, más que crecer, busca permanecer fiel a lo que siempre han sido. Una charla que no habla solo de cava, sino de tiempo, memoria y legado.

Empecemos por el principio. ¿De dónde nace Caves Rusinés?

Caves Rusinés nace de una forma muy natural. Somos una familia del Penedès, concretamente de Sant Sadurní d’Anoia. En este pueblo, la viña, el vino y el cava forman parte de todas las familias. En nuestro caso, esta relación con la viticultura viene de muy lejos y se ha transmitido de generación en generación. El origen principal se remonta a nuestro bisabuelo, que ya cultivaba viñedos y elaboraba vino. Se podría decir que tenía una producción considerable, ¡porque llegó incluso a comprar un carro para vender el vino por toda Barcelona! Más adelante, nuestro abuelo, Josep Rusinés, continuó con su tradición, cuidando y manteniendo las viñas durante muchos años. Pero la familia estuvo muy centrada principalmente en lo que es el cultivo de la viña.

Entonces, lo del cava es bastante joven.

Exacto, no fue hasta la siguiente generación, sus hijos Josep, Albert y Jaume. Ellos se animaron a dar un paso más y empezar a elaborar nuestro propio cava. Habían crecido rodeados de viñas y conocían bien otras pequeñas cavas familiares de la zona. Así que podríamos decir que Caves Rusinés nace en 1985, cuando comenzaron oficialmente a elaborar cava bajo su Denominación de Origen. Desde entonces siempre hemos hecho cava, hasta el día de hoy. Seguimos siendo una cava familiar en la que han participado todas las generaciones, cada una aportando sus conocimientos. Una curiosidad que nos gusta contar es que el nombre de Caves Rusinés se escribe con “u”, aunque nuestro apellido familiar se escriba con “o”. Esto se debe a cómo se registraban los apellidos antiguamente, cuando los documentos se hacían a mano o por cómo sonaban cuando se pronunciaban. Es un detalle más que refuerza ese carácter de bodega familiar tan ligado a nuestros orígenes y la antigüedad de estas cavas.

Nuestro bisabuelo tenía una producción considerable, ¡incluso llegó a comprar un carro para vender el vino por toda Barcelona!

Ester Rosinés

¿Cómo afecta ser una bodega familiar en una tierra tan asociada a grandes casas?

Bueno, Sant Sadurní d’Anoia es conocido como el corazón del cava. Se la ha llegado a apelar como “el país del cava” (ríe). Ser una cava familiar en un entorno tan saturado es cierto que nos obliga a tener muy claros los objetivos y también nuestras limitaciones. Es evidente que de Sant Sadurní han salido algunas de las mayores productoras de cava, como Freixenet o Codorníu, y eso marca muchísimo el contexto en el que trabajamos. Pero no lo vemos como una competencia, ¡sino como una suerte! Desde nuestro punto de vista, han sido estas grandes casas las que han tenido un papel muy importante para dar a conocer el cava en todo el mundo. Gracias a ellas, el cava ha conseguido una visibilidad internacional que hoy está plenamente consolidada.

Pero el método de trabajo en una familiar será muy distinto.

¡Mucho! Como pequeña cava familiar trabajamos con volúmenes y escalas muy diferentes, y también nos dirigimos a un tipo de cliente distinto, que no busca necesariamente lo mismo que en una gran marca. Nosotros nos centramos en una elaboración cercana y artesanal, aportando diversidad, identidad y carácter. Buscamos un cava con personalidad propia y damos mucha importancia al trato directo con el cliente, algo que creemos que define especialmente a las cavas familiares.

Caves Rusinés es un proyecto familiar. 
Caves Rusinés es un proyecto familiar. Cedida

¿Dónde están situados vuestros viñedos y qué variedades utilizáis?

Nuestros viñedos y nuestra cava están en pleno corazón del Penedès, una zona totalmente ligada al origen, la historia y la identidad del cava. Es una zona privilegiada que ha sido clave en el desarrollo de la Denominación de Origen. Por ese motivo, elaboramos nuestros cavas exclusivamente con las variedades tradicionales de la zona: macabeo, xarel·lo y parellada. Cada una aporta características muy concretas, como frescura, finura, estructura, ligereza y elegancia. Para nosotros es fundamental respetar el producto del Penedès. Somos de Sant Sadurní y sentimos que eso forma parte de nuestra identidad como cava familiar. El nombre del pueblo es una marca muy potente por el clima, el suelo, la uva y también por el sentimiento de pertenencia, de pueblo y de familia, que está muy presente en todo lo que hacemos.

¿Se nota mucho la diferencia entre vuestro cava y otros más famosos?

Bueno, esto es en sí un territorio donde el mercado del cava está muy concentrado: muchas familias tienen cavas y, además, conviven pequeñas bodegas con grandes empresas multinacionales que operan en condiciones muy distintas. En ese contexto, creemos que nuestra diferencia está en la forma de entender el cava. Sin duda no se hace igual desde una escala familiar ligada al territorio que desde una multi. Al ser una bodega pequeña, tenemos un control directo de todo el proceso. Seguimos de cerca cada etapa del trabajo en la viña y en la elaboración, tomamos decisiones con conocimiento y experiencia, y mantenemos un contacto muy directo con el cliente. Todo queda en familia, y cualquier comentario, opinión o sugerencia llega directamente a alguno de nosotros, ¡sin intermediarios! ¿Se nota mucho la diferencia entre nuestro cava y otro más famoso? No lo sé, habréis de probarlo.

Por lo que comentas, la manera de hacer también debe desembocar en un determinado estilo. 

Ya el simple hecho de estar en Sant Sadurní d’Anoia también marca nuestro estilo. Trabajamos con las variedades tradicionales del Penedès y respetamos el sistema de elaboración y la crianza, priorizando siempre la calidad por encima de la cantidad. No buscamos competir en volumen ni en precios, sino elaborar un cava con personalidad, fiel a nuestra manera de trabajar y a los recursos de los que disponemos. Somos conscientes de que somos una bodega familiar y llegamos hasta donde nos permiten nuestros propios medios, sin perder nunca nuestra identidad.

Entonces, vuestro volumen de producción no es muy grande.

No, en Caves Rusinés siempre hemos priorizado la calidad por encima de la cantidad. Por eso mantenemos de forma consciente un volumen de producción reducido. Nunca hemos tenido como objetivo crecer mucho en número de botellas, sino hacerlo con coherencia, con nuestra manera de trabajar, con los recursos reales de los que disponemos y, sobre todo, como familia. Si en la bodega trabajan cinco primos, son cinco primos, no diez. Mantener una producción pequeña nos permite conocer muy bien nuestras viñas, controlar todo el proceso de elaboración y dedicar el tiempo necesario a cada etapa. También nos da una gran libertad a la hora de tomar decisiones, sin presiones comerciales. Elaboramos el cava que nos gusta a nosotros y que gusta a nuestros clientes, sin mirar tanto las tendencias internacionales, sino poniendo el foco en el territorio, en lo que caracteriza al Penedès y a Sant Sadurní de Anoia.

Elaboramos el cava que nos gusta a nosotros y que gusta a nuestros clientes, sin mirar tanto las tendencias internacionales

Ester Rosinés

Para este objetivo necesitáis una filosofía muy concreta.

Claro, nuestra filosofía de elaboración se basa en el respeto por la tradición, por el tiempo y por el carácter familiar que tiene esta bodega, ¡que no es poco! Elaboramos nuestros cavas siguiendo el método tradicional establecido por la Denominación de Origen Cava, un proceso que empieza mucho antes de la vendimia, en la viña, con la poda, el trabajo del suelo y el cuidado del viñedo durante todo el año.

¿Cómo lo hacéis?

La vendimia suele realizarse entre finales de agosto y septiembre, de forma manual o mecanizada, según el caso. A partir de ahí se realiza el prensado y la primera fermentación, de la que obtenemos los vinos base. Después llega el ensamblaje, donde mezclamos los distintos vinos base de cada variedad en función del cava que queremos elaborar. Una vez clarificado y estabilizado el vino, se realiza el tiraje: el embotellado con la adición de levaduras y azúcar para provocar la segunda fermentación en botella. Las botellas reposan en posición horizontal, en silencio, con humedad y temperatura constantes, durante un mínimo de nueve meses. A partir de ese momento ya se podría degollar y comercializar el cava, aunque el tiempo de crianza dependerá del estilo que se quiera conseguir: cavas más jóvenes y frescos o cavas más evolucionados. Y el removido, que antiguamente se hacía de forma manual con pupitres, hoy lo realizamos mayoritariamente de forma mecánica con jaulas, aunque algunas botellas especiales todavía se trabajan a mano por su forma o características. Todo este proceso refleja mucho nuestra filosofía, es nuestra manera de entender el cava: un fuerte respeto por el método tradicional, atención al detalle y adaptación a los medios actuales sin perder la esencia.

Como cava familiar, ven todo el proceso del cava. 
Como cava familiar, ven todo el proceso del cava. Cedida

Oyéndote me pregunto por el futuro de Caves Rusinés; una bodega tan familiar donde solo trabaja la familia tiene riesgo de que un día una generación ya no le apetezca dedicarse a ello… ¿Hacia dónde va Caves Rusinés?

Tienes razón, el futuro de Caves Rusinés está profundamente ligado a la familia y al relevo generacional. Así como en su día nuestros bisabuelos y abuelos decidieron seguir cultivando viña, y la generación siguiente dio el paso de elaborar su propio cava, la continuidad del proyecto dependerá de que alguien de la familia quiera asumir ese papel en el futuro. No creemos en un crecimiento forzado ni en obligar a nadie a continuar este proyecto. Tampoco en introducir cambios solo por “seguir modas”. Si en algún momento alguien de la familia decide coger las riendas, ampliar viñedos, experimentar con nuevas técnicas o explorar nuevas categorías de cava, deberá hacerse siempre desde la misma filosofía: cuidar la calidad, respetar el origen y mantener el espíritu familiar.

¿Y si eso no ocurre?

En realidad, para nosotros Caves Rusinés no es solo un negocio. Forma parte de nuestras vidas desde hace generaciones. Está presente en nuestras celebraciones, en Navidad, en las comidas familiares y cuando nos invitan a comer fuera de casa… ¡Siempre llevamos una botella de nuestro cava con nosotros, no puede ser de otra forma! Tiene una historia, un legado muy profundo, y el objetivo principal sigue siendo el mismo: preservar esa identidad y ese vínculo familiar que nos ha acompañado desde el principio. Eso es lo que esperamos que siga sucediendo.

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