Richi Arambarri, bodeguero: “Alrededor del 50 % del vino que se exporta en España se hace a granel y a precios muy bajos; vendemos el vino más barato a nivel internacional que países como Argentina”
Vinos
Al frente de Vintae desde los 24 años, el CEO de esta compañía de vinos sabe leer a la perfección las necesidades del sector: menos protocolo y más dimensión humana

Richi Arambarri.
“Me va la marcha, no me gusta estar quieto”. Así arranca la conversación con Richi Arambarri (Logroño, 1984), quien, con tan solo 24 años, tuvo que hacerse cargo de la bodega que creó su padre y asumir la dirección de Vintae. Casi dos décadas después, esta empresa familiar cultiva 38 varietales distintos, elabora más de 35 vinos y en manos de este bodeguero de espíritu inquieto, ha conseguido multiplicar por 23 la facturación.
Un caso de éxito –salpicado por algún que otro fracaso que Arambarri no elude– nacido de ese apego al territorio que le inculcó su progenitor. Hoy, esa misma pasión le impulsa a recuperar variedades que narren la historia del lugar que las vio nacer. Todo con una excelente visión internacional (están presentes en 70 países), pero sin perder nunca de vista la emoción por las señas de identidad riojanas en las que se reconoce, y haciendo gala, además, de ese carácter entre festivo y generoso que caracteriza a la gente de la tierra donde nació. Un espíritu que en Vintae se resume en una palabra: “Bienbebido”.
En La Rioja, el vino está presente en la vida cotidiana. ¿De qué manera crees que te ha influido a ti, tanto personal como profesionalmente, haber nacido aquí?
El vino forma parte de nuestro entorno y de nuestra manera de ver la vida. Y para nosotros, refleja ese carácter generoso que tenemos en La Rioja. El pueblo de mi familia, Badarán, es un lugar humilde, y lo que más ilusión nos hacía era agasajar al visitante. Eso forma parte de lo que vivimos, sobre todo quienes venimos del entorno rural de La Rioja.
¿Y qué otras cosas también te han influido?
Viajar. Estudié cinco años en Barcelona y luego pasé una temporada en Estados Unidos. Para mí, fue especialmente relevante conocer Napa Valley. En La Rioja, a veces puede parecer que el vino es simplemente “lo que nos ha tocado”. Pero en Napa me impactó que había gente de Nueva York o Chicago que se había trasladado hasta allí para cumplir el sueño de sus vidas: dedicarse al vino. Eso me dio una nueva perspectiva sobre lo afortunados que somos en una tierra como la nuestra.
Tuviste que asumir la dirección del negocio con tan solo 24 años. ¿Qué tuviste que aprender a marchas forzadas?
En 2008, cuando asumí la dirección, de las 30 personas que trabajaban en la bodega, salieron 17. Algunas porque no creían en el proyecto y otras porque me vi obligado a despedirlas. Lo más difícil fue crear un proyecto ilusionante en el que el equipo creyera y que estuviera alineado con los objetivos. Generar esa credibilidad dentro de mi equipo fue, sin duda, mi primer gran reto.
En La Rioja, a veces puede parecer que el vino es simplemente “lo que nos ha tocado”; en Napa me impactó que había gente de Nueva York o Chicago que se había trasladado hasta allí para cumplir el sueño de sus vidas
Los medios dicen que “fuiste un soplo de aire fresco”, hablan de ti como “el joven bodeguero que rompe los estereotipos” o afirman que expresas “una nueva forma de vivir el vino”. 18 años después, ¿sigues huyendo de convencionalismos?
A veces, la rebeldía viene acompañada de conocimiento; otras veces, no. Debo reconocer que hace 18 años predominaba una rebeldía sin conocimiento. Lo interesante es que ahora todas nuestras innovaciones tienen unas raíces más profundas. Si analizas los últimos años de Vintae, todo lo que hemos lanzado al mercado —como Viñedos El Pacto, la colección Classica, Pandemonium— está basado en un estudio sólido. Elaborar vinos espumosos, como Pandemonium, de viticultura de montaña en Rioja, fuera de la denominación, es algo muy revolucionario, pero tiene un fundamento y un análisis profundo: sabemos dónde nos metemos y conocemos el segmento de mercado al que nos dirigimos.
¿Y qué innovaciones hicisteis en el pasado y ahora ni os plantearíais?
Suelo hablar siempre de uno de nuestros proyectos más innovadores: Libalis. Lo arrancó mi padre, quien recuperó la variedad moscatel de grano menudo de La Rioja. En 2003 salimos al mercado con vinos de carácter afrutado, elaborados a partir de esta uva. La propuesta funcionó en el mercado. Pero, al viajar, vimos que en muchos lugares se utilizaba el tapón de rosca, y pensábamos que, en España, sencillamente, estábamos anclados en el pasado, y que el futuro era esa. Perdimos un porcentaje muy elevado de ventas. En España, ni entonces ni ahora, ha terminado de gustar el “cric” del tapón de rosca. Fue un perjuicio muy grande que hemos ido arrastrando, aunque luego volvimos al corcho.

¿Alguna más?
Otra, que hoy no haría, fue plantar siete variedades que nunca antes se habían cultivado en La Rioja: albariño, verdejo, chardonnay, sauvignon blanc, viognier, riesling y gewürztraminer. Salimos con ellas al mercado con Spanish White Guerrilla. Hicimos muchísimo ruido. De hecho, Vintae se dio a conocer gracias a este proyecto, y forma parte de nuestra historia. Pero con el tiempo nos dimos cuenta de que intentar vender riesling o gewürztraminer de Rioja en Alemania era complicado. Puedo decir con orgullo que los elaboramos, pero no éramos competitivos frente a los productores locales de esas variedades. Nuestro discurso está ahora mucho más vinculado a las variedades autóctonas, porque cada uno es especialista en lo que proviene de su origen.
¿Y qué bodegueros crees que hoy en día están recogiendo el relevo de ese espíritu rompedor que tú tenías?
Desde que empecé hasta ahora, el sector está irreconocible, y de forma positiva. Ahora mismo hay muchísimos proyectos de bodegas en distintas zonas que se están poniendo en valor. Para mí, por ejemplo, Álvaro Palacios siempre ha sido un referente: un hombre que, junto a René Barbier y otros, fue el refundador del Priorat. Pero hay más. Por ejemplo, la gente de Comando G, que ha puesto Gredos en el mapa. O lo que está haciendo Javi Revert en la Font de la Figuera, o el trabajo de 4 kilos en Baleares. Hoy en día, el sector del vino español está mucho más sofisticado.
Y también hay muchos jóvenes sumilleres que están prestando más atención a parcelas pequeñas y a variedades raras, explorando nuevas posibilidades en el vino. ¿No supone eso alguna desventaja para Vintae?
Lo bueno del mundo del vino es que hay espacio para muchos. En España hay unas cuatro mil bodegas, y al final siempre puedes encontrar tu hueco. Nosotros nos hemos sumado a este movimiento de elaborar vinos más ligados al territorio. Por ejemplo, con Viñedos El Pacto, estamos dando a conocer y apostando por la región de origen de mi familia, el Alto Najerilla. Hemos salido al mercado con vinos parcelarios como Valdechuecas, un viñedo mayoritariamente de garnacha de más de cien años. También elaboramos vinos como Ojo Gallo y El Pacto de Cárdenas, que son reinterpretaciones de un estilo antiquísimo de nuestra zona: tintos de poco color elaborados con variedades tintas y blancas, con maceraciones muy cortitas. Y somos los únicos ahora mismo en La Rioja que lo estamos haciendo.
Y ese buen momento del que, según comentas, está atravesando España, ¿se percibe cuando tú viajas al extranjero?
En ciertos entornos, sí. Por ejemplo, si vas al perfil de restaurantes de alto nivel o a wine bars. Esas personas viajan mucho, por lo que están a la última de estas tendencias. El mercado inglés, por ejemplo, tiene un conocimiento muy alto de lo que ocurre en España. Pero si te vas a Singapur, solo en algunos lugares realmente están al tanto.
El mercado inglés, por ejemplo, tiene un conocimiento muy alto de lo que ocurre en España
¿Y cuál es el principal prejuicio que habría que eliminar fuera de España sobre el vino español?
El precio. España es muy diversa y heterogénea. Ahora mismo, alrededor del 50 % del vino que se exporta en España se hace a granel y a precios muy bajos. Es decir, vendemos el vino más barato a nivel internacional que países como Argentina. Entonces, claro, si vas a un comprador chino que sabe que se vende vino de La Mancha a un precio muy bajo, explicarle que tienes un parcelario de una viña centenaria de Rioja que vale cincuenta euros supone un gran reto. Debemos ser capaces de que el consumidor perciba que el vino español no es solo económico, sino también sinónimo de calidad.
¿Sigues pensando que al mundo del vino le sobra tanto protocolo?
Creo que en los últimos años se ha producido una revolución, de la que hablaba antes, que ha traído mucha frescura al sector. Pero todavía sigue habiendo mucho protocolo. Es algo que a veces se nos olvida en el sector. Según con quién hables, puedes usar un mensaje muy sofisticado o no. Y en el 99% de los casos lo que importa es hablar de las partes más humanas y románticas del vino: el paisaje, la historia, el porqué de las cosas, la, que es, al final, lo más interesante.

Reemplazar el protocolo por la narrativa, ¿no?
Sí, deberíamos humanizar mucho más nuestra comunicación hacia el mercado. Se ha hecho mucho, pero queda camino todavía por hacer.
Tenéis proyectos en Rioja, Ribera, Toro y Navarra…
Sí, esas son las cuatro regiones principales.
¿Y hay alguna otra región que te llame la atención personalmente y que te gustaría explorar?
Nuestra última adquisición ha sido entrar en Formentera. Estamos allí con Terramoll. ¿Por qué nos hemos metido en ese lío? Porque es una isla con un potencial enorme. Casi nadie sabe que tiene una tradición vitícola milenaria. La isla tiene un estilo propio. Y nos gustaría dar a conocer la esencia auténtica de la viticultura y el vino de Formentera.
Y puestos a soñar… ¿Alguna región fuera de España donde os gustaría entrar?
En su día llegamos a hacer vino en Chile, pero luego lo frenamos. Arrancamos en 2015 y, cinco años después, abandonamos el proyecto. Si te soy sincero, creo que ahora va a ser muy difícil que volvamos a involucrarnos en un proyecto internacional. Fue algo muy bonito: personalmente lo disfruté mucho, porque fue una inmersión completa en Chile, pero es complicado. Tener un proyecto a miles de kilómetros es realmente difícil.
¿Cuál es tu vino favorito dentro de todo vuestro portafolio?
Voy cambiando. No suelo tener uno fijo. ¿Ahora? Jesús Achá Blanco 2018. Pero seguro que, si me preguntas en seis meses, tengo en la mente otra cosa.
Rioja, para el 99% del mercado, es tierra de tintos, pero eso no siempre ha sido así: hace 40 años, un tercio de su superficie eran variedades blancas
¿Y qué influye para que cambies de uno a otro?
Hay añadas que te sorprenden. Pero te explico por qué ahora es este vino, ¿vale? Rioja, para el 99% del mercado, es tierra de tintos. Pero eso no siempre ha sido así. Hace 40 años, un tercio de su superficie eran variedades blancas. Ahora, creo que supera el 10%. Jesús Achá Blanco proviene de un viñedo llamado Senda de Aro, plantado a principios del siglo XX, con una mezcla de viura y otras variedades. Posee una estructura espectacular y una acidez increíble, propia de esta subzona fresca, con suelos ácidos y ferrosos. Tiene un carácter y un estilo al nivel de los grandes vinos blancos del mundo, con mayúsculas. Y me parece la bomba que estemos haciendo vinos que están al nivel de los grandes blancos con mayúsculas del mundo. Es algo que me enorgullece muchísimo.
Y cuando “eres infiel” a tus propios vinos, ¿con qué vino o vinos te quedas?
Soy fan de Francia en general. En cuanto a blancos, actualmente el mejor valor a nivel mundial está en Alemania: Mosela y otras zonas como Palatinado. En tintos, me gusta Borgoña, y también en blancos. Pero en Burdeos hay un refugio de calidad increíble. También me gusta mucho Champagne, las pinot noir de Oregón…. En fin, soy súper “infiel”. Hay una frase de Luis Gutiérrez, que cata para Parker, con la que estoy cien por cien de acuerdo: para hacer grandes vinos hay que beber muchos grandes vinos del mundo.



