El cristal no es lo único que importa: cómo elegir la mejor copa para cada tipo de vino (y qué ejemplos lo demuestran)
Vinos
Es mediante la copa que el vino consigue expresarse y susurrar a nuestros sentidos todas aquellas cosas que nos tiene que decir, por lo que escoger un buen recipiente es más importante de lo que creemos

La copa importa más de lo que creemos.
Beber un gran vino en una copa inadecuada vendría a ser lo mismo que pagar por escuchar a un buen grupo de música a través del móvil. Lo segundo puede parecer tan descabellado como lo primero, y aunque mediante este artículo no pretendo que os hagáis con un alijo de cristalería fina, sí que espero que comencéis a darle un poquito de importancia. De cogerle el gusto a llenar el armario de copas, hay una distancia muy corta, os lo aseguro.
Es mediante la copa que el vino consigue expresarse y susurrar a nuestros sentidos todas aquellas cosas que nos tiene que decir, que no son pocas. El vino es poesía en cada gota, una poesía que no siempre es amable, ni fácil de comprender, que a veces nos encanta y otras se nos atraganta, pero que jamás nos deja indiferentes. Una copa de vino es el medio transmisor, y como la música, el vino solo se disfruta mediante un buen altavoz.
Cuando empezamos a beber nos obsesiona encontrar aromas, nos desconcierta, al igual que atrae, descubrir que un vino puede oler a pimiento, a clavo, a sangre o a queroseno, y nos frustra no ser capaces de encontrar en la copa todos los descriptores que se indican en la ficha técnica. Con el paso del tiempo, esta faceta de sabueso se relaja un poco: ya no nos afecta tanto oler mandarina mientras el de al lado huele naranja. Es entonces cuando comenzamos a preocuparnos más por otros menesteres como las texturas.
¿Texturas en un vino? Estoy segura de que a muchos leer esto os habrá parecido una fantasía, pero si antes os he dicho que los vinos son poesía, ahora os afirmo que también son tejidos de los que podemos apreciar la calidez o rusticidad de “sus materiales” gracias a la copa que los contiene. Los vinos pueden ser sedosos, aterciopelados, terrosos, fluidos o glicéricos, entre otros muchos adjetivos.
Sabed también que estos vinos contendrán aristas o serán redondos, estrechos o de gran volumen y que, en definitiva, se manifestarán cada uno con su propia forma. Una buena copa también nos permitirá percibir el grado y tipo de acidez que tiene el vino, y si es sápido o, por el contrario, goloso. Volviendo al tema de los aromas, estos también se apreciarán más exuberantes si elegimos el continente adecuado.
Llegados a este punto cabría que os preguntarais ¿Es el cristal lo único que importa? ¿Es capricho de las marcas que nos perdamos eligiendo entre tanta variedad? Si la copa es cara… ¿Debemos elegir aquella con la forma más original? Y yo os respondería que no, el cristal no es lo único que importa. Y no, no siempre la copa que más nos gusta es la que mejor funciona. Y por supuesto, es un imperativo dejar fuera de la ecuación aquellas copas típicas de ajuar de novios, aquellas de colorines con texturas insoportables.
La copa ha de ser de cristal, si es soplado mejor, lisa y transparente y su forma dependerá del vino que vaya a contener. Quizás son respuestas que no gusten demasiado, dado que elegir sin tener mucha idea de vino es algo tedioso, y si además esto implica tener una copa para cada vino, la tarea se complica todavía más, financieramente hablando. Pero tranquilos, el propósito de estas líneas no es solo convenceros de que la copa puede llegar a representar más del 50% del disfrute del vino, sino también para ayudaros a elegir la correcta, independientemente de lo ajustado del presupuesto.
La copa ha de ser de cristal, si es soplado mejor, lisa y transparente y su forma dependerá del vino que vaya a contener
Los austriacos son sin duda auténticos maestros en el arte del cristal, por esta razón muchos de los ejemplos que os plantearé son modelos de marcas procedentes de Austria, y es que ellos no solo son “los padres” de la música clásica, sino también los de la cristalería de calidad.
Antes de nada, sabed que no existe la copa perfecta, y que las destinadas a vinos y variedades concretas siempre reflejarán mejor sus características, pero que, a su vez, existen copas que son bastante versátiles. Dicho esto, si el capital a invertir es limitado o se prefiere ir “piano, piano”, recomendaría una copa “universal”, es decir; una copa para toda clase de vinos. A este respecto se me ocurren varios ejemplos interesantes.
La Gabriel Glass Standart puede encontrarse por unos 10 euros y es una copa resistente. Permite disfrutar casi de cualquier vino sin tener que rascar demasiado el bolsillo. La marca es austriaca y fue fundada en 2010, y únicamente comercializan dos tipos: la Standart y su versión premium, la Gabriel Glass Sold, soplada a mano y por unos 50 euros.
Como alternativa os ofrezco la marca sueca Bobo, y más concretamente su copa Bobo Bistró, a unos 30 euros a precio tienda. También es muy versátil y con un cristal más fino que la Standart de Gabriel Glass. Y para aquellos que quieran tomarse en serio esto de “una copa para cada vino” aquí os expongo algunas opciones para disfrutar de variedades y tipos de vino distintos.
Copas concretas para diferentes tipos de vino
La Pinot Noir es delicada y a veces difícil a la hora de expresarse con plenitud en una copa, con unos taninos turgentes y una textura a menudo sedosa o aterciopelada, y a la que ciertas vinificaciones y crianzas en madera nueva pueden llegar a penalizar si no la degustamos en la copa correcta. Para ello precisamos de una que tenga una buena cámara olfativa, para que su maravilloso abanico de aromas pueda desplegarse con soltura, y con una forma capaz de distribuirnos el vino uniformemente por el paladar.
La Spiegelau Definition Burgundy Glass, de la gama Definition de la empresa alemana de cristalería Spiegelau, ofrece copas que aunque fabricadas a máquina dan un muy buen resultado. Son ligeras, elegantes y capaces de potenciar las características de un vino, en este caso de una Pinot Noir que sea de Borgoña o no, por lo general se expresará estupendamente bien. El precio de mercado está alrededor de los 25 euros.

También recomiendo la Zalto Glas – Burgundy, porque si existe una empresa que de algún modo sea responsable de la “fiebre” por la cristalería, esa es Zalto Glas, una compañía austriaca que desde 2006 lleva revolucionando el panorama y creando escuela en el arte de la degustación. Su copa Borgoña es probablemente una de las más exigentes del mercado, capaz de “destrozar” o encumbrar un vino con igual precisión y que permite elevar a la variedad Pinot Noir a su máxima expresión. Aviso a navegantes, son copas sopladas a mano, muy frágiles y con un precio en torno a los 60euros por unidad. No aptas para escépticos, y si eres patoso, mejor que las friegue otro.
Por otro lado, la Chardonnay es una variedad muy camaleónica, capaz de adaptarse a distintas elaboraciones y que resultará más o menos interesante en función de la copa en la que la bebamos. En general, los vinos de Chardonnay necesitan una copa abierta, capaz de enviar el líquido a los laterales de la lengua, para así poder disfrutar de su frescura y en muchas ocasiones de su sapidez. Aquellas más cerradas pueden hacer percibir a la variedad pesada y en ocasiones incluso aburrida.
Riedel es una empresa austriaca fundada en 1756. Su amplia gama de productos y su calidad, ha permitido a la compañía convertirse en la empresa líder del sector, capaz de vender al año más de 55 millones de copas, consiguiendo además la adquisición de la alemana Spiegelau en 2004. Su gama Superleggero me encanta y la copa Chardonnay es probablemente mi favorita, ligera y elegante, pero sobre todo capaz de reflejar el lado más crujiente y mineral de la variedad. Su precio en tienda ronda los 35 euros.
La Nebbiolo es una de mis variedades fetiche, aromáticamente compleja, con notas a hojarasca, trufa, tierra húmeda, guinda, sangre y especias, da vinos estilizados, con buena acidez y de tanino marcado. Dadas sus características, era todo un reto encontrar la copa correcta hasta que Roberto Conterno, icónico elaborador del Piamonte, diseñó una exclusiva para la variedad, todo un acierto.
La Chardonnay es una variedad muy camaleónica, capaz de adaptarse a distintas elaboraciones y que resultará más o menos interesante en función de la copa en la que la bebamos
Vamos a la Sensory Glass by Conterno. Zwiesel Kristalglas es una empresa alemana, dentro de la cual podemos encontrar varias marcas, entre la que destacaría la Zwiesel Glas, destinada a alta restauración, a la que pertenece el modelo Sensory. Una copa que me tiene realmente enamorada, no solo porque es preciosa y soplada a mano, sino porque es la mejor para destacar los aromas y textura de la variedad piamontesa. Además, es una copa extremadamente versátil, siempre y cuando se trate de vinos de calidad, ya que al igual que la Zalto Burgundy puede llegar a ser “muy cruel” con aquellos que no den la talla. Su precio de mercado es elevado, ronda los 70 euros, pero merece mucho la pena estirar el presupuesto por una copa como esta.
Otros vinos con estructura o espumosos
Cuando nos adentramos en la modalidad de vinos “chichosos” es preciso elegir una copa que suavice las aristas de estos tintos, a menudo estaremos ante vinos tánicos, como los elaborados con tempranillo, cabernet o cariñena y en muchas ocasiones voluminosos y con potencial alcohólico alto. Pero por suerte, para ellos también tengo la opción perfecta.
Recomiendo la Josephine Hütte – Josephine Nº 3, de la empresa austriaca relanzada en 2019 por Kurt Josef Zalto, maestro cristalero de Zalto Glass. Elabora esta copa soplada a mano que, aunque también supone un alto desembolso —su precio tienda son unos 65 euros— es ideal para este tipo de vinos con cuerpo, ya que los abraza y redondea de manera excepcional.
Al igual que los tintos con cuerpo, los blancos con estructura precisan de copas que resalten su exuberancia, evitando resultar redundantes o pesados. Las opciones son muy variopintas, pero explico las que a mi parecer encajan mejor. La Zalto – Bordeaux, una copa excelente si el vino es de calidad, la Spiegelau – Bordeaux, muy similar a la anterior, pero algo menos puñetera. Si nuestro presupuesto no es muy alto podemos optar por la Riedel Veritas Pinot Noir y si el vino es excepcional, yo elegiría sin dudarlo la Sensory Conterno.
Y para los espumosos de calidad necesitamos una copa que afine sus burbujas y las integre en el vino, que sea capaz de potenciar sus aromas y que de nuevo nos lance el líquido a los laterales de la lengua para disfrutar de la frescura crepitante de este tipo de vinos. De entrada, resulta necesario descartar las tradicionales copas de burbuja; como la flauta, por no hablar de la Pompadour, ambas son ineficientes y además están bastante “demodé”. Si no queremos invertir en una copa concreta, yo recomendaría una universal, en este sentido Gabriel Glass o Zalto Universal, funcionan muy bien.
No obstante, mi mejor recomendación es la Grassl Glass Vigneron Series – Liberté. En esta ocasión estamos ante una marca suiza de copas sopladas a mano, fundada en 2018. La gama Vigneron Series está centrada en copas de “especialidad”, ofreciendo productos de alta calidad a precios muy competitivos. Dentro de su catálogo, considero que la copa Liberté es la que mejor potencia las características de un buen espumoso, su precio al público final ronda los 40 euros.






