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“Es sorprendente que algunas uvas tuvieran mala fama y que ahora protagonicen muchos tintos”: ¿qué es el autoctonismo ampelográfico?

Vinos

Las tendencias de consumo iniciado internacional buscan que los vinos muestren la singularidad de su procedencia; y para eso, no hay nada mejor que provenir de una variedad histórica de la región de producción

¿Qué es el autoctonismo ampelográfico? 

¿Qué es el autoctonismo ampelográfico? 

Getty Images/iStockphoto

Si ya comentamos el asunto de la xenofobia ampelográfica, esta vez vengo con todo lo contrario, el concepto que denomino como autoctonismo ampelográfico. Es decir: variedades locales, anecdóticas o denostadas en su momento, pero ya no solo normalizadas, sino también apreciadas por todo iniciado. De hecho, en la actualidad, puede llegar a sorprender que alguna tuviera mala fama con los tintos que protagoniza ahora, porque, eso sí, lo de hoy es todo al rojo.

Y es que las tendencias de consumo iniciado internacional buscan el localismo, es decir, quieren que los vinos muestren la singularidad de su procedencia. Y para eso no hay nada mejor que provenir de una variedad histórica de la región de producción.

Además, como ya está todo inventado, muchas han mostrado una respuesta a nuestros tórridos veranos mucho más solvente que la de variedades foráneas con tendencia a la sobremaduración. Total, que tanto factores de sociología de consumo como de pura enología apuntan a que, como el Barça, lo mejor es apostar por el producto de la casa. Venga, que empiezo.

Pepe Mendoza, Giró de Abargués, 2024, DO Alicante (26,50 euros)

Pepe Mendoza, además de ser un elaborador de culto, es el gran recuperador de la Giró alicantina, variedad que también se da en Mallorca y Cerdeña, lo que compone un lineal mediterráneo de lo más evocador. Hay alguno que la asimila a la Garnacha, pero no es la misma variedad. La Giró de Pepe es frutal, fluida y de punto fresco dentro del caloret que le confiere su latitud. Ya se empieza a ver en otras bodegas, como Gutiérrez de la Vega, y me da que cada vez se van a sumar nuevos proyectos, dado su buen comportamiento en los calurosos veranos levantinos. Probadla.

Pardas, Collita Roja, 2018, DO Penedés (28,90 euros)

Puede parecer que la Sumoll, variedad que vertebra este Collita Roja, está más que reivindicada. Pero chavalada, debéis saber que no estuvo admitida en la DO Penedés hasta 2010, quedando proscrita en la constitución de la DO allá por 1960. Insisto en que en 2026 hay muchos ejemplos de tintos con esta variedad, pero de todos me quedo con este que, además, homenajea a la novela de Dashiell Hammett, pionera del hard-boiled, “Cosecha Roja”.

Texto que, aunque no hayas leído, ya tardas, si ya has visto que películas como Yojimbo, “Por un Puñado de Dólares” o “El Caso Slevin” no dejan de ser adaptaciones de esta obra. Volviendo al vino, otro ejemplo de vino mediterráneo que encuentra frescura en un contexto de calidez. Austero, mineral y de final levemente amargo, resulta un trago de lo más divertido. Aquí somos fans de la Sumoll.

Sedella, Las Jacintas, 2021, DO Sierras de Málaga (33,90 euros)

Seguimos con los calores a través de otra variedad minoritaria que estuvo a muy poco de desaparecer. Es cierto que su presencia, ya de inicio, es muy residual, ya que ni siquiera está extendida por toda Málaga, sino solo en la Axarquía. Es allí donde encuentra su hábitat natural. Resulta, eso sí, toda una superviviente, dado que sobrevivió a la filoxera que asoló la zona a finales del siglo XIX.

Además, hay que sumarle la mano del propietario de Sedella, Lauren Rosillo, todo un ilustre de la enología con diversos asesoramientos a diferentes bodegas nacionales, y que en su proyecto propio es donde, como es normal, más veo su mano. Esta Romé es directamente un vino de fresqueo, de estimable complejidad y adictivo trago. Toda una experiencia.

Mesquida Mora, Gorgollassa, 2022, VT Mallorca (38,05 euros)

Ahora ya nos ponemos gafapasta con otra variedad que estuvo a punto de desaparecer. De hecho, yo la daba por extinta, hasta que me enteré de la existencia de la de Mesquida Mora, uno de los mejores vinos de Mallorca y gran exponente del llamado estilo NeoMediterráneo. Esto es, tintos con presencia alcohólica que, de algún modo, encuentran frescura y fluidez a través de cierta licorización de su parte frutal. Esto hace que conserven la identidad mediterránea y sean de trago largo. En eso, insisto, esta Gorgollassa es canon.

Mas de la Pansa, Trepat, 2019, DO Conca de Barberà (40 euros)

Cierro sin salir del Mediterráneo, y eso que no me lo había planteado, con la Trepat. La conocida ahora como la Pinot Noir catalana presenta, en cuando a trayectoria, bastantes similitudes con la Sumoll, en el sentido de que hasta hace poco nadie la consideraba para vinos de calidad, y mucho menos de culto, como esta de Mas de la Pansa.

En los 80 y 90 sobrevivió gracias a protagonizar rosados intrascendentes, siendo en 2004 cuando empieza a coger foco para ser protagonista de tintos de jerarquía, hasta la década pasada, que ya se consagra como absoluta protagonista tinta de la región. Sin duda la de Mas de la Pansa es la mejor, por complejidad, longitud, tacto, sabor y clase. Un tinto de culto, de culto de verdad.