Carmen de Aguirre, enóloga: “Algunos influencers del vino con cientos de miles de seguidores difunden mensajes erróneos que sus seguidores creen a pies juntillas”
Vinos
¿Qué hace una enóloga extremeña en Costa Rica? “Divulgar la cultura del vino”. Así responde esta profesional, directora de la Escuela Europea del vino y uno de los referentes internacionales en formación vinícola

Carmen de Aguirre es enóloga y dirige la Escuela Europea del vino.

“Tenía cero vocación por el vino”. Esto lo dice alguien que trabajó en las míticas bodegas Dom Pérignon y que fundó y dirige desde hace quince años la Escuela Europea del vino y la Escuela de vino Centroamérica, en Costa Rica. Se trata de Carmen de Aguirre Márquez de Prado (Badajoz, 1978), una extremeña de 47 años con un carácter afable y una forma de hablar que contagia energía y vitalidad. Su discurso emana determinación y dibuja una mujer curiosa, decidida e inquieta, muy inquieta.
Su trayectoria profesional casi podría describirse con una simple línea recta, ya que apenas se aprecian curvas desde su licenciatura en Biología hasta la creación de la Escuela Europea del vino, en 2014. Ahora bien, aunque este recorrido cuenta con hitos realmente exitosos, lo cierto es que también incluye algunos episodios complicados y algunas experiencias tristes y decepcionantes, de las que ella prefiere no hablar. Quizá, por eso, por haber vivido épocas buenas, malas y regulares, su historia y su voz ayudan a acercarse un poco más y a entender un poco mejor el mundo del vino y lo que le rodea.
Lleva unos 15 años al frente de dos centros de formación, la Escuela Europea del vino y la Escuela del vino Centroamérica, y, sin embargo, confiesa una total falta de vocación…
Así es. Mi vocación por el vino era cero. La biología era mi verdadera pasión. Lo que más me hubiera gustado cuando era jovencita era trabajar como bióloga en algún lugar del Amazonas. Mis padres trataron de convencerme de que estudiara Arquitectura o Ingeniería Agrícola, pero yo lo tenía muy claro. Quería estudiar Biología para ser feliz. De hecho, se podría decir que mi vocación era ser feliz. Mi intención al acabar la carrera era ser profesora de biología, pero cuando terminé, las oportunidades de trabajo que me salieron no me convencieron. En aquel momento, una amiga me propuso hacer la carrera de Enología en la Universidad de Extremadura, y aunque reconozco que no tenía pasión por el vino, decidí matricularme por pura “vocación de fiestera”. Pensé que esa carrera, al menos, podría proporcionarme trabajos divertidos.
¿Y cómo llegó la pasión por el vino?
Fue “culpa” de los profesores. Recuerdo perfectamente cuando una de las profesoras, Esperanza Valdés, explicó cómo se elaboraba el vino tinto, ahí me enamoré. Pensé que era muy interesante y volví a casa emocionada para explicárselo a mi madre. Así que se puede decir que esta profesora, y alguno más, fueron los que inculcaron en mí la pasión por el vino. Eso, y los viajes de estudios que hice a regiones como La Rioja, Jerez y Alentejo. Esas visitas enológicas hicieron que me enganchara cada vez más a este mundillo.
Al acabar los estudios, entró por la puerta grande al mercado laboral…
Sin duda. La primera oportunidad laboral fue increíble, vino de la mano de Nicolas Potel, domaine-négociant (propietario-comprador y elaborador de vinos) en Nuits St. Georges, en la región de Borgoña. Para mí era perfecto, ya que mi objetivo era trabajar en Australia, y para ello, necesitaba trabajar antes en bodegas importantes. Así que, en 2006 acepté esa propuesta.
No tenía pasión por el vino, decidí matricularme en Enología por pura “vocación de fiestera”; pensé que podría proporcionarme trabajos divertidos
Han pasado ya 20 años, ¿cómo fue para una mujer trabajar en un mundo tradicionalmente de hombres?
En mi caso, reconozco que he notado más discriminación por ser joven que por ser mujer. Yo fui la primera enóloga que contrató Potel junto con otras dos mujeres, una sudafricana y una italiana. Pasado un tiempo me felicitó, ya que estaba encantado con el ambiente que se creó gracias a la mezcla de personal masculino y femenino. En definitiva, puedo decir que siempre he recibido un trato respetuoso. Eso sí, también tengo que decir que mi carácter a veces puede parecer bastante duro, pero es que no dejo que me pisen ni avasallen.
La “siguiente estación” fue la región de Champagne…
Sí, pero no fue sencillo. Envié mi currículum tres veces a Moët & Chandon, y finalmente acabó en Dom Pérignon. Su enólogo principal me ofreció trabajar como su mano derecha en la selección de parcelas para Pinot noir. Al cabo de un tiempo, vio que mi trabajo era bueno y me encargó también la uva Chardonnay. Esos años, 2008 y 2009, trabajando en Dom Pérignon, me han abierto las puertas de muchos sitios tiempo después.
¿Qué le hizo cambiar de rumbo?
En 2010 me llegó una oferta para dirigir un curso de sumiller en Costa Rica. Claro, como bióloga, Costa Rica me sonaba muy bonito, así que decidí aceptar. Mis planes eran pasar un año en la Universidad y después irme a Australia. El problema es que una vez allí los contratiempos se sucedieron uno tras otro, todo fue un desastre. Sin embargo, yo me enamoré del país, así que decidí quedarme un año más a ver qué pasaba.
Y el destino quiso que se quedara en tierras americanas…
Sí. Cuando ya estaba haciendo planes para ir a California, Chile o Argentina, como paso previo a Australia, conocí a Simao Monroy, un distribuidor portugués que me propuso crear juntos la Escuela de vino Centroamérica. Lo hicimos, y hoy esta escuela lleva 15 años funcionando siendo en la actualidad el número uno.

En todo ese tiempo, ¿cómo ha cambiado el sector vinícola en Costa Rica?
Lo ha hecho a pasos agigantados. Cuando llegué habría unos 10 o 15 distribuidores de vino importantes. Hoy, entre grandes, medianos y pequeños, pero con vinos interesantes, hablamos de unos 70 u 80. Pero no solo ha aumentado el número de distribuidores, también se han multiplicado los restaurantes especializados que cuentan con una amplia carta de vinos. En definitiva, la cultura del vino del costarricense hace unos años partía de cero. Sin embargo, impulsados por su humildad y sus ganas de aprender, han avanzado mucho en este terreno. Una actitud diametralmente opuesta a la de muchos españoles que se piensan que por llevar toda la vida bebiendo vino, saben de vino, lo cual, en muchos casos, no es así. En mi opinión, si no sabes diferenciar un Pinot noir de un Cabernet Sauvignon, no sabes de vino.
La escuela de Costa Rica fue solo el primer paso…
Así es. En 2014 abrí la Escuela Europea del vino en Badajoz. En aquel momento, el perfil de alumno más frecuente que yo buscaba para la escuela era el de un amante del vino que quisiera aprender, pero que también deseara transmitir lo aprendido. Al principio estaba solo en Badajoz —ahora tenemos dos sedes— y tenía pocos alumnos, la mayoría de ellos jóvenes y algún jubilado. Ahora, con los años, he visto que la gente, en general, lo que quiere es estudiar para dedicarse a ello de forma profesional, no solo por el gusto de aprender sobre vinos. Algo que todavía sí es prioridad en Costa Rica. Allí, la mayoría son abogados, arquitectos, ingenieros, doctores, etc. Que estudian un año porque quieren aprender de vinos.
Una forma de aprender de vinos que se está extendiendo es a través de las redes sociales, ¿qué opina al respecto?
Lo que ocurre con las redes sociales es que existe mucho intrusismo. De hecho, hay tanto que la Asociación de enólogos se está moviendo para combatirlo, ya que cualquiera con un curso de enología se piensa que es enólogo. Así que, no es que esté en contra de las redes sociales, pero lo que sí recomiendo es que antes de dar por buena la información que comunica alguien en Instagram, YouTube o una página web, investiguen para saber quién hay detrás. Es importante averiguar si el que habla es un amante del vino, un sumiller, un enólogo, o es un cantamañanas. Además, el problema añadido es que hay algunos influencers que tienen cientos de miles de seguidores y difunden mensajes erróneos que sus seguidores creen a pies juntillas. Por tanto, mi opinión es que las redes sociales pueden ser una vía muy positiva cuando se sigue a alguien con conocimientos, pero también puede ser contraproducente cuando la persona que habla carece de conocimientos válidos sobre vino, aunque puede que sea un excelente comunicador.




